El problema del lenguaje para el socialismo

Por: Héctor Vega Torres *
Para Periódico Libertad

Lenguaje en la práctica socialista, pequeña introducción

Menciona Volóshinov que el asunto del lenguaje ha sido poco o nada abordado por el marxismo en general, “Hasta ahora no existe ningún estudio marxista de la filosofía del lenguaje. Más aún, en los trabajos marxistas dedicados a temas afines no hay propuestas relativamente definidas y desarrolladas en torno al lenguaje.” (Volóshinov, 2009, p. 17). Parecería que es un asunto que debemos dejárselo a la filosofía, a la lingüística o, a lo mucho, a lo mucho, a la sociología. Pero ¿no tendrá nada que ver con nuestra práctica política socialista? El presente artículo plantea algunas anotaciones acerca de la relevancia que tiene (o debería tener) el lenguaje para la oportuna práctica política socialista, para la construcción de hegemonía socialista, para la lucha de clases en el seno del sistema capitalista de nuestros tiempos. 

Lo primero, que es de suma relevancia, es estar en el entendido que no hay realidad social ni política fuera del lenguaje, “…no podemos situarnos en posición de ver la realidad “desde fuera» del lenguaje.” (Giner, 2003, p. 103). Y esto es relevante ya que plantea un primer reto para la práctica socialista, si pretendemos transformar la realidad social y política de nuestras sociedades debemos disputar el lenguaje, a nuestro favor, a favor de la perspectiva socialista.

El lenguaje como disputa ideológica 

Efectivamente, aunque el lenguaje no tenga la capacidad de ejercer el poder por sí mismo, lo refleja, lo representa y lo pone en acción, “…el lenguaje clasifica el poder, expresa poder, está involucrado allí donde existe un desafío al poder o una contienda para conseguirlo.” (Wodak & Meyer, 2003, p. 31).   La hegemonía capitalista lucha por que el lenguaje que emplea tenga la capacidad de ese poderío, que al pronunciarse surta efectos en el comportamiento. Pero es aquí donde comienza la lucha, nosotras (os), las (os) socialistas debemos disputar ese lenguaje, ya que “Las palabras son símbolos porque se utilizan para significar cosas.”(Ritzer, 1997, p 240) Como socialistas, no podemos permitir que el capitalismo y su clase social privilegiada, la burguesía, signifiquen la realidad y el lenguaje bajo sus intereses, visiones, y concepciones del mundo, la lucha socialista debe ser para que el lenguaje logre significar de manera opuesta las realidades.

Por ejemplo, “política”. El sistema capitalista ha logrado, de gran manera, que en nuestras sociedades dicha palabra signifique el acto del voto, las campañas electorales o una actividad de algunos pocos “capacitados” para ejercerla, pero imaginemos por un momento lo que ganaríamos si logramos re-significar “política” y que esa palabra logre significar, ahora, organización comunal, acciones colectivas, formación política, que signifique la participación popular activa en la toma de decisiones y otros muchos elementos necesarios para la construcción del socialismo. Es aquí donde sale a relucir la relevancia de disputar ese lenguaje, de las palabras con las que nos posicionamos ante un fenómeno, porque eso que “decimos” tiene repercusiones prácticas. Como ya nos decía Austin, podemos hacer cosas con las palabras. No es que solo debemos luchar para usar otras palabras acordes a nuestros ideales, sino porque esas palabras tan comunes como “política” logra que las personas piensen de determinada manera y, por ende, actúen de esa forma en que piensan, “El lenguaje no sólo es la cubierta exterior del pensamiento, sino su armazón interna.” (Durkheim, 2012, p. 127) y permite que las personas doten de sentido a sus prácticas (Ballester, 2017, p. 248).  La disputa es porque al decir dicha palabra hagamos que las personas piensen y actúen bajo nuestro significado revolucionario de la palabra.

Un último ejemplo, quizás el más relevante, o no, es el de “democracia”. Entendida, bajo la democracia burguesa, como la división de poderes, las elecciones periódicas, la “libertad de pensamiento”, la “libertad de expresión”, como denuncias formales. Pero, más allá de las personas que compartimos el proyecto socialista como transición al comunismo, ¿se ha logrado entender la democracia bajo una perspectiva revolucionaria, donde democracia signifique equidad social, donde signifique poder popular, donde signifique poder dual, donde signifique dirección de la sociedad por parte de la clase trabajadora, donde signifique equitativa repartición de las riquezas, donde signifique dar a cada quien según sus necesidad, es decir, democracia revolucionaria? Claro que no, este significado de democracia no es para nada el imperante en nuestras sociedades, por lo que, nuevamente, ha ganado el capitalismo, otra vez han determinado que el pensamiento y el actuar de las personas se enmarque en la concepción burguesa de democracia. Imaginemos otro segundo lo que conllevaría que la democracia significara todas esas concepciones revolucionarias enmarcadas en la pregunta, estaríamos un paso más cerca de nuestra utopía. 

Conclusiones preliminares, ¿qué hacer?

De igual forma, me gustaría realizar aquí es la relevancia de lo antes planteado. Si bien, son unas ideas muy generales, creo dejar clara de la relevancia de seguirle el paso al empleo del lenguaje y de su potencialidad significadora y su estrecho relación con el ejercicio del poder. Este pequeñísimo texto es, ante todo, una invitación a todo (a) militante socialista y comunista ya que, a partir de ahora, en nuestra práctica política diaria, comencemos a problematizar el lenguaje que escuchamos, pero, sobre todo, el lenguaje que empleamos, sabiendo que, sin querer, pero queriendo, podemos estar jugándole a favor de la burguesía, que al igualar ”política” a lo institucional, al nombrar todo lo medianamente como progresista como comunista o socialista o al decir democracia como referencia directa y exclusiva de elecciones podemos estar cayendo en los triunfos lingüísticos de la burguesía, podremos estar siendo piezas reproductoras del sistema capitalistas. A partir de ahora, porque no, llamar las cosas por su nombre, política formal, politiquería, progresista, socialista o democracia liberal/burguesa.

También, hacer un llamado a las organizaciones socialistas y comunistas de América y el mundo a comenzar a disputar el lenguaje al sistema capitalista. No olvidar que, al disputar este campo de batalla estamos influyendo en la significación de las realidades sociales y políticas, en el pensamiento y comportamiento de las personas. Si logramos imponer nuestras palabras o si logramos posicionar nuestra significación de las palabras habremos librado una pequeña (o inmensa) batalla contra el sistema que busca dominar nuestro comportamiento lingüístico. Si logramos que las palabras signifiquen lo que queremos que signifiquen tendremos más y más personas dispuestas a romper las cadenas de la opresión capitalista, tendremos más personas pensando y actuando por la construcción del socialismo, lograremos que la realidad sea socialistamente significada. Esto es, lograremos que la política sea organización comunal, que democracia sea equidad social, que socialismo sea el camino fértil a la emancipación humana y que otras muchas palabras por disputar sean los peldaños que nos encaminen a la construcción de nuestra hegemonía.    

Para finalizar, debo decir que mis apuntes pueden ser muy dispersos, muy imprecisos o pueden estar en una fase experimental, pero sobre todo deseo dejar abierto el debate en torno al tema. Mi idea con esto no es dar por acabado su discusión, por el contrario, me interesa que se comience a discutir un ámbito de la práctica política socialista poco tratado. 

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* Comunista, educador popular y estudiante permanente de sociología.

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Referencias utilizadas
Ballester, J. (2017). Lenguaje, representaciones e ideología en Durkheim y Volóshinov. Question, 1(54), 243-256. Recuperado  de: Durkheim, E. (2012). Las Formas elementales de la vida religiosa. El sistema totémico en Australia (y otros escritos sobre religión y conocimiento. México: Fondo de Cultura Económica. Giner, S. (2003). Teoría sociológica moderna. España: Ariel. Recuperado de: https://www.google.com/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=&ved=2ahU KEwiC4o3l89DpAhWHVN8KHTkZAmwQFjAAegQIBBAB&url=http%3A%2F%2Frevintsociologia.revistas.csic.es%2Findex.php%2Frevintsociologia%2Farticle%2Fdo wnload%2F322%2F328&usg=AOvVaw0zQ4hA6hME46LPEoa7g8vw  

Ritzer, G. (1993). Teoría sociológica contemporánea. España: McGRAW-Hill. Recuperado de: http://www.trabajosocial.unlp.edu.ar/uploads/docs/teoria_sociologica_contemporan ea___ritzer__george.com).pdf  

Voloshinov, V. N. (2009). El marxismo y la filosofía del lenguaje:(los principales problemas del método sociológico en la ciencia del lenguaje). Argentina: Ediciones Godot. Recuperado  de https://www.google.com/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=&ved=2ahU KEwiKwZ3A8NDpAhXkct8KHWCVD48QFjACegQIAxAB&url=https%3A%2F%2Fw ww.praxisylenguaje.es%2Fapp%2Fdownload%2F13093757%2FV.%2BVOLOSHINOV%252C%2BMARXISMO%2BY%2BF.%2BDEL%2BLENGUAJE.pdf&usg=AOvVaw06sqG25LN5kvXtTAQFqvxc  

Wodak, R., & Meyer, M. (2003). Métodos de análisis crítico del discurso. Gedisa.

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