Entre periodista y fiscal

Por Aureo López

No sé qué habría pasado si algún delegado del tribunal Supremo de Elecciones me hubiera sorprendido manoseando sin autorización el padrón fotográfico de una mesa de votación. Me ocurrió durante las primeras elecciones del recién fundado cantón de Parrita, en los años 70s del siglo anterior.

Ostentando mis credenciales de periodista y de fiscal por el partido Acción Socialista, ingresé a una junta en el momento en que los cuatro miembros de mesa intentaban cotejar, con el padrón fotográfico, la cédula de un ciudadano que se aprestaba a votar. Noté cierto desasosiego entre los cuatro integrantes de la mesa, quienes, con sus dedos atolondrados y mirada aguda, recorrían de arriba a abajo el padrón, sin dar con el ciudadano que se mantenía al frente, sereno en espera de su papeleta.

Al ver que nadie de los presentes tenía un punto alfabético de partida para la búsqueda, sentí que podía ofrecerles mi modesta (aunque no muy lícita) ayuda. Les pregunté si me lo permitían, y todos, con un despliegue de humildad propia de la gente bella de nuestros pueblos aceptaron mi colaboración.

Con el nombre del votante en mis manos, sólo fueron necesarios unos segundos para localizarlo. La mesa completa se sorprendió, y uno de ellos, con una sonrisa que denotaba su regreso a la tranquilidad me dijo…  “Mire usted…parece que lo estaba esperando”.

No sé si mi acto atentaba contra la Constitución o si cabía aplicarme el código penal, pero me permitió explicarle a aquellos sencillos pobladores, que no debieron iniciar la búsqueda en la letra A, cuando el votante que tenían al frente estaba registrado como Zúñiga Salguero Uriel.

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