El espionaje sobre las personas es una práctica permanente pero inconstitucional

El presidente intento darle soporte legal, pero fracasó, seguramente se trata de una maniobra para continuar lo que ha sido una práctica permanente.

Por: Humberto Vargas Carbonell

Así como al mejor mono se le cae el zapote, ahora al Zapote, el que se escribe con mayúscula, se le cayó al intento de legalizar el espionaje sobre las personas.

Se le puso un nombre altinosante: “Unidad Presidencial de Análisis de Datos (UPAD)” pero no logró sobrevivir porque lo mató la indignación popular.

En realidad este modelo de espionaje comenzó antes de que Alvarado asumiera el cargo presidencial y continuará vivo y coleando, después de su defenestración.

Son los signos de la decadencia moral y política de los procesos electorales, regidos por un Código Electoral de la oligarquía y para la oligarquía y avalado por el llamado Tribunal Supremo de Elecciones. El combate electoral se convirtió en publicidad mercantil y con ello se fue borrando la participación popular.

Fracasó el propósito legalista, pero UPAD, de hecho, continuará su nefasta actividad.

Basta con entregarles nuevas irresponsabilidades a los organismos policíacos existentes, entre ellos a la Dirección de Inteligencia y Seguridad, que mantiene una estrecha colaboración con la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de los Estados Unidos y con el espionaje Israelita conocido con el nombre de Mossad.

Todos han de recordar que cuando los diputados exigieron que se les entregara información y se les dieran nombres de todos los visitantes de la Casa Presidencial, el personal encargado preguntó cómo actuar con los visitantes que trabajan para la CIA y para el Mossad. No tengo información cómo se resolvió este asunto, pero sí se aclaró que estos funcionarios de servicios de espionaje extranjeros son visitantes permanentes de la Casa Presidencia.

Como es bien sabido lo que quiso legalizar el Presidente Alvarado es una práctica permanente tanto en los Estados Unidos como en Israel.

Edward Snowden, quien trabajó para Agencia Central de Inteligencia y luego para Agencia Nacional de Seguridad de los Estados Unidos, reveló que prácticamente toda la población de ese país está sometida al control del espionaje oficial.

¿Una situación semejante es la que se quiso legalizar en nuestro país? Pues es de eso de lo que se trata, guardadas las proporciones, por supuesto.

En Israel se utiliza y se vende un sofisticado equipo de espionaje conocido como “Pegasus”. Vale la pena preguntarse: ¿lo tienen los servicios de inteligencia de nuestro país?

Una duda razonable: todo lo ocurrido con el intento de legalizar el espionaje sobre las personas no habrá sido una simple maniobra que consistiría en lo siguiente: se intenta legalizar a sabiendas de que lo propuesto es inconstitucional, luego se retira el intento, pero se sigue aplicando. Dejan la falsa imagen de que han renunciado al espionaje, pero siguen controlando la vida privada de los ciudadanos, incluyendo rasgos absolutamente íntimos de las personas y de las familias.

Todo este drama resulta muy sospechoso. La Ministra de información no estaba enterada, de lo que resulta que este asunto se manejó de manera absolutamente secreta, tanto que ningún funcionario, ni la ministra aludida, estuviera obligada a dar explicaciones a la opinión pública.
Quedará siempre pendiente la respuesta a la siguiente pregunta: ¿Qué es lo que se está escondiendo? ¿Quiénes serán los verdaderos receptores de la labor de espionaje? La respuesta le incumbe solamente al Presidente Alvarado.

Lo ocurrido o más bien, lo que está ocurriendo, no es un asunto menor, es de la mayor importancia.

¿En qué asuntos podrá verse sometido nuestro pueblo por actos imprudentes y ciegos de los gobernantes?

Puede que se trate simplemente de la preparación para la próxima campaña electoral, sería el mal menor, aunque también muy grave.

Pero también el país puede ser sometido a situaciones especialmente graves, que no serán propias, pero si al servicio de los intereses del Gobierno de los Estados de América. Esta hipótesis implica un peligro mayúsculo para la vida de nuestro pueblo.
Las campañas electorales huelen mal por su putrefacción, pero de esto hablaremos en los próximos días.

Pero más grave sería la otra posibilidad.

Es imprescindible que todos sigamos con mucho cuidado los acontecimientos futuros.

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