El próximo 15 de diciembre nos reuniremos en el Cementerio Obrero para recordar a los héroes y mártires del Codo del diablo

Justicia y respeto a los trabajadores para que nunca más se repitan crímenes como estos contra los luchadores sociales

Por: Humberto Vargas Carbonell

A los compañeros militantes y simpatizantes, a mis amigos y a todo el pueblo los convocó al acto que se realizará en el Cementerio Obrero, el próximo 15 de diciembre, para recordar a nuestros queridos compañeros asesinados el 19 de diciembre de 1948 en el Codo del Diablo.

El acto se iniciará a las 9 de la mañana.

Han pasado 71 años desde el momento del crimen y pasarán muchos más y será siempre ineludible un deber de los costarricenses patriotas y decentes, dedicarle unos minutos para recordar la grandeza de los que murieron con el deber cumplido y para condenar a los que, para servir a poderes extraños, dieron la orden del asesinato.

Los compañeros Federico Picado, Tobías Vaglio, Lucio Ibarra y Octavio Sáenz eran entonces destacados dirigentes del Partido Vanguardia Popular en Limón; Álvaro Aguilar y Narciso Sotomayor eran compañeros que también estaban presos en la cárcel de Siquirres.

Fueron sacados de la cárcel según una orden superior y asesinados en un recodo del Río Reventazón que, por su conformación geográfica, durante muchos años fue llamado el “Codo del Diablo”.

En ese lugar por la noche, lejos, muy lejos de la zona habitada, los compañeros fueron bajados del motocar y, sin quitarles las “esposas” que impedían cualquier movimiento a sus brazos, fueron fusilados.

Así y ahí cayeron los héroes y mártires a los que rendiremos el merecido homenaje, recordándolos tal como fueron, sencillos y valientes luchadores por la clase obrera y por todo el pueblo costarricense.

Federico Picado era un obrero zapatero, entonces dirigente principal de la clase obrera limonense, para entonces diputado por la Provincia de Limón. Cuando esa provincia elegía solo un diputado eligió al camarada Federico. Nuestro Partido Vanguardia Popular era entonces la primera fuerza electoral de esa provincia y su más importante organización política.

Tobías Vaglio, era un trabajador altamente especializado en la atención de los equipos usados para la producción y transporte de los bananos que exportaba la Yunai. Abandonó su puesto para sumarse a la huelga bananera de 1934. No se detuvo jamás, fue hasta su muerte un brillante dirigente obrero.

Lucio Ibarra, dirigente de los campesinos y el mismo campesino. Igual que el camarada Vaglio participó activamente en la gloriosa huelga bananera de 1934 dirigida por Carlos Luis Fallas, conocido entonces y después como Calufa.

Octavio Sáenz, el dirigente comunista de los trabajadores ferroviarios.

Narciso Sotomayor y Álvaro Aguilar fueron también fusilados por razones políticas.

La razón profunda de este crimen es de carácter estrictamente político y de esas razones debe destacarse especialmente dos:

1.- En aquel momento el partido de los comunistas (PVP) era la principal fuerza política, sindical y electoral de la Provincia de Limón y

2.- La Provincia de Limón era un enclave económico y político dominado en términos absolutos por la United Fruit Company. El monopolio yanqui jamás respetó los derechos de la clase obrera, violarlos fue siempre un factor consustancial de su actividad explotadora. Al tiempo que se robaba la fertilidad de la tierra, esquilmaba la salud de los obreros y de los pequeños productores que le entregaban sus cosechas.

¿Quién podía dar la orden para el fusilamiento de estos camaradas?

En el momento del crimen había en nuestro país un poder absoluto, la llamada “Junta Fundadora de la Segunda República” que presidía José Figueres Ferrer. No existía ni siquiera clásica división de poderes, propia de la democracia burguesa. Cientos de camaradas estaban presos y Manuel Mora y Carmen Lyra en el exilio.

Esa misma Junta dictó el “Decreto 105 de la Junta Fundadora de la Segunda República”. Según esa normativa fueron disueltos los sindicatos clasistas, afiliados a la Confederación de Trabajadores de Costa Rica (CTCR); fueron ilegalizados el Partido Vanguardia Popular y la Juventud Vanguardista; y en consecuencia, también fueron ilegalizadas otras las organizaciones de izquierda y, lo más grave, se incorporó a nuestro país a la criminal política de guerra fría promovida por el imperialismo de los Estados Unidos.

También se prohibió la circulación del semanario “Trabajo” y, durante muchos años, hubo una severa y estúpida censura que afectó a miles y miles de libros y a los lectores; la prohibición era extensa, pero se aplicaba especialmente y en términos absolutos a las obras marxistas.

Los libros incautados en las Oficinas del Correo se enviaban como materia prima para algunas empresas que hacían una cierta pasta de papel.

En este ambiente se cometió el crimen del Codo del Diablo. No fue el único, pero sí el más grave.

Estos son unos pálidos rasgos de lo que ocurrió en aquellos momentos.

Recordar a los mártires y héroes fusilados en el Codo del Diablo, recordarlos con respeto es contribuir a evitar su repetición. Estos crímenes no pueden olvidarse porque el pueblo sigue luchando por la justicia social y por la igualdad. Los oligarcas y los imperialistas sienten nauseas cuando escuchan hablar de justicia y de patriotismo. Se les despierta la fiera que llevan dentro…

¡Por eso el pueblo explotado necesita estar protegido por sus organizaciones para poder vivir en paz y en justicia!

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