Xenofobia y el racismo debe deternerse antes de tener que lamentarlo

Xenofobia y racismo parecen lo mismo, no lo son, pero ambas hacen referencia a formas de discriminación e intolerancia.

Por: Martín Rodríguez Espinoza

Recientemente, en Guatemala, una secta cristiana quemó a un chamán indígena por considerarlo un «demonio», ese crimen nos hace recordar cuando a las mujeres se les quemaba porque eran inteligentes y sabían leer, escribir, preparar medicinas naturales y pensaban por sí mismas, la cacería de brujas se extendió por todos los dominios de la iglesia católica en Europa en la llamada inquisición, posteriormente lo hicieron en Nuestra América, asesinando pueblos enteros de los habitantes originarios (indígenas) porque adoraban al sol, la lluvia, los ríos, el fuego y no al dios que ellos portaban.

Hoy, en pleno Siglo XXI, en los Estados Unidos, se asesina a personas por el color de su piel, como desde hace cientos de años se hace. Los migrantes son tratados como mulas de trabajo o como esclavos.

Costa Rica no está lejos de esa criminal forma de pensar. No solo las mujeres son discriminadas y asesinadas, también niños y ancianos. Para no ir muy lejos, hasta hace no muchos años, la provincia de Limón era considerada territorio de destierro y los habitantes negros no podían pasar de Turrialba.

La xenofobia y el racismo son intríncecos al sistema social en que se desenvuelve un país, a quienes detentan el poder, es la forma en que un sistema «educa» a quienes están bajo su dominio. En este caso el sector más poderoso económicamente, sus medios de comunicación y su sistema educativo, generan una forma de pensar y actuar ante un determinado acontecimiento.

Aunque sea de forma descarada o en forma subconciente, el sistema marca la ruta de discriminación e intolerancia de una determinada población si eso favorece a sus intereses económicos o políticos. En el caso de los hermanos nicaragüenses contiene ambas connotaciones.

Hemos recibido llamadas de denuncias de la zona de San Carlos donde están realizando «cacería de nicaragüenses» en situación irregular en el pais.

Los están abordando en calles, lugar de trabajo, sea este los campos de yuca, plantaciones de tubérculos y piñeras.

Detienen buses en retenes en donde un oficial de la fuerza pública aborda el autobús y les dicen a los pasajeros que denuncien quién viene del lado de Nicaragua por que estas personas vienen infectados con el COVID-19.

«Esto viola los derechos de las personas y aumenta la xenofobia  a los inmigrantes nicaragüenses.», nos dice un dirigente de la Asociación de Nicaragüenses Migrantes en Costa Rica, ANICR.

Y es que suceden dos cosas. El sector empresarial que transporta trabajadores nicaragüenses, en forma ilegal, para no pagar salario mínimo de ley, seguridad social y respetar condiciones laborales. Y por otro lado hacer creer a la población costarricense una realidad que no es cierta y que es utilizada con fines políticos exacerbando la xenofobia.

No solo se conforman con noticias falsas, ahoras las falsifican descaradamente, es una campaña sistemática de mentiras contra Nicaragua e intentar cambiar algo que es imposible de lograr, romper la hermandad, solidaridad y lazos hasta de sangre entre ambos pueblos.

Aún así la realidad es que la pandemia es un problema global, mundial, creado en un laboratorio pero que afecta al mundo entero. De igual forma es fabricada la pandemia de la manipulación, la xenofobia y el racismo que ha logrado atrapar incluso a intelectuales y profesionales con mentalidad progresista.

Esta actitud, discriminatoria e intolerante, debe detenerse antes de que sea tarde. La discriminación y la intolerancia son el camino que lleva a fascismo, que es lo mismo que convertirse en un energúmeno.

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