Condenamos el terrorismo de Estado ejercido contra el pueblo de Colombia

La noche del 9 y 10 de setiembre, en las calles de Bogotá se vivieron momentos que abren heridas sumamente dolorosas para una América Latina marcada por el terrorismo de Estado, todo patrocinado por el imperialismo, los ricos criollos y foráneos, el narcotráfico y la clase política, que en Colombia es una triste realidad desde hace varias décadas.

Hoy, Colombia amanece con sus calles ensangrentadas, su pueblo herido y la rabia a punto de prender la pradera.

Solo la noche del 9 de setiembre se contabilizaron 7 muertes a manos de la policía, cientos más heridos y otros tantos detenidos. La noche del 10 de setiembre la cifra alcanza los 10 fallecidos.

El hermano pueblo colombiano se cansó del abuso que los ricos y poderosos han ejercido sobre su país. El asesinato del abogado de 46 años, ejecutado por la policía a punta de descargas eléctricas, por el único «delito» de no portar la mascarilla, ha echado combustible a la ya encendida situación que atraviesa el hermano pueblo colombiano. A esto sumemos las recientes masacres contra jóvenes en zonas tomadas por el paramilitarismo, siempre pro imperialista, perpetradas en el marco del arresto domiciliario del paramilitar y genocida Álvaro Uribe Vélez.

Pero no sólo es lo ocurrido en 2020, la historia de Colombia desde hace décadas registra el abuso sistemático contra el pueblo, la corrupción a descaro entre los ricos y poderosos de dicho país, el exterminio de poblaciones que «amenacen» los intereses de terratenientes, empresarios y, más recientemente, el narcotráfico, apoyado además por la gran cantidad de bases militares estadounidenses en el país. Todo esto mientras la población sufre los embates de un sistema económico que enarbola por bandera la desigualdad más cruda.

El pueblo colombiano grita de hartazgo por estar a merced de asesinos multimillonarios dispuestos a todo por defender sus riquezas, de ver a sus líderes asesinados, a sus hijos masacrados, su nivel de vida por el suelo, su dignidad humana pisoteada por las mismas alimañas de siempre.

Las movilizaciones que se dan desde hace algunos años en Colombia, son el signo de que ese pueblo ha dicho: ¡ya basta!, son las voces de una juventud que tiene clara su historia, y que está dispuesta a cambiarla.

Saludamos la bravura del pueblo y a la juventud de Colombia, que hoy sale a las calles a pesar de las balas, a pesar de las detenciones, torturas o desapariciones forzadas autorizadas por el gobierno. Hoy esa juventud es ejemplo para la nuestra.

Condenamos al Estado colombiano por su accionar bestial, denunciamos ante nuestro pueblo y los pueblos del mundo a ese aparato podrido y controlado por el paramilitarismo y el narcotráfico, a la vez que llamamos a la solidaridad con el pueblo que lucha en las calles contra su enemigo de clase y principal verdugo.

Juventud Vanguardista Costarricense, JVC

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