La tragedia del 11 de setiembre y sus enseñanzas

Por: Martín Rodríguez Espinoza
 
Un 11 de setiembre de 1973 el mundo contempló como el gobierno electo en las urnas por el pueblo chileno era derrocado por los Estados Unidos que impone una criminal dictadura con Pinochet como su peón.
 
La dictadura en Chile comenzó el 11 de septiembre de 1973 cuando las Fuerzas Armadas bombardearon con aviones la Casa de la Gobierno. Esta dictadura se mantuvo en el poder por 17 años, marcando profundamente la historia chilena y de toda la región.
 
Desde entonces Chile fue el mejor alumno de la política estadounidense y se convirtió en un laboratorio del modelo neoliberal, privatizaciones, desempleo, pobreza, miseria se “probaron” antes en Chile para aplicarlo luego en otros países. Eso lo vive Costa Rica en la actualidad y desde hace 35 años.
 
El presidente electo el 4 de setiembre de 1970 fue Salvador Allende, siendo candidato de la Unidad Popular, una coalición formada por varios partidos entre ellos el Partido Socialista (de donde venía Allende) y el Partido Comunista, los dos con mucha influencia entre los trabajadores y los sectores populares.
 
La Unidad Popular canalizó electoralmente las expectativas de una gran parte de la población que quería cambiar realmente el sistema de una oligarquía corrupta.
 
En resumen, las medidas económicas que tomó el gobierno de Allende fueron:
  • Control parcial del comercio exterior
  • Se fijaron los precios en los mercados minoristas de los alimentos esenciales
  • Se expropió (aunque en forma muy limitada) tierras mediante indemnización para los campesinos pobres
  • Se nacionalizó el transporte público
  • Se nacionalizaron tanto el cobre (la principal recurso nacional), como las telecomunicaciones.
Estas últimas medida tocaban directamente los intereses económicos de Estados Unidos que controlaba ambos sectores desde hacía muchos años.
 
El ejército chileno, en su mayoría, había sido entrenado en la Escuela de las Américas, por lo que ideológicamente eran soldados yanquis.
 
Como es característico, Estados Unidos había apoyado financieramente al gobierno anterior, de la oligarquía corrupta, pero cuando asumió como presidente Salvador Allende cambió la postura e inició el estrangulamiento de la economía chilena, congelando los créditos y haciendo que ni el Banco Mundial ni el FMI les conceda préstamos. Además, junto a esa oligarquía, incentivó el paro patronal que duró tres semanas en octubre de 1972.
 
Por ese paro patronal el país quedó desabastecido de alimentos, combustibles y agua, Salvador Allende reaccionó tibiamente, pese al llamado de las fuerzas de izquierda, cedió espacios de poder a la oposición, por ejemplo nombró a Pinochet como jefe del Ejército. Un error que pagaría un mes después.
 
Quien sí respondió rápidamente fue el Partido Comunista de Chile que organizó a la clase trabajadora. Crearon las llamadas Juntas de Abastecimiento de Precios, JAP, (que controlaban justamente precios y luchaban contra los comerciantes que acaparaban los productos) y surgieron los llamados los Cordones Industriales. Coordinaban fábricas expropiadas bajo gestión de sus trabajadores, que conectaban con los barrios populares, para tratar de satisfacer todas las necesidades. Organizaban a trabajadores sindicalizados del campo y la ciudad así como también a otros sectores marginados, los pobres y desocupados.
 
En 1973 la presión de EE.UU se aceleró con la acción de grupos fascistas como Patria y Libertad. En junio hubo un intento de golpe y finalmente este se produjo el 11 de septiembre con la muerte del Presidente Allende y una represión brutal sobre el pueblo.
 
El Partido Comunista y la clase trabajadora organizada estaban dispuestos a defenderse y tomar las armas, se lo dijeron a Allende días antes del golpe a través de un carta donde lo llamaron a resistir, sin embargo no se hizo y la dictadura de Pinochet se instaló con un fuerte respaldo de EE.UU.
 
La herencia, las lecciones
La herencia que dejó la dictadura fue el modelo neoliberal que comenzó en Chile como laboratorio y luego se extendió al resto del continente latinoamericano, aplastando todos los derechos de los trabajadores, privatizando la salud, la educación, la seguridad social, con el fin de aumentar las ganancias de los empresarios, de la corrupta oligarquía.
 
La enseñanza a los pueblos del mundo es que si no hay unidad popular no se podrá defender un proceso hacia el socialismo. No ha habido proceso que no haya sido atacado por EE.UU., pero Cuba se levanta como ejemplo de dignidad, valentía y solidaridad internacionalista en la construcción de su propio destino, con todo el criminal bloqueo económico, comercial y financiero de los gringos contra ese pueblo.
 
El pueblo venezolano, también con gran valentía y dignidad resisten un brutal ataque del imperio norteamericano. Nicaragua por su parte no solo resiste los nuevos ataques terroristas de EE.UU, sino que camina en la reconstrucción nacional de los efectos de gobiernos neoliberales.
 
Nuestro país, por su parte, profundiza las criminales políticas neoliberales por parte de la oligarquía corrupta y parasitaria, con la complicidad de sectores reformistas que perdieron la esperanza por un país diferente y no ven más allá de los procesos electorales manipulados y antidemocráticos.
 
Las enseñanzas de lo acontecido en Chile, en 1970 y luego en 1973, nos demuestra que si no se construye una amplia, popular y antiimperialista unidad por un modelo de desarrollo patriótico y luego lo defendemos con la fuerza y el músculo social, veremos la destrucción total de los derechos fundamentales del pueblo y los espacios de libertad se cerrarán, imponiéndose un régimen dictatorial sangriento.
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