Las mentiras y las falsedades sistemáticas hacen daño a la convivencia

Las mentiras y las falsedades son parte del poder del imperialismo y de las burguesías explotadoras. La verdad es revolucionaria porque sin conciencia de clase no será posible el cambio social.

Por: Humberto Vargas Carbonell

Al lado de las regularidades históricas, determinadas por la lucha de clases, subsisten y juegan su propio papel en el devenir de la sociedad, las casualidades y la posibilidad de la manipulación de la conciencia humana.

En la conducta de los diversos sectores sociales influyen no solamente los intereses de clase, que son los que en última instancia deciden la conducta de los grandes grupos humanos, sino también elementos secundarios, entre los cuales juegan un papel decisivo los efectos de la publicidad, de la propaganda y de otros medios de manipulación de la conducta.

Estos modelos de manipulación han tenido un desarrollo exponencial en los últimos años, puesto que la televisión y las llamadas redes sociales, al lado de los medios tradicionales, han logrado instituir matrices de opinión absolutamente falsas y perjudiciales.

Al lado de la violencia física se ha desarrollado una violencia mental y sobre esa base se ha construido el poder de las clases dominantes. Al poder de las armas y de otras formas de represión hay que sumar el poder de las mentiras y las falsedades.

La mentira y la falsedad han adquirido una fuerza sin precedentes en la historia. Es una nebulosa intelectual que hace que grandes masas acepten como realidad lo que es falso. La fuerza de lo falso se impone porque se acepta sin requerir ningún esfuerzo analítico y sin que implique ninguna obligación ética.

La mentira y la falsedad sobre la vida social es una fuerza poderosa, seguramente el más poderoso fundamento del poder de los explotadores; lo que nos obliga a los revolucionarios a convertir la educación y la difusión de las grandes verdades en un arma de lucha cotidiana. La fuerza subjetiva de todo cambio social es la conciencia de clase. En una sociedad antagónica la conciencia de la propia situación es el motor del cambio social para los explotados y oprimidos.

Aún los momentos álgidos de la lucha de clases la educación del pueblo y de sus dirigentes es un factor decisivo para los cambios sociales. La lucha por la liberación del pueblo sometido a la explotación capitalista debe librarse también en el terreno de la ideología. Obviamente, en este orden de la lucha hay que incluir la formación ética, la ética popular y revolucionaria.

En el Manifiesto Comunista, Marx y Engels enseñan que “Pero jamás, en ningún momento se olvida este partido de despertar entre los obreros una conciencia clara y limpia del antagonismo que existe entre la burguesía y el proletariado…”

Esa conciencia esa misma conciencia clara y limpia hay que despertarla en los campesinos pobres, los empleados y todos los otros sectores sociales explotados y oprimidos por la dominación imperialista y la burguesía entreguista.

II

Para usar una vieja, pero certera figura, puede decirse que el mundo ideológico dominado por la burguesía es un mundo al revés. Su gran tarea es hacer creer que sus falsas versiones de la conducta humana son el mundo real y verdadero. Para imponer la verdad, lo real de las relaciones entre los grandes grupos humanos, este mundo que está puesto al revés necesita colocarse al derecho y así los grandes grupos humanos lograran conocer el mundo real y acomodar su conducta social al mundo real, tal como es, es decir, sin las torceduras ideológicas que imponen los explotadores. Esta conciencia del mundo real es la que lograr abrir el camino de los cambios sociales profundos, es decir, los cambios revolucionarios.

¿Qué es verdadero y qué es falso? La respuesta a esta pregunta la decide la práctica humana, es decir, los hechos reales. Esa es la conclusión de Carlos Marx, que en su obra TESIS SOBRE FEUERBACH, PUNTO II dice: “El problema de si al pensamiento humano se le puede atribuir una verdad objetiva, no es un problema teórico, sino un problema práctico. Es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento. El litigio sobre la realidad o irrealidad de un pensamiento que se aísla de la práctica, es un problema puramente escolástico”.

La clase obrera y otros sectores sociales sometidos a la explotación capitalista, apenas si perciben los aspectos económicos de la explotación de que son víctima; pero está modalidad de conciencia mutilada no permite que se despliegue la acción plena por la liberación. La conciencia plena de los explotados requiere dar el paso que permita conocer cuáles son las raíces de toda explotación, que tiene sus raíces hundidas en el terreno político.

Los proletarios y otros sectores explotados viven una realidad penosa y a veces cruel, no están capacitados para la lucha por su liberación total. En esta etapa, según lo enseñan Marx y Engels pueden considerarse una “clase en sí”, es decir una realidad mutilada porque se conoce solamente el sufrimiento de la explotación pero no las causas profundas; las causas reales son políticas y cuando esto se conoce se da el salto a la conciencia plena que convierte al explotado en una “clase para sí”. La conciencia plena abre camino a la lucha por la liberación y la construcción de una sociedad nueva. Este salto a la plena conciencia de la situación real es lo que se llama la “clase para sí”, que constituye la comprensión plena y clara de la situación de explotación, de opresión, de la desigualdad social y, sobre esa base, la lucha por la propia emancipación.

A este tránsito le llamamos conciencia de clase. Esta conciencia, el conocimiento real de la situación en todos los aspectos, políticos, económicos, sociales y culturales, destruye el mundo tergiversado que imponen los explotadores. Es la vía revolucionaria.

III

A manera de ejemplo, vale preguntarse: ¿Se han hecho realidad los ofrecimientos de las campañas electorales de los partidos en los últimos cincuenta años? Nos referimos a los últimos cincuenta años, porque aún existen muchos compatriotas que vivieron directamente esa experiencia.

Ha sido un interminable rosario de mentiras y falsedades.

Nuestro pueblo ha vivido durante ese largo periodo rodeado por un mar de mentiras y falsedades. Los beneficiarios de los resultados electorales ni siquiera se sonrojan cuando se le recuerdan sus engaños. La mentira y el engaño están siempre presentes, pero se despliegan en las campañas electorales. Cada candidato levanta consignas contra la corrupción administrativa y ninguno ha tomado ninguna medida enérgica y eficaz contra este terrible flagelo social. Todos, al contrario, siguen el camino del delito o de la complicidad.

Otro ejemplo: una constante en todas esas campañas electorales  ha sido la consigna de lucha contra la pobreza y anuncian el  punto final a la pobreza extrema. Pero la vida ha enseñado que la pobreza tiende a un crecimiento sostenido y sin pausa. Las carencias materiales y la desocupación pueden fluctuar, pero serán siempre un acompañante del modo de producción capitalista; el modo de producción capitalista, tanto en los países desarrollados como en lo que no lo son, generan necesariamente estas lacras sociales.

La desocupación, los problemas de la habitación, los problemas de la alimentación, los problemas de la educación, en fin, la pobreza y la desigualdad social son inevitables en las condiciones de la explotación capitalista precisamente porque estos fenómenos son precisamente generados por la esencia de ese modo de producción.

El capitalismo y la justicia social son incompatibles. Ni en los países más ricos, como Estados Unidos o la Unión Europea han logrado resolver el problema de la pobreza; ni lograran en tanto las relaciones imperantes sean entre los burgueses y los obreros y otros grupos explotados.

Una verdad sencilla: la verdad y la honestidad son poderosamente revolucionarias.

La verdad entre la honestidad política y la corrupción también debe demostrarse en la práctica.

IV

A los partidos socialdemócratas y otras versiones de demagogia burguesa podría aplicárseles el antiguo decir: “de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno”.

La situación de los engaños y falsedades en las campañas electorales se ha agravado. El debate electoral ha sido sustituido por el llamado “marketing político”; las ideas sobre las condiciones de vida de los posibles electores han sido sustituidas por las argucias de la publicidad comercial.

A esta putrefacción del choque de ideas pretenden llamarla “democracia”.

Con el agravante de que un elemento imprescindible es el financiamiento de las campañas, que en el caso de nuestro país se hace a cargo de los contribuyentes. El modelo de financiamiento de ese “marketing político” se basa en una pesada carga fiscal, que termina en gran parte en las cuentas de los medios, en primer lugar, la televisión y luego, convertida en ganancias excesivas en los capitales de los dueños de los bancos privados o en beneficio para los que utilizan puestos electorales para estafar al Tribunal Supremo de Elecciones.

Para completar el proceso de degeneración de los debates políticos, el imperialismo y su modelo neoliberal han instituido que el “sistema democrático” no se define por el grado y el carácter de la participación del pueblo en los procesos eleccionarios sino por el modo de producción imperante y por el grado de sometimiento a los dictados de Washington. Han convertido el capitalismo explotador en sinónimo de democracia. Esta es la más brutal falacia impuesta por los imperialistas, es decir, los capos económicos y políticos del capital financiero a nivel mundial. Y aunque parezca mentira esta es la lógica de la OEA, bien bautizada por el compañero Fidel Castro como Ministerio de colonias de los yanquis.

Los mayores criminales políticos, por ejemplo, los gestores del Plan Cóndor, nunca fueron cuestionados por el imperialismo yanqui, al contrario, fueron sus mejores amigos; en tanto al Gobierno Bolivariano, que ha que ha instituido un sistema electoral que no da cabida a ningún fraude, pero a su dirigente Nicolás Maduro se le tilda de dictador. Buen ejemplo del mundo al revés.

El ex ministro de Relaciones de Costa Rica, Manuel González Sanz, obedeciendo órdenes de “Almagro el corrupto” y éste de los yanquis, abrieron la puerta para un golpe de Estado en Bolivia. Fue una maniobra bien estudiada y celosamente preparada; así que a pesar de que el pueblo boliviano había elegido Presidente a Evo Morales con más del cincuenta por ciento de los votos, Manuel González puso volar al zopilote imperial, declarando que se había producido un fraude. Almagro repitió lo aprendido y los imperialistas avalaron. Se pusieron en acción los militares y de esa manera trabajadores bolivianos fueron asesinados y muchos más gravemente heridos. Esto ocurrió hace un año.

Corridos doce meses en nueva elección el Movimiento al Socialismo, que fue acusado de fraude, repitió su victoria ahora con más del 55 por ciento de los votos.

Obviamente nunca hubo fraude; los promotores del golpe de Estado, Luis Almagro (¡Qué asco!) y Manuel González Sanz, tienen que responder por los muertos y por los heridos. En esta razón el compañero Evo Morales ha anunciado que los denunciará ante la Corte Penal Internacional. La respuesta de González Sanz: “Amenazar es típico de dictadores”. Así se manejan las cosas en este mundo al revés. Hasta los medianamente inteligentes se hacen brutos. Los billetes verdes atontan, no cabe duda.

El imperialismo es un inmenso poder en decadencia, carcomido por sus propias contradicciones, pero sostenido por su enorme poder económico y militar y, en el campo de las ideas por su capacidad para usar la mentira, la falsedad y la transmutación de los conceptos. Esto significa que caerá, no se sabe cuándo, pero caerá y será sustituido por la única opción realmente humana, el socialismo.

El mundo al revés se desplomará, les caerá encima y los destruirá.

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