Una devastadora crisis económica amenaza a todos los pueblos, la pandemia generada por el coronavirus agudiza la desigualdad y los problemas de la clase trabajadora

Es urgente un plan de reactivación económica en base a la agricultura campesina, a la pesca artesanal, a la minería de los coligalleros y al sostenimiento de las pequeñas empresas.
Soberanía alimentaria tiene que ser la consigna del momento.
La desocupación es el rasgo más inhumano de la crisis capitalista.

Por: Humberto Vargas Carbonell
Secretario General PVP

Para un país tan pequeño como Costa Rica y que no tiene recursos minerales exportables ni una base industrial importante e internacionalmente significativa, será brutalmente golpeado por la crisis económica que marcha aceleradamente a nivel de los países capitalistas más desarrollados.

En los medios de prensa se habla de recesión, pero, en la situación actual, si no hubiera temor de llamar a las cosas por su verdadero nombre debía hablarse de una crisis económica. Por su propio sentido la recesión es un fenómeno pasajero, pero esa adjetivación no es válida para la crisis económica.

Es interesante que observadores y economistas de alto nivel cuando hacen referencia de los problemas a fenómenos como la crisis de finales de la década de los veinte e inicio de los años treinta, a los hechos del año 2008 y otros fenómenos económicos esquivan la palabra “crisis”.

El entrelazamiento de los efectos sociales de la pandemia y la agudización de las contradicciones del capitalismo ha generado ya, en este momento, una crisis económica profunda y aguda. Crece la desocupación, aumenta la pobreza, quiebran las pequeñas y medianas empresas y se crean las posibilidades de una enorme de la concentración del gran capital. En las crisis los más fuerte se enriquecen a costa de la quiebra de los más débiles.

Cientos y puede ser que hasta miles de medianas y pequeñas empresas tengan que terminar sus actividades. Las actividades de las pequeñas y medianas empresas que cierren serán absorbidas, al final de cuentas, por grandes capitalistas.

¿Cuánto duraran estos problemas de desocupación y de quiebra de pequeñas empresas?

Si tenemos en cuenta la economía mundial los pronósticos son gravísimos. El señor Guy Ryder, Director General de la Organización Internacional del Trabajo, dice: “La OIT estima que hasta 25 millones de personas podrían quedarse sin empleo y que la pérdida de ingresos laborales podría llegar a los 3,4 billones de dólares estadounidenses. El propio Director General piensa que la realidad podría ser peor. Agrega en su artículo: “Ya se está viendo que el cálculo se quedará corto frente a la magnitud del impacto”. Efectivamente el efecto será mucho más destructivo.

La consecuencia extrema de una crisis económica, las más inhumana, es la desocupación.

Como es bien sabido en Costa Rica no existe un seguro de desocupación, a pesar de que la necesidad de establecerlo está en el contenido del artículo 72 de la Constitución Política que dice: Artículo 72.- El Estado mantendrá, mientras no exista seguro de desocupación, un sistema técnico y permanente de protección a los desocupados involuntarios, y procurará la reintegración de los mismos al trabajo.

La desocupación es una traba para el consumo y el consumo es el motor de cualquier economía. Es también la más grave y nefasta de las consecuencias de la crisis económica. Y la manifestación más infame y más nefasta de una sociedad capitalista.

Para la crisis actual se han acordado algunos paliativos que, además de ser insuficientes por su monto y por el tiempo de su aplicación, no alcanzan para cubrir las necesidades mínimas de los hogares promedio.

Además, parten de un hecho absolutamente ficticio:  creer que los dueños de las empresas, tienen ingresos solamente para cubrir los gastos del momento. Esto no es así, algunos son grandes empresas, multimillonarias. Sustituir las obligaciones patronales por gastos estatales es servir a los poderosos, utilizar a los trabajadores para encubrir la injusticia.

En todo caso, ante una situación de crisis siempre el problema es reactivar la economía. Y en este sentido el gobierno neoliberal de Carlos Alvarado está siguiendo un camino torcido.

Es especialmente pernicioso cubrir las necesidades que demanda la crisis aumentando la deuda pública. Ese método es exactamente como querer apagar un incendio rociando gasolina. Los acreedores, especialmente los bancos internacionales, no tienen misericordia; las deudas públicas son una forma de dominación y sometimiento. Al final de cuentas se termina pagando, pagando el principal, la comisión y los intereses y, además, siempre se ponen condiciones que hacen más duro el yugo de la dependencia del poder imperial.

Aumentar la deuda pública, como se está haciendo, es simplemente buscar un paliativo hay para que todo sea más grave en el futuro.

Los latinoamericanos conocemos bien esas situaciones, en este momento la sufre Argentina. Son inolvidables los dolorosos ejemplos de España, Italia y Grecia. A los cobradores en Europa les llamaban la troika: La Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional.

Los países que se endeudan más allá de sus posibilidades deben saber que los acreedores internacionales son parte de la política de dominación del imperialismo y del sistema de sobrexplotación de los países dependientes.

Tampoco puede pensarse que la inversión extranjera pueda ayudar a la reactivación económica. Baste decir que, entre otras cosas, los cantones más pobres de nuestro país son los que estados dominados por monopolios extranjeros. Este no es más que un ejemplo, pero muy claro.

La experiencia internacional ha enseñado que para salir de una situación de crisis el único camino efectivo es poner en movimiento las propias fuerzas. Este es el único camino seguro.

¿Cuáles son los caminos seguros para reactivar la economía y evitar el hambre?

Creemos que el primer camino es reactivar la economía campesina; por esa ruta se alcanzarían dos objetivos: garantizar la producción de alimentos y un trabajo seguro para muchos de los que hoy están desocupados.

Debe trabajarse con el objetivo de alcanzar la soberanía alimentaria. Este es ahora un objetivo que puede ayudar a resolver un problema que es una emergencia, pero que después será el fundamento patriótico de la soberanía nacional. El principal objetivo de cualquier país es tener la capacidad de alimentar a su pueblo. Mantener un déficit alimentario crónico es parte de los instrumentos de dominación imperialista. Cualquier intento de dominar imponiendo el hambre a los pueblos es un auténtico genocidio.

Producir arroz, frijoles, maíz, hortalizas, papas, cebollas, ajos, condimentos etc. Es parte de la defensa de la soberanía, es decir, del derecho a ser independiente.

Los compromisos adquiridos por el libre comercio con Estados Unidos y otros convenios internacionales han tenido el propósito de destruir la agricultura campesina. Con ese propósito Oscar Arias y otros se han empeñado en destruir el Consejo Nacional de Producción. Esta institución garantizaba precios justos a los campesinos y el control de los precios de venta a los consumidores por medio del sistema de estancos.

Por eso imprescindible, antes de que sea demasiado tarde, entregar tierra, equipos y préstamos de subsistencia a los campesinos sin tierra. La consigna debe ser: ni un campesino sin tierra ni una parcela improductiva.

La producción agrícola desarrollada tendrá que acompañarse con una agroindustria moderna y un amplio desarrollo ganadero. El desarrollo agrícola, ganadero y pesquero podrán ser garantizado con la posibilidad de agregar valor a su trabajo por medio de la industria.

Nuestra opinión es que ese tiene que ser el capítulo principal de cualquier plan de reactivación económica.

La reactivación económica independiente requiere un cambio político sustancial. Jamás se logrará bajo el dominio de una oligarquía apátrida.

Otro capítulo principal es un desarrollo pesquero nacional. Hay que comenzar por la pesca artesanal a la que hay quitar todas las trabas estúpidas que hasta ahora la tienen arruinada. También es necesario eliminar los privilegios para las grandes empresas pesqueras, todas extranjeras y los ingresos que produzca su actividad deben servir para financiar la actividad pesquera nacional. Es una vergüenza lo que la burguesía dominante ha hecho con los recursos del mar, todos los privilegios, inaceptable por irracionales, para las grandes empresas extrañas y persecución pequeños pescadores artesanales.

Sin un modelo patriótico de reactivación económica inevitablemente tendremos que afrontar una crisis alimentaria que, acompañada por la desocupación y el empobrecimiento de la población, se convertirá en una crisis humanitaria.

El pescado y los mariscos deben ser convertidos en una de las principales fuentes de proteínas.

Los pescadores y las pequeñas empresas del mar son tratados como si fueran delincuentes, por prohibiciones absurdas, absurdas sobre todo en periodos de crisis. Estas empresas familiares, dedicadas a la pesca, si logran desplegarse se les ayudará a solventar sus necesidades y, a toda la sociedad, a resolver problemas de desocupación y de subalimentación.

Economía campesina y pesquera deben ser los fundamentos de un plan nacional para evitar o paliar la crisis que nos amenaza.

En algunas regiones del país trabajan muchos coligalleros, es una actividad legítima que merece el reconocimiento del Estado. La minería artesanal debe ser incorporada como un medio de lucha contra la desocupación.

A toda costa hay que evitar el crecimiento de la desocupación y el hambre.

El Director General de la OIT dice en el artículo antes citado: “En un mundo en que solo una de cada cinco personas tiene derecho a la prestación por desempleo, los despidos son una catástrofe para millones de familias”.

En nuestro país los que están con la posibilidad de recibir ayuda son aún menos.

Entre los condenados a la miseria están todos los trabajadores del sector informal, más los desocupados por prohibición estatal como es el caso de los pescadores y, en algunos cantones, los vendedores ambulantes. Hay que incluir en esta lista a los vendedores de lotería. Son una gran diversidad de funciones, todas útiles para la población; representan lo que seguramente podríamos llamar la empresa minúscula pero extraordinariamente necesaria. Algunos de ellos son una secuela de la ruina de la economía campesina generada por el neoliberalismo.

El Director General de la OIT, ya citado antes dice: “se necesitarán medidas adaptadas a los trabajadores más vulnerables, incluidos los trabajadores por cuenta propia, los trabajadores a tiempo parcial y a todos los que tienen un empleo temporal, que tal vez no reúnan requisitos para obtener un seguro de desempleo o de salud y a los que es más difícil llegar.”

Las organizaciones sindicales tienen el deber de ocuparse de estos trabajadores, que en fin de cuentas son el resultado más crítico del modo capitalista de producción. Son los abandonados porque directamente no producen directamente plusvalía para los empresarios.

Nadie puede ser olvidado, la crisis está azotando a todos los trabajadores, tanto a los asalariados como a los informales que son los más “vulnerables”. Todos deben ser atendidos en sus necesidades. Nadie, repetimos, nadie debe ser olvidado; los olvidados serán los primeros en rebelarse y su rebelión estará plenamente justificada. Nadie estará obligado a morirse en silencio si lo están matando por falta de alimentos.

Los campesinos sin tierra son también parte de los más olvidados del régimen neoliberal, ellos también se rebelarán si no se atienden sus justas demandas. Nada puede ser más justo que exigir al Estado las condiciones indispensables para trabajar, para alimentarse y alimentar a todos los que trabajan.

No se debe olvidar que la riqueza de este país y de todos los países del mundo es producida en primer lugar por los obreros y junto a ellos los campesinos y por todos los que trabajan. Lo injusto es la distribución capitalista de los resultados del trabajo. A pesar de esta realidad, el Estado burgués ayuda siempre a los de su clase y discrimina a los productores. En este momento de crisis dolorosa eso es lo que está ocurriendo en nuestro país. Pero los sindicatos y todos los trabajadores tienen el deber de luchar con todo vigor contra la injusticia.

La crisis sanitaria pasará, dejará una dolorosa herencia, pero la crisis económica y social seguirá. Esa será la hora de la justicia. Justicia para la clase trabajadora, para los campesinos, para todos los que se ganan la vida con su esfuerzo y también para los que han sido olvidados.

Nos percataremos de que miles de pequeñas empresas desaparecerán y a costa de ellas aparecerán enriquecidos nuevos monopolios. Esta es la lógica del capitalismo-imperialista, pero hay también otra dialéctica, la popular que abrirá el camino de la liberación y de la justicia social. Obviamente este no será un proceso histórico mecánico, será imprescindible la acción del pueblo unificado, organizado y combativo para que el cambio se haga realidad.

Es el momento de la lucha contra la desigualdad que impera en el mundo entero. El 1 por ciento de los ricos se han apoderado de más del 50 por ciento de toda la riqueza del mundo. Este el retrato de una sociedad que los subordinados del imperio no quieren o no pueden ver. Esa es la ceguera imperante que solamente la luz de la lucha podrá iluminar.

El Gobierno de Costa Rica vive aferrado a los viejos paradigmas neoliberales, no logra ver que los pilares de viejo consenso se están quebrando; Estados Unidos pierde liderazgo y se tambalea su dominio sobre la Unión Europea. También en otras regiones, la política de dominio mundial pierde fuelle. El desarrollo de la crisis opera contra el poderío político y diplomático de los Estados Unidos. Es evidente que en este momento de crisis al mandamás de la Casa Blanca se le está acabando su poder; pareciera que la capacidad de engaño del presidente Trump y de sus iguales que vendrán se está esfumando.

A la Unión Europea le aparecen fisuras que podrían anunciar un “brexit” amplificado. La paz en Europa ha tenido como fundamento principal la atenuación de las contradicciones de los intereses monopólicos de cada uno de los países y un grado exagerado de sometimiento al poder de los Estados Unidos, que tiene en la OTAN su principal instrumento de dominio.

En los años veinte surgió en el movimiento obrero el apoyo a un proyecto de unidad europea. Lenin escribió un artículo en que dijo lo siguiente: “Bajo el capitalismo es imposible el crecimiento económico parejo de cada empresa y de cada Estado. Bajo el capitalismo, para restablecer de cuando en cuando el equilibrio roto, no hay otro medio más que las crisis en la industria y la guerra en la política”.

Han pasado muchos años, pero la vida confirma la certeza del pensamiento de Lenin.

A decir verdad, esa unión nunca fue sólida, pero la crisis actual la ha puesto en entredicho como proyecto unitario.

El señor Luis Gonzalo Segura publicó en El País (periódico español) un interesante artículo sobre la situación de la Unión Europea. Dice el señor Segura: “Ante esta crisis, como ante la crisis económica de la década pasada, todos los países europeos se están comportando con un nivel elevado de egoísmo y están demostrando que la Unión Europea solo es un armazón liberal, un caballo de Troya norteamericano, para los negocios, al cual, en realidad, nadie considera un hogar. Se trata de beneficios, de sacar lo máximo posible, no de construir…”

Más abajo dice el mismo señor Segura: “El negocio es un pegamento formidable en tiempos de bonanza y endeble en situaciones de crisis”.

Ahora están en crisis y es cada día más intensa la lucha interna en la Unión Europea.

Los países del norte niegan su ayuda a los que están sufriendo los mayores daños con la pandemia, Italia, España y Portugal.

La alianza del imperialismo yanqui con la oligarquía financiera del Reino Unido, los hace compartir criterios y propósitos hegemónicos en relación con Europa. Siendo Rusia y China los posibles aliados de última instancia de algunos países europeos, son ahora el principal objetivo de los ataques de la alianza imperialista: su objetivo es inalcanzable pero no renuncian a desprestigiar y si le fuera posible hasta la destrucción de esas potencias. Este es el centro de la política internacional del presidente gringo, Trump. Es tan bruto este señor que pretenden ganar prestigio atacando a Cuba, a Venezuela, a Nicaragua y a todos los movimientos progresistas de América Latina.

El Gobierno de Costa Rica sigue pensando que le bastará ser parte del Grupo de Lima y darle el voto al infame Almagro en la OEA y sirviendo siempre a los intereses del imperialismo podrá obtener ayudas para la solución parcial de los problemas creados por la crisis. La lucha por los recursos terminará siendo una lucha a muerte de todos contra todos. Como siempre las potencias capitalistas se reservarán sus propios recursos y se olvidarán del chantaje imperial y harán prevalecer la solución de sus propias necesidades. Harían bien los gobernantes de turno en nuestro país y otros semejantes, si no se hicieran falsas ilusiones, pero el grado de sometimiento es tan hondo que no pueden dejar de hacerlo, aunque esas falsas ilusiones, en última instancia, sean una traición a los intereses profundos de los pueblos.

La crisis de 1928 y el inició de la década de los treintas, asoló a nuestro país; para su defensa la clase trabajadora desplegó la lucha de los desocupados que, unidos a la gran huelga de los bananeros en Atlántico en 1934, significó la unidad de las nuevas ideas del Partido Vanguardia Popular con el movimiento obrero, abrió una nueva etapa histórica, en cuyo centro se colocó la clase obrera. Se abrió la época de la lucha obrera y de todo el pueblo contra la oligarquía y contra los monopolios imperialistas.

Otro momento importante fue la existencia de una importante actividad campesina que permitió paliar las consecuencias de la crisis.

La solución de la nueva crisis tendrá su peor enemigo en el modelo de capitalismo salvaje, que ha destruido casi totalmente las palancas de la producción endógena. Todo lo destruido o debilitado debe reconstruirse o fortalecerse. Esa tarea esta frente a nuestros ojos, pero será cumplida por los trabajadores organizados.

Si producen contracciones importantes en el mercado de los productos exportables, según el modelo actual tendremos enormes problemas. Esto ocurrirá, como es casi seguro, aumentará también la desocupación.

Tenemos noticias de que los Países Bajos han dejado de comprar piña y posiblemente esto se extenderá y otros productos perderán mercados. Lo mismo puede ocurrir con el banano, el jugo de naranja, el café y el aceite de la palma africana y otros productos exportables.

Si no exportamos no tendremos con que pagar las importaciones.

Este cuadro que tiene enormes posibilidades de convertirse en realidad sumirá a nuestro pueblo en una crisis humanitaria. Esto lo sabremos muy pronto.

Los monopolios agrícolas producen con métodos típicamente coloniales, sin asumir responsabilidad con el destino de los costarricenses. Así lo hizo la bananera en el Pacífico Sur. Para ellos, cualquier amenaza a sus ganancias los hará salir corriendo, sin que les importe un bledo lo que ocurra con sus trabajadores y con el pueblo al que han explotado.

Con los niveles de desocupación de hoy ya podemos hablar de una crisis terrible; y si se cumplen los resultados esperados, la crisis se hará más honda y más destructiva.

Es necesario emprender ya el camino de la reparación del tejido social de la producción de alimentos, en cuyo centro deben estar los campesinos, los productores de carne, de leche y los trabajadores de la pesca, gravemente dañados todos por un estúpido sometimiento a los “dogmas” que el neoliberalismo impuesto a través del poder de una oligarquía dominante y apátrida.

Es necesario repetir que el neoliberalismo no es un sistema de concepción de las leyes de la economía, es un emplasto de normas rígidas mantenidas por el poder de las potencias imperialistas, con el único propósito de someter a los países dependientes.

En última instancia el único beneficiario del Consenso de Washington han sido la cúpula de los más grandes monopolios yanquis y en alguna medida, de sus sirvientes, los oligarcas criollos.

Las crisis económicas, cualquiera sea su origen inmediato, son siempre el resultado de la explotación de los trabajadores, de la anarquía de la producción, el resultado del modo de producción del capitalismo explotador.

Esta crisis solo tiene un remedio, la organización, la unidad y la lucha de los trabajadores. Eliminación del neoliberalismo tiene que ser el signo del cambio rumbo.

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