Desarrollo de la agricultura campesina y de la pesca artesanal es el camino de la reactivación económica

Justicia para todos los trabajadores, sin privilegios para los magnates criollos y extranjeros es el camino.
Existe el peligro de una hambruna terrible y mortal.
Solo la justicia para todos podrá salvarnos de este riesgo terrible. Tierra para los campesinos sin tierra.

Por: Humberto Vargas Carbonell

A lo largo de toda su historia el Partido Vanguardia Popular ha luchado al lado de la clase obrera y de los campesinos. En algún momento nuestro partido comunista fue llamado y considerado un fundador de pueblos y estas “fundaciones” fueron siempre el resultado de la lucha por la tierra. En todas las provincias está el sello de este partido proletario que, con su lucha y con la unidad del pueblo, logró fundar pueblos y aldeas. Durante muchos años el encargado del trabajo campesino, como le llamábamos a ese frente de lucha, estuvo a cargo del compañero Carlos Luis Fallas y de muchos otros camaradas, entre los cuales es necesario distinguir los nombres de los compañeros Gonzalo Sierra Cantillo y Rodrigo Ureña Quirós. Algunos años después se me encargó el trabajo que llamábamos de “masas” y por esa vía con los movimientos obreros y campesinos. Fueron los años más satisfactorios de mi larga militancia comunista.

Tanto el compañero Ferreto como el que esto escribe presentamos proyectos de reforma agraria en la Asamblea Legislativa, que obviamente tuvieron siempre una fuerte y hasta escandalosa oposición de la clase dominante.

En el momento más complicado para la estabilidad de la economía campesina ocurrió una desgraciada división en el Partido Vanguardia Popular. Y esta división nos debilitó seriamente; nuestros enemigos formaron una irracional, pero activa coalición que incluyó a los gestores de la división, a la oligarquía criolla y al imperialismo.

Esas fueron las horas de auge del maldito capitalismo salvaje.

El neoliberalismo ha sido una poderosa avanzada contra los intereses de los campesinos. La ruina del campesinado se convirtió en la fuente de trabajadores asalariados en las plantaciones y en las nuevas formas de explotación.

Los campesinos desplazados y privados de su fuente principal, la tierra, fueron puestos a merced de los explotadores del trabajo asalariado.

Con el crecimiento del número de obreros creció también una masa de desocupados y de trabajadores por cuenta propia.

La eliminación de la economía campesina cambió radicalmente las normas de vida del pueblo costarricense, pero no para bien sino para profundizar la explotación de los trabajadores. Lo que antes producíamos ahora teníamos que comprarlo en otros países.

La desocupación es un fenómeno exclusivo del modo de producción capitalista. En las condiciones del capitalismo la población trabajadora se divide en dos grupos principales: un “ejército obrero activo”, es decir, directamente explotado por el capital y otro, que Marx llama el “ejército industrial de reserva” constituido por los desocupados, los trabajadores por cuenta propia y por los campesinos sin tierra.

Apunta Marx: “Ahora bien, si la existencia de una superpoblación obrera es un producto necesario de la acumulación o del incremento de la riqueza dentro del régimen capitalista, esta superpoblación se convierte a su vez en palanca de la acumulación del capital, más aún, en una de las condiciones de vida del régimen capitalista de producción. Constituye un ejército industrial de reserva, un contingente disponible, que pertenece al capital de un modo tan absoluto como si criase y mantuviese a sus expensas (El Capital. Tomo 1 págs. 534 y 535)

Más adelante Marx señala que: “A grandes rasgos, el movimiento general de salarios se regula exclusivamente por las expansiones y contradicciones del ejército industrial de reserva, que corresponden a las alternativas periódicas del ciclo industrial. No obedece, por tanto, a las oscilaciones de la cifra absoluta de la población obrera, sino a la población oscilante en que la clase obrera se divide en ejército en activo y ejército de reserva, al crecimiento y descenso del volumen relativo de la superpoblación, al grado en que ésta es absorbida o nuevamente desmovilizada.” (pág. 539 Ibidem)

En esencia los desocupados, los trabajadores sin patrón y los campesinos son los que constituidos en reserva de los capitalistas determinan el monto de los salarios. La fijación de un salario legal no tiene validez frente a la realidad de una reserva de trabajadores; esto explica por qué en nuestro país en altísimo porcentaje de los asalariados recibe menos que el salario fijado.

Los campesinos sin tierra, expropiados, pasaron unos al trabajo y otros a la desocupación, según las necesidades de los capitalistas.

La expropiación de los campesinos fue en proceso cargado de demagogia dirigido políticamente por el Partido Liberación Nacional.

El golpe más brutal fue la eliminación de las funciones del Consejo Nacional de Producción, que fue encabezado por el expresidente Oscar Arias Sánchez. Hubo también otras maniobras igualmente brutales y estúpidas, que estuvieron a cargo Luis Alberto Monge, que le permitió a la United Fruit Co. abandonar las plantaciones, la destrucción total del Ferrocarril del Sur y la aceptación del primer “Programa de Ajuste Estructural”. En ese PAE se acepta que, si en el extranjero se produce cualquier mercancía agrícola con costos de producción inferiores a los de Costa Rica, nuestra producción debe cesar y ser sustituida por los bienes extranjeros.

Luego se firmaron el PAE II en el Gobierno de Arias y el PAE III en el gobierno de José María Figueres. Figueres ante el rechazo del pueblo a estas imposiciones en la campaña electoral ofreció un “PAE a la tica” pero firmó la imposición del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial.

Hoy, los campesinos productores agrícolas activos están en crisis; los sin tierra pasando hambre y al borde de la miseria. En este momento con sus pequeñas cosechas perdidas al borde de la desesperación. Las cosechas de plátanos tanto en la Zona Sur como en Talamanca se perdieron totalmente.

La producción de alimentos en el agro, la activación de los campesinos, incluyendo a los “sin tierra” es el camino sensato para la reactivación económica.

Nos parece que es una irracionalidad pretender activar la economía haciendo grandes obras de infraestructura. No es eso lo que el país necesita, eso se debe hacer después, con una economía estabilizada, no ahora cuando ya las Naciones Unidas están anunciando una hambruna, dicen ellos, que de “magnitudes bíblicas.” Si el Gobierno no ve esta realidad, se podrá aplicar la sentencia de que no hay peor ciego que el que no quiere ver.

Las Naciones Unidas ha instituido un organismo dedicado a los estudios sobre el hambre en el mundo (PMA) y el director ejecutivo de ese departamento, señor David Beasley, ha informado al “Consejo de Seguridad” lo siguiente: “…el número de personas que enfrentan el hambre llega hoy a 135 millones, a los que se suman otros 130 millones adicionales que están al borde de inanición provocada por el coronavirus. Más adelante el mismo señor agrega: “La hambruna es una posibilidad muy real y peligrosa. Si no podemos llegar a esas personas con la ayuda vital que necesitan, nuestro análisis muestra que 300.000 personas podrían morir de hambre cada día durante un periodo de tres meses. Esto no incluye el aumento de la inanición debido al Covid-19”

Sigue el informe del PMA: “…hay que actuar sabia y rápidamente. Creo que con experiencia y nuestras asociaciones, podemos reunir los equipos y los programas necesarios para asegurarnos de que la pandemia del Covid-19 no se convierta en una catástrofe de crisis humana y alimentaria”.

Esta es una llamada de atención y no escucharla sería una gravísima irresponsabilidad del Presidente de la República y de los diputados.

Nada es más importante en este momento que la producción de alimentos, es decir la producción de arroz, frijoles, maíz… y todo lo demás. Esto lo producen los campesinos y solamente los campesinos. La pesca artesanal tiene que ser la fuente más rápida y viable del consumo de proteínas de alta calidad.

ALGUNAS IDEAS PROGRAMÁTICAS DEL PARTIDO VANGUARDIA POPULAR

El 20 de agosto 2017 una Asamblea del Activo del Partido Vanguardia Popular se reunió para considerar la situación política, social y económica del momento.

En ese documento aparecen dos capítulos. Sus títulos: a) SUPERAR LAS CONSECUENCIAS DE LA CRISIS DE LA ECONOMÍA CAMPESINA y b) TIERRAS FÉRTILES, APTAS PARA LOS CAMPESINOS Y DESARROLLO DE LA PESCA ARTESANAL.

Copio algunos de los planteamientos de esos documentos, sin comentarios. Nuestro interés básico es que se conozca las conclusiones a que llegamos en la reunión de agosto del 2017.

  • Mientras muchos campesinos padecen pobreza extrema, una parte sustancial de los alimentos que podrían producirse por ellos son importados.
  • Los campesinos productores han sido sustituidos por comerciantes.
  • Este es el nefasto resultado de la política neoliberal impuesta por las potencias imperialistas.
  • La parte fundamental de la distribución de alimentos y de otros artículos de alto consumo también están en poder de monopolios extranjeros
  • Se debe restablecer el Consejo Nacional de Producción, sobre nuevas bases, pero conservando sus funciones fundamentales: compra de la producción, arroz, frijoles, maíz y otros productos con garantía de precios básicos preestablecidos; compra de los productos de la pesca artesanal y el establecimiento de estancos de alimentos básicos y otros productos como elemento regulador de sus precios.
  • Los campesinos tendrán una protección especial del Estado, en cuanto a créditos, maquinaria, insumos y mercadeo.
  • Crear zonas especiales de producción agrícola donde se garantice a los campesinos contra la penetración de las plantaciones de propiedad de monopolios extranjeros o nacionales y otras circunstancias que atenten contra la producción. Serán auténticas reservas de producción de alimentos básicos.
  • Es la hora de una reforma agraria que termine con el latifundismo improductivo y con el monocultivo depredador, para distribuir la tierra y dar capacidad productiva a los campesinos.
  • Contra la estabilidad del productor agropecuario conspira también el monopolio de la distribución de artículos y alimentos de amplio consumo, ejercido por el monopolio Walmart y otros.
  • La producción de alimentos con la calidad y en la cantidad necesaria para satisfacer a la población es un problema de soberanía.
  • Los pobladores de las regiones costeras, de las islas y de la zona fronteriza deben ser protegidos por el Estado, dotados de los servicios esenciales y gozar de plenitud de derechos para la producción agrícola.
  • Es necesario estimular la organización de la pesca artesanal y establecer empresas públicas, como el CNP, que compren y distribuyan sus productos. Una de las opciones fundamentales para lograr este propósito son las organizaciones cooperativas debidamente financiadas por entes públicos y la eliminación de la intermediación especulativa.

APUNTES SOBRE LA CRISIS AGRARIA Y LA DESTRUCCIÓN DE LA AGRICULTURA CAMPESINA

En su edición del martes 14 de abril, La Nación publica un largo artículo  en que se anuncia el grave problema de algunas empresas exportadoras, en que anuncia también la situación de “el otro (sector) están los exportadores de piña, melón y sandía que ya están botando cosechas pues nadie las compra” y sigue más adelante: “La crisis en Estados Unidos terminó de golpear a un sector como el de la piña, por ejemplo… las ventas de esa fruta sufrieron porque en Europa, hace tres semanas, cancelaron algunos pedidos. Más adelante agrega que “En Guanacaste y en otros lugares, los productores de melón y sandía comenzaron a botar la producción. Lo mismo sucede con los de piña en lugares de la zona norte, como Pital de San Carlos…” y más adelante agrega: “Productos como los pesqueros, melón, mango, sandía, raíces y tubérculos, y plantas, flores y follajes, son los que han visto impactada su producción porque son de consumo estacionario…”

Hasta aquí el relato de “La Nación” que he resumido con la copia de algunos párrafos. Considero que sería útil que quienes no lo hayan leído lo hagan.

Este es un breve reflejo de la sinrazón de la crisis de la economía campesina; ha sido la chifladura de la economía exportadora y el demencial interés de la oligarquía de ser parte de un modelo, el neoliberal, que fue concebido y aplicado para garantizar la dependencia de los países sometidos y en beneficio de las potencias imperialistas, especialmente de los Estados Unidos.

Uno de los Bush en alguna ocasión dijo que “los países que no son capaces de producir sus alimentos no pueden considerarse independientes.” Los imperialistas usan los problemas alimentarios para someter a los países.

El principal elemento de la soberanía económica es la soberanía alimentaria.

Considero necesario y muy importante reproducir las conclusiones que en un breve pero valioso estudio sobre la producción de maíz hizo el ingeniero Miguel Chacón Solano y que fue publicado el 27 de setiembre del 2017. Dice el ing. Chacón: “En la década de los 80, se sembraba en nuestro país cerca de 85 mil hectáreas de este valioso cereal (maíz), símbolo de una economía pujante para nuestros agricultores de Guápiles, Guácimo, Liberia, Filadelfia, Santa Cruz, Pérez Zeledón, Buenos Aires, Los Chiles, San Carlos, Quepos, Parrita y Osa, entre muchos otros lugares”. Y luego su conclusión: “Desafortunadamente, con la firma de tratados comerciales como PL-480, TLC y otros, la condición de bonanza de nuestros campesinos se fue deteriorando aceleradamente. Los subsidios, las economías de escala y la agricultura extensiva de bajos costos de los países desarrollados, hicieron imposible que el pequeño productor de maíz nacional, compitiera con los grandes países de Norte América.”

Sigo copiando lo escrito por el Ing. Chacón Solano: “Para el año 2014 la siembra de maíz en Costa Rica se había reducido a 15.750 hectáreas, según el Censo agropecuario Nacional y sigue descendiendo. Actualmente no hay seguridad de mercado y este grano vital se cultiva solamente en pequeñas áreas de nivel de agricultura familiar con el fin de alimentar sus animales domésticos, gallinas, cerdos, cabras etc., y para elaborar sus platillos típicos, tortillas, elotes”.

Más adelante el mismo ingeniero dice que “es una lástima que paralelamente desaparecieran también las variedades locales y criollas, pues al retirarse muchos de los agricultores que se dedicaban a esta actividad, también se extinguieron valiosos materiales genéticos, que durante décadas habían sido capaces de adaptarse a las condiciones particulares de cada zona”

La conclusión de lo escrito es la siguiente: de una parte, nuestro deber es enfrentar una brusca caída de las exportaciones agrícolas, que podría agudizarse a muy corto plazo, con una pérdida de divisas para las compras internacionales, con una significativa caída de las remesas y una grave recesión provocada por la disminución PIB y por otra parte por la agudización de la crisis de la economía campesina.

La distribución de la riqueza es la clave de la justicia humana; porque la desigualdad es la esencia de la irracionalidad del modo de producción capitalista.

Este modelo de organización no debe ni podrá prevalecer.

El mundo amenazado por peligro de muerte obliga a todos ver la injusticia que se mantiene oculta bajo la hojarasca de la propaganda bien pagada por los depredadores de la justicia social.

El ventarrón de la pandemia ha permitido ver lo que se guardaba tras las murallas de la demagogia brutal y ha creado la posibilidad de que brille la luz de la verdad.

La verdad traerá la justicia para el pueblo, para todos los que viven de su trabajo.

Los trabajadores todos, los obreros son los portadores de la verdad, porque la única verdad social es la igualdad real de todos los seres humanos.

El 1 por ciento de la población es propietaria del 80 por ciento de toda la riqueza del mundo. Esto determina una desigualdad irracional y por eso insoportable. Hagamos realidad otro mundo, el mundo de la justicia.

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