La pandemia y la explotación imperialista son igualmente enemigos de la vida

El coronavirus se chupa la vida y los consorcios multimillonarios también. Las llamadas sanciones son un genocidio contra pueblos que buscan igualdad y libertad.

Por: Humberto Vargas Carbonell

La pandemia del coronavirus significa dolor y congojas para el mundo entero. Algunos hablan de una guerra contra un enemigo invisible; así es la guerra y su estela de sufrimientos. Sus víctimas son todos inocentes. Los dolientes todos, se hacen la misma pregunta: ¿por qué? Y no encuentran respuesta, porque no la hay.

En las guerras entre naciones también el enemigo quiere ser invisible, escondido en un palacio y tras un lujoso escritorio.

El coronavirus se chupa la vida y los consorcios multimillonarios también. A los virus es posible verlos con un microscopio y a los bandidos también en sus palacios, sus yates y sus astronómicas cuentas bancarias.

El que no los ve es porque no quiere o porque teme verlos.

 Los informadores tienen la posibilidad de darnos a conocer cotidianamente las macabras estadísticas, sabemos cuántos murieron, cuántos están enfermos, cuántos están sanos y muchos datos más. Estos son los virus, que no pueden llegar hasta la venalidad de la prensa sobornada.

La venalidad es capaz de embellecer los crímenes más espeluznantes y ocultar las verdades más horribles.

Vivimos rodeados por la muerte que se esparce como el aire. Es la condición común de la pandemia y de la explotación y la miseria.

Cuando se vaya el mal común de la pandemia y de la desigualdad, la panacea universal ha de ser la fraternidad y el amor con todos los demás; que la mitad oscura del planeta reciba la luz del amor de los que ven brillar el sol, así cada día. La oscuridad no será absoluta para nadie.

No puedo dejar de mencionar al más mortal de enemigos del ser humano: la criminalidad de los imperialistas, que no tienen más desvelo que el interés por la dominación del mundo y hacer suyas todas las riquezas del planeta.

Como todo cártel, los imperialistas necesitan un jefe. Hace ya varios decenios sin elección, por la propia lógica de las cosas, el jefe es el habitante de turno en una Casa Blanca, que debió llamarse “sanguinolenta” y que está ubicada en Washington.

El nuevo jefe es un badulaque, especializado en chanfainas, hablantín de mierda y criminal. Pero poderoso. Rodeado de genuflexos y obedientes serviles, mayoría de ellos con altos puestos por la gracia del idiotismo electoral.

Se llama Trump y reparte sanciones estúpidas y brutales contra quienes no tienen culpas que sancionar, pero que han decidido llevar justicia y libertad a pueblos que antes no tuvieron ni la una ni la otra. Es terrible que en el siglo XXI se sancione la aspiración a la justicia auténtica y a la libertad real.  Hablo de Cuba, Venezuela y Nicaragua que son los pueblos que llevo en mi corazón y a los quiero con solidaridad militante.

Trump no supo librar a su pueblo de la pandemia, supuso que con sus bromas de mal gusto y los ataques contra el pueblo chino podría librarse de ella. Es tan escaso que con el problema encima se le ocurrió recetar venenos para matar la enfermedad, sin pensar que mataría al enfermo.

Y resulta que este señor está empeñado llevar la muerte a los pueblos sancionados por él mismo, matarlos con bloqueos criminales y acusaciones falsas. Pueblos y personas sancionados por Trump pasan algunas dificultades, a veces muy graves, pero han conquistado su independencia y están en camino de quebrar para siempre las cadenas de la esclavitud imperialista de la explotación capitalista.

Trump es un genocida, el imperialismo es esencialmente un genocidio.

Y el clan de Lima, como los monitos japoneses, no hablan, no oyen ni ven, pero dejan hacer y son cómplices de la maldad imperialista. Sobre todo, son obedientes. Trump es su jefe superior, y los comandantes de tropa Pompeo y Abrams.

Este grupo de cómplice son la vergüenza de América.

En Venezuela se encontraron a un cómplice que dice siempre sí a las órdenes imperiales; su único talento es el enriquecimiento sin causa. Es una alimaña que dice llamarse

Los imperialistas son la pandemia que debemos vencer. Es la peor de todas. Por supuesto peor que el coronavirus.

¿A cuántos seres humanos les han robado la vida las agresiones imperialistas, niños, mujeres, hombres, jóvenes y viejos? A unos con bombas, a otros con pobrezas y miserias.

¿Quién impone la brutal desigualdad entre los humanos?

Con todo respeto pido a los lectores que hagan conciencia dando respuesta estas sencillas preguntas.

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Imagen ilustrativa: Detalle de ’El triunfo de la muerte’ de Pieter Brueghel, cuadro que ejemplifica las pestes medievales. 

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