Los campesinos protestan y tienen razón, las políticas públicas los están arruinando

TODO EL PUEBLO DEBE SER SOLIDARIO CON NUESTROS CAMPESINOS

Por: Humberto Vargas Carbonell

Se rompió el saco de las penurias campesinas, la silenciosa amargura se hizo protesta. Tenía que romperse porque no es posible que quienes son los campeones en el trabajo, tengan que vivir bajo la amenaza de la ruina. Cuando hablamos de los campesinos no estamos hablando de seres solitarios, estamos hablando de familias costarricenses. Al final de cuentas no se trata del riesgo de una persona, es el riesgo de padres, madres, hijos, nietos y otros parientes. La familia campesina, sus trabajos y sus tradiciones son el sustento del ser costarricense, vale decir que ahí están todavía las raíces de la cultura nacional.

La crisis de la economía campesina es una crisis social, pero es mucho más que eso, es la crisis de la esencia del costarricense.

La protesta campesina es justa y por ser justa señala el camino de la igualdad y del respeto a todos los que con su trabajo hacen posible ser lo que somos y la esperanza de una vida mejor para todos. Al final de cuentas los que explotan a los campesinos son los mismos que explotan a los trabajadores en las industrias o en las construcciones. Entre ellos y no muy lejos se encuentran los empleados. El modelo de explotación es uno solo, las variantes son apenas formales. Pero todos tienen el deber de apoyarse mutuamente, solo así será posible vivir en un mundo mejor, es decir, más justo.

Si se pudiera mirar atrás y ver la campaña electoral que eligió al actual presidente, nos daríamos cuenta que la palabra “campesino” fue absolutamente ignorada y los mismo puede decirse del resto de los trabajadores.

Ante tal indiferencia queda establecido que efectivamente no hay gobierno para los nacionales, pero sí para engordar el caldo de los empresarios extranjero.

Muy claramente señaló este fenómeno don Miguel Angel Zúñiga (Secretario del Sindicato de Profesionales y Trabajadores del CNP) cuando dijo: “El Presidente gobierna para las corporaciones, para los grandes industriales de este país, posiblemente hasta gobierna para los productores del extranjero”. (Diario Extra 28 enero 2020)

Para el oficialismo la “agricultura” es exclusivamente la actividad de las Piñeras, de las que producen Palma Africana, Melón, Jugo de Naranja, lo que queda de la producción de café y otros productos, que van al extranjero con precios fijados por los especuladores de los centros bursátiles.

Estas empresas sobrexplotan a los trabajadores y producen con métodos absolutamente coloniales; no tienen ninguna conexión con el interés nacional. Cuando acaban con la capacidad productiva de las tierras intensamente explotadas, levantan vuelo y solo dejan secuelas de pobreza, enfermedad y desocupación. Así lo hizo la Yunai en 1984 en el Pacífico Sur y en Quepos.

Producen lo que pueden realizar en su moneda extranjera, no pagan impuestos y degradan el medio ambiente.

En cambio los agricultores nacionales producen lo alimentos imprescindibles y dan una contribución permanente a todo un complejo sistema que es la vida nacional.

A los nuestros los engañan, votan para nombrar Presidente, Ministros y Diputados y  luego sirven al extranjero.

Tiene razón don José Oviedo cuando dice: “Lo agricultores estamos a punto de desaparecer y lo que necesitamos son políticas públicas claras a favor del campesino. El Gobierno tiene que pensar en la agricultura de exportación y en la local.

Un productor del Caribe, Benicio Corrella, crítica enérgicamente las política oficiales, afirma que “Pareciera que lo que quieren es desparecer al agricultor. Un país que no produce lo que se come es un país vulnerable”.

Mario Hernández, también campesino, entrega una afirmación definitiva: “Estamos perdiendo las tierras”, esto significa: lo estamos perdiendo todo.

Don Jesús Calderón (Mesa de la Ruralidad Defensoría de los Habitantes) señaló lo que seguramente es el mayor peligro para los productores nacionales: “pronto entran a regir las cláusulas  del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, donde el arroz, los frijoles, el maíz y las papas entran a Costa Rica sin pagar ningún arancel. Es decir, tendremos que enfrentar una competencia desleal”.

Esto es lo que hicieron los campesinos y estas las opiniones de sus dirigentes

Evidentemente las políticas oficiales, sino se corrigen inmediatamente, ponen en grave peligro a los productores del campo. Ya muchos fueron arruinados o quedaron desocupados. Muchos de ellos están poblando los tugurios.

Es importante tener plena conciencia de que la crisis de la familia campesina, necesariamente tendrá graves repercusiones en la vida nacional. Esa crisis se extenderá sobre todos los costarricenses, con la furia y las consecuencias de una peste negra.

En nuestra opinión la solución radical y urgente es la prohibición de la importación de aquellos productos que produzcan nuestros campesinos, salvo en los casos de inopia debidamente comprobada.

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