Crónicas desde el frente de batalla: La mujer soviética

Por: Martín Rodríguez Espinoza
Periódico Libertad

Al acercarse el 9 de mayo, cuando se cumplan 74 años del triunfo de la Unión Soviética contra los nazis de Hitler, se presentan miles de anécdotas e historias alrededor del más grande acto heroico de la humanidad contra el fascismo, el mundo sería muy diferente de haberse impuesto Hitler, aunque desde entonces, sobrevivientes del fascismo han logrado no solo mantener sus criminales ideales, sino que, además han logrado tomar fuerza en muchos países. Recordemos que el fascismo es un engendro del capitalismo, y, sobre todo, cuando este entra en crisis.

Pues bueno, un día de estos, paseando entre libros en el centro de San José, me encontré con una joyita, muy rara por cierto para encontrarla en Costa Rica. El título es “Stalingrado: Crónicas desde el frente de batalla”, de Vasili Grossman, escritor y periodista ruso. Vasili cubrió con sus crónicas la batalla fundamental de Stalingrado y fue el primero en dar noticia al mundo de la existencia de los campos de exterminio nazis. Uno de los más grandes escritores del mundo, Máximo Gorki, alabó la obra literaria de Grossman.

No he hecho más que empezar a leer este libro, no conozco la historia posterior de este autor, pero si hay dos páginas que reflejan muy bien el papel fundamental que jugaron las mujeres soviéticas durante la invasión nazi a sus tierras. Me recuerda, en términos generales, el importante papel que juegan las mujeres en todos ámbitos de la sociedad, en la guerra y la paz. He querido compartir esto por cuanto el papel de la mujer no siempre es bien visibilizado a lo largo de la historia.

“Proseguimos nuestra ruta por la magnífica tierra invadida por la guerra. Por todas partes: en los campos, durante la labranza y la trilla, tras los caballos que tiran de los arados, en los tractores y en las máquinas sesgadoras-trilladoras, al volante de los camiones y en los peligrosos y difíciles trabajos en los apartaderos cercanos al frente, trabaja la mujer rusa. Ella fue la primera que corrió a la casa de Yásnaia Poliana, incendiada por los alemanes; ella es la que, con la pala, allana los caminos sin fin por los que circulan los tanques, las municiones y por los que chirrían las ruedas de los convoyes militares. La mujer rusa se echó sobre los hombros la formidable carga de la cosecha: la recolectó, ató las gavillas, trilló el grano y lo transportó a los almacenes. Sus curtidos brazos trabajan de sol a sol sin saber lo que es el descanso. Ella administra las tierras cercanas al frente, con la ayuda de los muchachos y los viejos. No es fácil el trabajo para la mujer. Ved cómo suda ayudando a los caballos a sacar el carro atascado en la arena, repleto de ambarino trigo. Ella, empuñando el hacha, abate los corpulentos pinos, conduce las locomotoras, vigila en los pasos de los ríos, distribuye la correspondencia, trabaja sin descanso en las oficinas de los koljoses y de los sovjoses, en las estaciones de máquinas y tractores. Ella no duerme por la noche y hace guardia junto a los graneros, vigilando el trigo recogido. Ella no rehúye la pesada carga del trabajo, no se atemoriza ante las pvorosas noches del frente, observa la lejana trayectoria de las bengalas, da la voz de alerta y hace sonar la carraca. La anciana de sesenta años Biriukova se pasó una noche de guardia en los graneros armada con el mango de una sartén, y a la mañana siguiente, riéndose, me contaba: “Estaba oscuro, la luna aún no había salido, sólo los rayos de un reflector recorrían el cielo. De repente oigo a alguien acercarse al granero y hurgar en la cerradura. Al principio me asusté. ¿Qué puedo hacer yo -pensé-, pobre vieja, contra estos malditos? Pero después, cuando recordé los sudores de sangre que les había costado a mis hijas cosecha el trigo para mis hijos, me acerqué sin hacer ruido, armada con el mango de la sartén, y grité con voz bronca, como un sereno: ¡Si das un paso más, disparo! Se escabulleron en el matorral como si se los llevara el viento. Apenas oí un ligero murmullo. Con mi mango de sartén los hice huir del granero.

La mujer rusa ha asumido el norme trabajo en los campos y en las fábricas. Pero más agobiante que el del trabajo es el peso que oprime su corazón. No duerme por las noches, llora al marido muerto, al hijo, al hermano. Paciente, espera noticias de sus familiares desaparecidos. Con su magnífico y bondadoso corazón, con su claro y juicioso cerebro, soporta los duros reveses de la guerra.

¡Cuánta tristeza hay en sus palabras, cuán profunda y sabiamente ha comprendido la negra tormenta que asola el país, cuán infinitamente buena, humana y estoica es la mujer rusa!

Nuestro ejército tiene por qué luchar, tiene de qué estar orgulloso: su glorioso pasado, la Gran Revolución, y su tierra inmensa y rica, Pero también puede sentirse orgulloso de la mujer rusa; la mejor mujer de la tierra. Que nuestros combatientes recuerden a su mujer, a su madre, a su hermana, que teman más que a la muerte el perder la estimación y el amor de la mujer rusa, pues no hay en el mundo nada más elevado y honroso que este amor.”

Muchas mujeres soviéticas, en el frente de batalla, o en la retaguardia, siempre estuvieron en la primera línea de lucha.

Ese relato, en medio de los fragores de la batalla contra el fascismo, puede transportarse a las mujeres de todos los países del mundo, sea en la guerra o en la lucha cotidiana en lo que llamamos paz.

Me hace recordar a la mujer costarricense en la lucha por sus derechos y los del pueblo. La mujer nicaragüense en la Revolución y en la defensa de la misma.  A la mujer venezolana, defendiendo con la vida su propio destino y el de su pueblo, amenazados por el terrorismo de los Estados Unidos. No importa que país, en la lucha por el socialismo, como dirían el Che Guevara y Fidel Castro, en la revolución y en la defensa del pueblo la mujer es la primera línea de la lucha… y la última.

Espero que la lectura de este libro termine como ha empezado, y que sea un relato sincero de la gran lucha por la humanidad, que le costó al pueblo soviético más de 20 millones de vidas y la reconstrucción de su tierra para convertirla en potencia mundial.

¡Gracias heroico pueblo soviético!

¡Urra, urra, uuuurrrraaaaa!

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