El odio y la mentira enfrenta la justicia y la dignidad

Por: Humberto Vargas Carbonell

El que usa el poder para explotar y humillar al débil es un infame.

El que roba al que cubre sus necesidades con el sudor de su frente y callosidades en sus manos, es un vil delincuente.

El que para acumular riquezas destruye los bienes que han de pertenecer a todos, es un inescrupuloso ladrón.

El que sobrevalora los tesoros pasajeros por encima de las creaciones la inteligencia y de la vida de todo lo que vive, es un monstruoso caníbal.

Y si juntas todo lo horrible, habrás escrito la historia criminal de la humanidad.
Esta es la historia del odio.

La criminalidad ha evolucionado, siguiendo siempre los pasos del mundo de los dueños.
Los carentes de todo marchan en dirección contraria.
Su guía es el amor.

Los grandes dueños se alimentan con la hipocresía y beben las aguas sucias de la mentira.
Los carentes buscarán afanosamente y su victoria será el encuentro con la verdad y la justicia.

Hoy, como el texto bíblico, la maldad se esconde en un sepulcro blanqueado, con un nombre rimbombante, se le suele llamar “la Casa Blanca”.

Ahí, cada cierto tiempo, cambian al jefe. El de hoy ha logrado acumular todas las iniquidades de sus antecesores; este es su único mérito.
Se llama Trump y representa el sueño más preciados de los tahúres, capaces se segar una o muchas vidas, todo por una “buena mano” en el casino imperialista.

Trump aspira a cambiar al mundo para ponerlo a sus pies. Tiene muchas armas pero la principal es la falsedad.

Su principal enemigo es la justicia.
Sus enemigos son los únicos gobiernos que luchan, en América Latina, para dar justicia a su pueblo: Venezuela, Cuba, Nicaragua y Bolivia.

Ante el flagrante crimen de la distorsión de la verdad, vale recordar las palabras de Mateo: ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos, hipócritas que son semejantes a los sepulcros blanqueados! Por fuera lucen hermosos, pero por fuera están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia. Así también ustedes, por fuera parecen justos a los hombres, pero por dentro están llenos de hipocresía y de iniquidad.

Contra la mentira y el odio, triunfarán la verdad y el amor.

Ese es el destino de los buenos.

 

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