Trump y sus sirvientes son genocidas confesos pero impunes, el clan de Lima, sus principales cómplices

Una verguenza para los pueblos latinoamericanos. En horas de dolor para todos los pueblos, la bestia Trump afila sus colmillos, es la hora de la solidaridad militante con el pueblo y gobierno bolivariano.

Agradezco la ayuda del compañero Edgar Gutiérrez por su aporte de documentos.

Por: Humberto Vargas Carbonell

 La nueva etapa de la injerencia imperialista en Venezuela son parte del genocidio al que el imperialismo yanqui, desde hace ya mucho tiempo, está sometiendo al pueblo venezolano.

Esto me produce una gran indignación, una intensa indignación.

Para que no haya lugar a confusiones, como militante del Partido Vanguardia Popular, declaro mi solidaridad militante con el pueblo de Chaves y de Bolívar y con su Presidente Nicolás Maduro Moros.

Además, soy copartícipe de un grupo de amigos y compañeros de otras militancias y opiniones políticas y filosóficas que creen que la decencia política se mide por la actitud ante la criminal, estúpida y salvaje conducta de los dirigentes del Gobierno de los Estados Unidos.

Cuándo un Presidente de Estados Unidos dice, como lo dijo Trump: todas las opciones están sobre la mesa. “Todas las opciones” significa la inmoralidad desenfrenada. Contra el pueblo venezolano se ha intentado todo lo que puede caber en la imaginación de los criminales políticos más brutales de la historia humana.

Hace unos días publiqué una nota en quedó demostrado que conforme a las disposiciones de la “Convención para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio” (En vigencia desde el 12 de enero de 1951), Trump y sus servidores, Pompeo, Bolton y Abrams, han cometido el delito (internacional) de genocidio.

Impedirle a un pueblo adquirir alimentos, medicinas u otros bienes igualmente imprescindibles para la vida normal o privarle de la energía eléctrica o de los servicios de agua potable, es un acto de exterminio dirigido contra un grupo nacional, en este caso el pueblo venezolano y configura, evidentemente, un genocidio.

En Venezuela hubo elecciones en una fecha que fue acordada por el Partido Socialista Unificado y por diversos representantes de la oposición. En esa elección participaron diversos grupos de opositores al Gobierno. La oposición manejada por Trump decidió no participar, porque sabían que saldrían derrotados. Nunca se presentaron pruebas que demostraran fehacientemente la comisión de un fraude, no obstante los amos  de Washington que son la dirección política real de esa “oposición”, que sería impropio llamarla venezolana porque es un brazo obediente del imperialismo yanqui.

El supuesto fraude es un cuento yanqui y como en los cuentos sin sustancia, buscaron un títere, para el caso movieron a su títere, un tal Juan Guaidó.

¿Cómo calificar a los gobiernos del “clan de Lima”? ¿Qué decir de los países de la Unión Europea que se someten ciegamente a la voluntad del imperialismo yanqui?

Someterse a un poder extraño es en primer lugar ausencia de voluntad y la perdida de esa voluntad implica mancillar la soberanía nacional. El Estado que renuncia a su capacidad de decisión tiende a convertirse en una semicolonia.   

Esta vergonzosa situación en América Latina se explica por sumisión y en Europa porque su unidad es una farsa montada por los grandes monopolios subordinados, en razón de sus negocios, a los dictados de los yanquis. En Bruselas no están los pueblos.

Para atacar al pueblo y al Gobierno venezolanos ahora sacan del paquete de “todas las opciones” la más absurda, una supuesta “operación antidrogas” con el uso de armas de guerra, de tierra, del mar y del aire.  Si imperialismo yanqui llegara a violar la integridad territorial de la patria de Bolívar resucitará Bolívar tendrán una respuesta auténticamente bolivariana y seguramente, se cumplirá un sueño: América convertida en un Vietnam.

Muchos se preguntan por qué semejante despliegue de fuerzas. Hay muchas respuestas: unos atribuyen la locura la irracional ambición del loco Trump de ser reelecto en las elecciones de noviembre y la otra, borrar sus enormes errores y tonterías dichas y cometidas en el manejo de la pandemia del coronavirus.

En cualquiera de los casos se evidencia la corrupción implícita en los sistemas electorales, sobre todo en el manejo corrupto e irracional de la conducta política en las sociedades burguesas

En todo caso se trata de dar la imagen de que las sociedades que emprenden el camino de la construcción socialista no podrán tener éxito. Y que el éxito social solo es posible en bajo el yugo del capitalismo salvaje. Sin embargo, el pueblo venezolano está en las trincheras políticas y preparado para cambiar el atrincheramiento para defender a su patria con las armas. Cuba no ha sido derrotada después más de medio siglo de bloqueo y en este momento es capaz de prestar ayuda a países que sufren la pandemia de coronavirus.  A pesar de los ataques de los imperialistas el socialismo puede presentar principios de convivencia más justos y más puros que el capitalismo salvaje, ese que a veces llaman neoliberalismo.

Cuando es imprescindible  enfrentar el reto que para la salud y la vida representa  la pandemia del coronavirus, se obliga a las Fuerzas Armadas de Venezuela y  todo el pueblo a movilizarse y gastar ingentes suma en la preparación militar. Eso es también un acto genocida.

Como todos los imperialistas Trump es además de un genocida, un loco, inculto, inmoral y perverso.

Así deben ser considerados sus cómplices de hoy.

II

Resulta hasta ridículo el infame pretexto utilizado por Trump para un bloqueo marítimo contra la República Bolivariana de Venezuela y contra todo su pueblo.  

Si se quisiera hacer real un freno para la producción y el consumo de las drogas “prohibidas” habría que bloquear a tres países: en primer lugar sería imprescindible aislar a los Estados Unidos de América, que es el gran consumidor, sus habitantes, dolorosamente compran no menos del cincuenta por ciento de las drogas que se producen en el mundo entero, especialmente en Colombia y Afganistán.

En el sistema aduanero de los Estados Unidos, según cuentan los exportadores, si aparece una molécula de un contaminante en una carga, por ejemplo, de hortalizas, se rechaza todo el paquete, pero la droga ingresa sin ningún control eficiente.

Colombia, desdichamente para su pueblo, produce casi toda la cocaína que se consume en el mundo. En este país existen por lo menos 212.000 hectáreas cultivadas de hoja de coca y la producción de cocaína lista para el consumo se acerca a mil toneladas. Estos son datos avalados por la “Oficina de Política Nacional de Drogas de la Casa Blanca (en inglés ONDCP). Esa misma oficina ha señalado que más del 90 por ciento de la cocaína que fue incautada provenía Colombia.

Las autoridades costarricenses han afirmado que la totalidad de la droga incautada por las autoridades nacionales tiene origen colombiano.

Téngase en cuenta que Colombia es un país, para decir lo menos, semiocupado por el Ejército de los Estados Unidos. Nueve bases militares están ubicadas en territorio colombiana. Esta no es por supuesto, la voluntad de un pueblo luchador y valiente. La terrible pobreza que azota a un importante sector de los colombianos es provocada por una oligarquía corrupta y terriblemente explotadora. El dinero del narcotráfico engorda a los grandes banqueros y los multimillonarios.

¿Y el Plan Colombia?

Resulta que el supuesto objetivo de este plan, siguiendo la misma cantaleta de siempre, se propuso terminar con el cultivo de hoja de coca y de los delitos conexos. Andrés Pastrana Presidente de Colombia y Bill Clinton, siguiendo la conocida parafernalia de los hipócritas y engañadores le ofrecieron a Colombia una utopía ante la cual la concebida por Thomas Moro se quedaba corta. Ofreció una sociedad sin drogas y todo siguió igual y la producción de cocaína aumentada.

El Plan Colombia solo sirvió para obligar a la oligarquía colombiana a profundizar su servilismo ante el amo yanqui.

La oligarquía, con todos los presidentes serviles, en la era de Uribe Vélez y que hoy es representada por Iván Duque, interesante mezcolanza de nombre de kulak ruso y apellido nobiliario. Pero nada, ni la entereza del campesino ruso ni el figurín de los nobles, solo el servicio a los imperialistas y la obediencia a los oligarcas.

La voz de orden: botar a Maduro, apoderarse del petróleo y de las riquezas naturales, lo que no puede hacerse sin explotar el trabajo de los venezolanos, este es botín para los monopolios yanquis; para los trabajadores colombianos la misma explotación y miseria de siempre.

Y, por supuesto, para los yanquis y para la oligarquía colombiana enormes riquezas: la cueva de Alí Babá y el sinnúmero de ladrones.

El imperialismo yanqui se ha acreditado el derecho a adulterar la realidad y obliga a sus serviles a obedecerle ciegamente: Ahora resulta que los narcotraficantes colombianos son los ángeles de la democracia y que los revolucionarios auténticos, por serlo, deben tenerse como narcotraficantes.

Y toda una corte de imbéciles juegan a la gallina ciega y hacen genuflexiones al mandamás yanqui, aunque sea tan tonto como para creer que la inteligencia reside en el color de la piel y la cultura y la bondad de los humanos está determinada por la cantidad de melanina en su pellejo. Es verdad que se necesita ser muy bruto para ser supremacista blanco y más brutos y hasta traidores a los cargados de melanina que le obedecen.

Con toda seguridad los que leen estas han de estar informados de que Afganistán es el gran productor de opio y de heroína. También han saber muy bien que ese país está totalmente ocupado por el Ejército de los Estados Unidos.

La invasión de los yanquis se produjo el 7 de octubre del 2001, para entonces los talibanes en el poder habían reducido la producción a 185 toneladas.

Bajo el poder de los invasores yanquis, inmediatamente después la producción de opio volvió a sus niveles históricos

“Desde entonces—dice la periodista Eva Lagunero/Redacción Canarias Semanal—la producción de opio se ha triplicado, alcanzando como se ha dicho, las 9000 toneladas en 2017. Y en Estados Unidos el consumo de heroína es hoy 20 veces mayor. Si en 2001, antes de la invasión de Afganistán, había 189 000 consumidores, hacia 2012-13 suponían ya 3,8 millones, según un estudio de la Universidad de Columbia. Hoy se puede confirmar que el número de consumidores (incluyendo adictos y ocasionales) excede los 4 millones. En el 2001, 1779 norteamericanos murieron por sobredosis. En 2016 fueron 15.446…” La encuesta del Opio en Afganistán, realizada en mayo de 2018 por ONUDD, confirma que las áreas de cultivo reservadas al opio son del orden de las 328.000 hectáreas, con una producción que excede las 9000 toneladas”.

¿Qué hace el ejército de Estados Unidos para poner coto a este panorama tan grave?

Igual que en el caso dela cocaína le interesa la propaganda y el pretexto para dominar a los pueblos y nada más.

El crack fue utilizado para domeñar el espíritu rebelde de los barrios habitados por los negros. Recuerdo haber leído un autor que afirmaba que esas comunidades fueron invadidas por esta maldita droga. Alcanzaron sus inhumanos objetivos, lamentablemente. De este tipo son las victorias de los imperialistas yanquis, contra su propio pueblo.

A esta nota quisiera recordarles cómo se inició el proceso de trasiego de drogas en nuestro país.

A nadie le extrañará que el personaje principal de esta historia fue Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos, conocida como la CIA.

Cuando el imperialismo yanqui no pudo evitar la derrota del somocismo y la victoria de la Revolución Popular Sandinista, desató un odio contra la Revolución Popular Sandinista que no se apaga y que se hace violento y criminal.

Unos días antes del 19 de julio de 1979 un grupo militar del Ejército de los Estados Unidos, sin cumplir ningún requisito diplomático desembarcó y se instaló en Liberia. Eso causó una gran preocupación en la Asamblea Legislativa. Algunos diputados nos fuimos a Liberia vimos la situación y por la tarde la Asamblea Legislativa les negó el “permiso” que no habían solicitado. Es decir, los expulsó.

La sesión fue muy larga, pero se logró formar un consenso ampliamente mayoritario y se les pidió que abandonaran el país. Así lo hicieron y se instalaron en Honduras.

Desde entonces, hasta el día de hoy, los Estados Unidos han mantenido un ataque permanente contra el Movimiento Popular Sandinista.

Es una larga historia de agresiones directas o por medio de sus sirvientes elevados a jefes de gobierno de diversos países, entre ellos Costa Rica.

En 1984 el Gobierno de Nicaragua presentó una demanda ante la Corte Internacional de Justicia, que culminó con una sentencia en condenatoria contra los Estados Unidos. En las consideraciones de esa sentencia se dice lo siguiente: “Los Estados Unidos de América, al entrenar, armar, equipar, financiar y abastecer a las fuerzas de la contra o de otra manera alentar, apoyar y ayudar en la ejecución de actividades militares y paramilitares en y contra Nicaragua, ha actuado, contra la República de Nicaragua, en violación de su obligación según el derecho internacional consuetudinario de no intervenir en los asuntos de otro Estado…”

Los daños sufridos por Nicaragua fueron valorados en 17.000 millones de dólares, tal como como se estableció en la sentencia citada. Estados Unidos no pagó un centavo y mantiene hasta hoy una agresión permanente contra el Frente Sandinista de Liberación Nacional y contra el Gobierno del compañero Daniel Ortega.

Esa acción criminal de los imperialistas contra Nicaragua fue en buena parte financiada por el narcotráfico.

En nuestro país se montó un operativo, como parte de los acontecimientos conocido como “Irán-contras”, de acuerdo con el cual la adquisición de las armas para la contrarrevolución se pagaba con cocaína.

La operación se realizaba en la finca de un supuesto hacendado, John Hull, un experimentado agente de la CIA. En los aeropuertos privados instalados  en  la Hacienda del agente John Hull llegaban aviones cargados con armas y regresaban a los Estados Unidos cargados con cocaína. Así nuestra tierra, en San Carlos, Provincia de la Alajuela, con la complicidad del Gobierno de Luis Alberto Monge, se recibían armas pagadas con cocaína.

¿Cómo llegaba la cocaína a la finca de John Hull? Esto no se ha sabido nunca. ¿Quién hacía el negocio de la cocaína, en Costa Rica? ¿Quién la distribuía en los Estados Unidos?

Obviamente todo el negocio lo hacía la Agencia Central de Inteligencia, del Gobierno presidido por Ronald Reagan.

Se sabe que en octubre de 1983 Oliver North se reunió con Roberto Suárez, conocido como el rey de la cocaína y que en esa reunión participaron dos coroneles del ejército boliviano y dos agentes de la DEA. Ese era el proveedor principal de la cocaína que se enviaba a Estados Unidos desde Costa Rica.

Algunos años después el Gobierno de Costa Rica hizo varios intentos de extraditar a John Hull, pero en los intentos hubo compadre hablado o, simplemente se impuso el Gobierno yanqui.

Sobre este tema existen miles de documentos, incluso declaraciones ante el Congreso y los Tribunales de Estados Unidos de Joe Morales, que era el encargado del traer las armas y llevar la cocaína.

Sobre este hay cientos de documentos que ratifican lo que hemos escrito, incluyendo el conocido informe Kerry, publicado el 13 de abril de 1989. En este documento del Congreso de los Estados Unidos se llegó a la conclusión de que los miembros del Departamento de Estados Unidos de América “quienes habían prestado apoyo a los contras, estaban involucrados en el tráfico de las drogas… y los propios elementos de los contras, recibieron con su consentimiento asistencia financiera y material de los traficantes de drogas”.

Todo muy claro, aunque muy resumido.

En otra ocasión hablaremos del narcotraficante mexicano Caro Quintero, que está desaparecido pero protegido por el Gobierno de los Estados Unidos.

Fue apresado en nuestro país, pero las actas de comiso se firmaron en la Embajada de los Estados Unidos y fue expulsado del país antes de 24 horas de su detención para evitar su interrogatorio.

Estuvo preso en México y rescatado por un supuesto error judicial y ahora protegido en los Estados Unidos.

En fin termino, pero no sin decir que el mayor narco traficante del mundo es el gobierno de los Estados Unidos.

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Foto: Representantes del Grupo de Lima (incluido la canciller peruana Cayetana Aljovín en el centro) en el palacio de Torre Tagle en Lima, Perú. Asistentes: Embajadora Ana María Ramírez (Argentina) en gobierno de Macri, encargado de negocios Juliano Freres (Brasil), canciller Chrystia Freeland (Canadá), canciller Heraldo Muñoz Valenzuela (Chile), canciller María Ángela Holguín (Colombia), canciller encargado Alejandro Solano (Costa Rica), canciller Sandra Érica Jovel Polanco (Guatemala), embajador George Taibot (Guyana), canciller María Dolores Agüero Lara (Honduras), embajador Luis Alfonso de Alba Góngora (México), embajadora Nicole Wolcovinsky (Panamá) y vicecanciller Federico González (Paraguay).

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