El pueblo ecuatoriano venció al traidor Moreno, a la ultraderecha, al ejército y a la policía represiva

El decreto impuesto por el FMI fue derogado y la lucha sigue. Es maravillosa la lucha de un pueblo organizado y unido contra la injusticia social y en defensa de la soberanía nacional.

Por: Humberto Vargas Carbonell

Me siento obligado a escribir algunas líneas sobre la lucha del pueblo ecuatoriano contra un maldito traidor y corrupto; También contra las imposiciones del Fondo Monetario Internacional.

Y obligado a decir: “que maravilloso es un pueblo organizado y unido para la   lucha por la justicia social, por la dignidad nacional y por la democracia verdadera”.

El pueblo ecuatoriano venció al prepotente traidor Lenin Moreno.

Fue elegido Presidente gracias a los votos de la izquierda ecuatoriana, liderada por el Presidente Rafael Correa. No más logrado su objetivo de ser Presidente, utilizó su poder para perseguir, encarcelar y exiliar a los que hicieron posible su triunfo electoral.

Con sucias tretas judiciales muchos dirigentes están obligados al exilio, incluyendo al presidente Correa; el Vicepresidente, elegido en la misma papeleta, está injusta y arbitrariamente encarcelado.

Si se organizara una competencia entre traidores del pueblo es casi seguro que Lenin Moreno ganaría una medalla, pero no de oro sino de mierda.

Moreno logró ocultar un puñal, especializado para herir por espalda, al tiempo que también ocultaba graves actos de corrupción. Con complicidad familiar adquirió viviendas y otros bienes de lujo en Suiza, tal como está comprobado.

El envilecido personaje terminó convertido en obediente y genuflexo sirviente de Donald Trump, accedió a la entrega de un insigne periodista, Julian Assange. Sus faltas, ser un periodista sin miedo y cumplidor de los deberes de su profesión. El Gobierno de Rafael Correa lo protegió en la sede de su embajada en Londrés.

Para culminar su obra antipatriótica y desvergonzada, quiso imponer al pueblo trabajador del Ecuador los infames programas del Fondo Monetario Internacional.

Esto significaba aumentar el precio de los combustibles hasta un 123 por ciento. Se trataba, entre otras cosas, de un golpe aterrador contra las condiciones de vida de todo el pueblo. Este pueblo, liderado por las organizaciones de indígenas, se sublevó y ganó.

Ganó gracias a que muchos expusieron su vida y que cinco compañeros la perdieran. Más de mil heridos y otro tanto igual encarcelados. El traidor tuvo que abandonar el recinto presidencial en Quito y refugiarse en Guayaquil.

Amenazó y amenazó, calumnió y volvió a calumniar hasta agotar el repertorio típico de los gobernantes sin apoyo popular.  Y fue derrotado en toda la línea. El Decreto 883 fue derogado. Esta era la petición principal de los sublevados. El traidor fue derrotado. El deslenguado terminó tragándose sus propias mentiras y amenazas.

Ni los policías ni las fuerzas militares fueron capaces de derrotar al pueblo.

El pueblo es salió fortalecido y el traidor desplumado. Se le cayeron las plumas también a la ultraderecha que lo apoya.

Resultan alentadoras las líneas finales de la declaración del Comité Central del Partido Comunista Ecuatoriano: “A las dirigencias que iniciarán conversaciones con el gobierno, los acompañamos confiando en que las consignas han sido muy claras y que sobre la sangre de hermanos y compatriotas no se negocia. Organizaciones sociales y políticas seguiremos en las calles dando el respaldo y la fuerza que se requiere para luchar contra un gobierno opresor y violador de los derechos humanos.”

Lenin Moreno no tiene fuerza política y menos moral para mantenerse en el poder. Tiene que irse y pronto.

Eso esperamos, mantenemos nuestra solidaridad y nuestro profundo respeto por los luchadores ecuatorianos.

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