El derecho a huelga del enemigo: El PLN, de la socialdemocracia a la primera internacional neoliberal

“Aun cuando se prohibieran las huelgas estas  no desaparecerán (…) Prohibir el derecho de huelga en una Constitución es tarea fácil, pero inocua, ya que el problema social que la huelga representa y que la produce, no se habrá solucionado en ninguna forma” (R. Facio)

Por: Manuel Hernández      

La socialdemocracia moderna se sustentó en tres postulados fundamentales: Estado de Bienestar (redistribución de la riqueza), economía mixta y reconocimiento, en general, del papel político de los sindicatos en la sociedad y en particular, en la solución de los conflictos laborales (reparto del poder político).

Como se sabe, el PLN, desde su fundación, se adhirió a la Socialdemocracia Internacional.

No obstante, desde hace muchos años, renegó de aquellos postulados de la socialdemocracia.

El Estado de Bienestar lo transformó en el bienestar  de algunos pocos, de la  élite política-económica, que históricamente ha lucrado con los recursos públicos.

La economía mixta, palanca que les favoreció  acumular ostentosas ganancias,   la empezaron a desmontar desde 1980, aguijoneada por el Consenso de Washington, con la firma de las Cartas de Intenciones con el FMI y los Programas de Ajuste Estructural  (Gobiernos Monge Alvarez/Arias Sánchez), continuando con la aprobación del TLC y las más recientes reestructuraciones, incluida JAPDEVA. 

A merced de esta restructuración, los recursos  públicos se vienen devaluando y privatizando, con el consecuente desmantelamiento de la institucionalidad democrática, el deterioro de los servicios públicos  y el endeudamiento insostenible. 

El contemporáneo Proyecto de Ley de Reforma del Empleo Público, se matricula dentro de esta lógica de desmontaje del constitucionalismo social.

La concepción del Estado Social viene, entonces, sustituida por el autoritarismo de mercado (Lex Mercatoria),  que, además, implica la eliminación de la protección de los derechos de la persona trabajadora.

Cómo si lo anterior no fuera poco, desde la promulgación de la Ley de Asociaciones Solidaristas (1984), el PLN lanzó su conjura política contra los sindicatos. 

Esta empresa  ahora se está felizmente coronando con la aprobación -en primer debate- del proyecto de ley de destrucción del derecho de huelga.

Este proyecto se configura en el marco de esa ofensiva neoliberal, que pretende enervar todos los derechos de los trabajadores, particularmente los derechos colectivos  de representación y participación sindical.

El objetivo de este proyecto legislativo resulta irreconciliable con la ideología socialdemócrata que reconoció, por una parte, el papel interlocutor  político de los sindicatos y por otra parte, su rol en la construcción de las normas reguladoras de la relación laboral (autonomía colectiva) y en la solución de los inevitables conflictos entre el trabajo y el capital.

Las obras intelectuales del socialdemócrata Rodrigo Facio Brenes, que en las discusiones de la Asamblea Constituyente defendió brillantemente el derecho de huelga, dentro de poco sus detractores del Balcón Verde, las subastarán al mejor postor del mercado.

No queda la menor duda que el PLN ha hecho sobrados y demostrados méritos para solicitar su carné de afiliación a la Primera Internacional Neoliberal.

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