La pandemia se profundiza, la OCDE es la inyección letal

Por: Martín Rodríguez Espinoza

Seguimos, como país, beneficiando a los grandes millonarios y empobreciendo al pueblo, limitando y eliminando derechos humanos de la clase trabajadora y enriqueciendo a unas cuantas familias.

La aprobación del ingreso de Costa Rica a la «Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos», OCDE, solo profundizará la desigualdad social.

La crisis pandémica del Covid-19 ha desenmascarado aún más la corrupción política que profundizará el desempleo, la pobreza y ampliará la brecha de la desigualdad social en donde el 10% de la población se hará más rica y el 90% más pobre.

Costa Rica pasó a ser la “nueva víctima” de la OCDE.

Vean que casualidad, cuanto más se profundiza la crisis económica en el país (para el pueblo por supuesto, no para los empresarios, transnacionales o bancos) el Gobierno de Carlos Alvarado, al servicio del sector empresarial, acepta la inclusión de nuestro país a la OCDE, cuya membresía es el nada despreciable “menudillo” de CUATRO MILLONES DE EUROS al año, así como lo leen.

El sector empresarial costarricense, que se cree dueño de Costa Rica, que se cree la monarquía de sangre azul, necesita las “recomendaciones” de la OCDE para justificar la privatización de instituciones públicas como la CCSS, FANAL, el INA, el banco BICSA, CNFL, ICE, AyA, Parques Nacionales, etc, fomentar despidos masivos, eliminar impuestos y aranceles (a ellos), para rematar con la eliminación de derechos laborales y económicos de la clase trabajadora.

Esos 4 millones de Euros al año significarían, más o menos, 4,3 millones de dólares que, puesto en coloncitos devaluados, sería alrededor de más de 2,5 mil millones de colones. ¡UNA EXTRAORDINARIA DEMENCIA!

Cuando uno escucha a los representantes de la UCCAEP defender semejante aberración, por ejemplo a Enrique Egloff, se da cuenta de que habla y no dice nada, son palabras huecas, vacías, reitera  los mismos estribillos mediáticos de siempre y que ya cansan; competitividad, apertura de mercados, disciplina (la de otros) y generación de empleo, sin decir cómo, cuántos o de qué forma, seguramente porque no sabe, no le importa y no le interesa, quizás para no “pelársela” como Oscar Arias y su farsa de los 500 mil empleos del TLC.

Cuando el sector empresarial habla de TLC, OCDE, u otros entuertos, hablan como si lo hicieran por Costa Rica, en términos de nacionalismo, pero no ligado a crecer como país, como Nación, con amplias y solidarias posibilidades para todos, sino nacionalismo excluyente, hueco, vacío. Pero, además, es que hay un peligro que se acrecienta día a día en Costa Rica, la forma de gobernar en nuestro país solo los lleva a un camino posible, la dictadura, el fascismo.

Ya un expresidente, Oscar Arias Sánchez, hasta lo bautizó como “dictadura en democracia”, nada más contradictorio y falaz, dictadura es dictadura, pero tiene razón en algo, Costa Rica vive en dictadura, creo yo que desde 1948, ¿o me vienen a decir ahora que votar nos hace democráticos?, no con los medios de comunicación que eligen presidentes, no con el narcotráfico financiando campañas electorales, no con las desiguales condiciones financieras de los partidos, no con un Tribunal Supremo de Elecciones que decide qué partidos participan y cuáles no. No con tribunales de injusticia con el pueblo, con los pobres y que se hace de la “vista gorda” con la “mafia de cuello blanco”. No, esto no es democracia real.

Y nos lleva a un solo camino posible, el fascismo, porque los proyectos de ley contra la libertad de expresión y manifestación que se tramitan en la Asamblea Legislativa, llevan esa connotación. La criminalización de la protesta social y el enjuiciamiento de dirigentes sociales, sindicales, indígenas, políticos, así como el asesinato de estos, son manifestaciones claramente fascistas.

Ese fascismo incipiente en Costa Rica está montando una estructura en todo el aparato estatal, incluyendo el policial-militar, para reprimir lo que ya saben que se viene, la movilización contra el desempleo, la pobreza y el hambre. Busca destruir la institucionalidad pública de la electricidad, el agua potable, las telecomunicaciones y la salud; la agricultura nacional ya se encuentra en estado de coma y dependemos de las importaciones para comer.

A todo esto, agréguenle el cambio climático, las pandemias (porque el Covid-19 no será la última pandemia, se los aseguro), la escases de alimentos, de agua y la profunda crisis del capitalismo en todo el mundo.

Hay una nueva tendencia a un nuevo fascismo en nuestro país y me parece que, en todo el mundo, el que administre la escases, que lo haga en beneficio de los ricos, como siempre lo ha hecho el fascismo.

Lo lamentable es que ese fascismo contará con el apoyo de un sector de la población, incluso de muchos marginados que por el hambre o la mentira lo hagan.

Esta pandemia nos demuestra, a todos los pueblos del mundo, que debemos contar con servicios de salud públicos fuertes y eficientes, pero no como lo dicen los tagarotes empresariales, para ellos “eficiencia” es sinónimo de “dénmelo a mí como negocio”. Debemos contar con servicios públicos, desarrollo agroindustrial y productivo en todas las áreas que nos permita tener soberanía alimentaria, proteger el agua de los comerciantes de la muerte y generar empleo digno, con salario digno y condiciones laborales igualmente dignos. Para ello se requiere un gobierno y una forma de gobernar diferente que no tenemos.

Esta pandemia a desnudado completamente a los enemigos de los pueblos, a las narco mafias político-empresariales, ha desnudado a un sistema injusto, degradante, criminal que destruye el planeta y aniquila al ser humano para generar riqueza para unos cuantos.

Como país, dimos un paso adelante al abismo, nos vacunaron con la OCDE quienes usurpan el poder cedido mediante las elecciones, gobiernan no para un país, sino para unos pocos.

Se acerca un nuevo proceso electoral, ¿seguiremos cayendo en las trampas electoreras, en condiciones desiguales y absolutamente manipuladas por los verdugos del pueblo?, ¿Seremos capaces de revertir esto y unir fuerzas para triunfar como pueblo?

Tenemos un reto inmenso como país, se vienen tiempos de lucha sin cuartel por una verdadera democracia, por justicia, libertad, tierra, trabajo, pan y paz.

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