¿Efecto Bolsonaro en Costa Rica?

A muchas personas, incluso con las que comparto criterios o pensamiento ideológico, podrá parecerles precipitado afirmar esto, o tan siquiera cuestionarlo en pleno inicio del año 2019. Sin embargo los acontecimientos políticos que se vienen presentando desde hace muchas décadas me llevan a afirmar que el peligro de la instauración de un régimen totalitario en nuestro país no está muy lejos de ser una lamentable realidad.

 

Por: Martín Rodríguez Espinoza
Periódico Libertad

¿Qué sucede en Brasil y por qué Bolsonaro?

No es secreto que Brasil no solo es la nación más grande, territorialmente, del Continente Americano, pero no solo en territorio, también en riquezas naturales e influencia económica, política e industrial. Brasil posee un gran potencial, que en medio del desarrollo independiente, soberano y autónomo de nuestras naciones, podría ser el eje de desarrollo de Nuestra América, convirtiéndose en una atracción mucho más importante que los Estados Unidos de América, sobre todo con esos elementos de libertad e independencia.

Esto quedó demostrado con las iniciativas de UNASUR, Petrocaribe y el intercambio de productos y tecnología entre naciones suramericanas hace unos pocos años atrás, impulsadas por Venezuela y Cuba pero con el respaldo de un Brasil progresista y solidario en la era de Lula Da Silva y Dilma Rousseff.

Las maniobras para impedir el avance de la izquierda en Brasil se dan bajo los términos de una mafia política y una estrategia fascista respaldada y dirigida por los Estados Unidos. Para ello cuentan con el trabajo de fundamentalistas religiosos que la careta de “asesores electorales” dirige y orientan a politiqueros xenófobos de la oligarquía ultraderechista brasileña y de otras naciones.

Los grandes monopolios petroleros, mediáticos, financieros y terratenientes brasileños, no podían permitir que la izquierda siguiera avanzando y desarrollando la agenda social, por eso decidieron utilizar todos los medios necesarios para dar un golpe de Estado, perseguir y encarcelar a las principales figuras del Partido de los Trabajadores (PT) y anular el acelerado crecimiento de los partidos de los comunistas de Brasil.

Una vez en el poder, asimilando la metodología de regímenes fascistas anteriores en Brasil, como la dictadura de Humberto de Alencar Castelo Branco (1967 a 1985) y siguiendo el libreto de los regímenes fascistas de Mussolini, Hitler y Franco, comienza a revisar el historial político de los funcionarios públicos, empezando por los cargos de confianza con contrato temporal en el mismo Palacio del Planalto (Casa Presidencial) y van a ser despedidos en los próximos días.

¿Y luego qué?, ya lo han manifestado, realizarán una “limpieza” de rigor en todas las instituciones públicas, con la expresa prohibición de pertenecer al Partido del Trabajo, el PCB y otros de izquierda. Uno pensaría, en toda lógica, que los que se queden o vengan a ocupar esos cargos deberán ser partidarios de la nueva fuerza fascista.

Además, es previsible la suerte de miembros del LGBTI que formen parte del sector público, ante los anuncios homofóbicos oficiales brasileños y de la nueva política de “niños con ropas color azul y niñas de rosado.”

A todo esto, Bolsonaro le llama “limpiar la casa, porque es la única forma de hacer las cosas con nuestras ideas y nuestros conceptos”.

Pero, ¿Qué es el fascismo?

Desde el concepto marxista, el fascismo es la dictadura terrorista abierta de los elementos más reaccionarios, chovinistas e imperialistas del capital financiero.

El establecimiento del fascismo es un reflejo de la incapacidad de la burguesía dominante para mantener su poder recurriendo a los habituales medios “democráticos”. El fascismo actúa al frente de las fuerzas anticomunistas, su golpe principal va dirigido contra los partidos comunistas y de obreros, contra los sindicatos pero también contra las demás organizaciones progresistas y de Derechos Humanos.

El régimen fascista se implantó por primera vez en Italia (1922), luego en Alemania (1933) y en otros varios países. En Alemania, el fascismo se presentó bajo la máscara del nacional-socialismo (Nazi). El fascismo ha constituido la fuerza de choque de la reacción internacional; los estados fascistas, en primer lugar la Alemania hitleriana, desencadenaron la segunda guerra mundial.

Es un mérito histórico del pueblo soviético ante toda la humanidad, el haber desempeñado el papel decisivo en la derrota del fascismo germano, eso no lo perdonan y el ataque sistemático a las organizaciones de izquierda fundamentan la base de su estrategia actual.

A pesar de la derrota total sufrida por los estados fascistas en la segunda guerra mundial, los elementos reaccionarios de algunos países imperialistas procuran resucitarlo en nuestros días. En el aspecto ideológico, el fascismo significa irracionalismo, chovinismo y racismo extremos, oscurantismo y anti humanismo.

El fascismo es la dictadura terrorista abierta que desatan los grandes monopolios financieros, los grandes empresarios, cuando asumen definitivamente las riendas del Estado al llegar el capitalismo a su última fase.

Según la definición del Diccionario de Filosofía, de la Editorial Progreso de 1980, “El fascismo aparece con la llegada del capitalismo a su etapa monopolista para frenar el ascenso del movimiento obrero y tratar de superar la crisis que tal etapa engendra inevitablemente. El imperialismo es un sistema en descomposición, en crisis permanente y, a fin de impedir su hundimiento definitivo, está obligado a adoptar las más drásticas medidas de fuerza. La agudización de todas las contradicciones de esta etapa, impiden a la burguesía resolverlas por los métodos propios de la democracia burguesa: parlamentarismo, elecciones, partidos, tribunales, etc.

Pero el fascismo no es sólo una ideología; el fascismo no está representado sólo, ni siquiera principalmente, por determinados grupos o partidos de extrema derecha, chovinistas o racistas. No se puede separar al fascismo del poder del Estado y surge cuando el capitalismo ha llegado a su última etapa como una forma de impedir la revolución socialista. El fascismo es el monopolismo en la política, el control del poder por un reducido núcleo de los sectores financieros más poderosos. Es la superestructura política que adoptan los países imperialistas, de manera que si la democracia burguesa corresponde al capitalismo premonopolista, el fascismo es la forma de Estado del capitalismo monopolista. En consecuencia, no es un fenómeno político limitado al momento transcurrido entre las dos guerras mundiales del siglo XX, sino una tendencia permanente y general de todos los países capitalistas.

Tampoco se puede identificar al fascismo con sus formas exteriores, ni tampoco con las manifestaciones nacionales en la que se materializó (nacional-socialismo en Alemania, fascismo en Italia, falangismo en España).

El fascismo crea las premisas para incorporar a sectores muy extensos de las masas a la lucha a causa de la privación absoluta de derechos, poniendo de manifiesto la identidad de intereses entre la democracia y la revolución socialista.”

¿Y cuál es el efecto Bolsonaro en Costa Rica?

En nuestro país el bipartidismo tradicional, dominado por el Partido Liberación Nacional, PLN, nacido de la guerra civil de 1948, y el Partido Unidad Socialcristiana, PUSC, surgido el 17 de diciembre de 1983, viene en franca descomposición y les ha obligado a reinventarse con otras banderas para mantenerse en el poder. Sin embargo sería bueno recordar algunos acontecimientos previos.

Entre 1943 y 1948, cuando el Partido Comunista crecía a pasos agigantados y se mostraba que sería la mayor fuerza electoral del país, cuando se presentaban proyectos legislativos y decretos ejecutivos, en alianza con el Presidente Rafael Ángel Calderón Guardia para crear el Seguro Social, el Código de Trabajo, entre otros, se inventaron una guerra civil. El objetivo de esta, acabar con el Partido Comunista.

Se inicia un baño de sangre, se persigue y asesina a los dirigentes comunistas, a los sindicalistas comunistas o aliados de estos. Se ilegaliza al Partido Comunista y se exilia a dirigentes comunistas como Carmen Lyra a México, Guatemala y otras naciones hermanas.

Todo aquel que fuera identificado como militante comunista tendría una condena de 10 años de cárcel. El Partido Comunista se ilegalizó y persiguió por 27 años, robaron todos sus locales y su radioemisora Ecos del 56.

Ese quizás es el periodo más claramente fascista vivido por nuestro pueblo.

Pues bueno, regresando al PLN y al PUSC, debido a su creciente desprestigio y corrupción, de estos partidos surgen opciones electorales con la careta de “novedosos” pero que en su raíz conservan fundamentalmente al viejo y corrupto régimen dominado por una oligarquía parasitaria.

Sin embargo, esto hoy ya no es suficiente. El saqueo constante de las arcas del Estado, el financiamiento del narcotráfico de las campañas electorales y la implementación de políticas neoliberales que profundizan el capitalismo, los ha llevado a un mayor desprestigio hacia el pueblo costarricense que no les vota y los reconoce como grandes corruptos.

El panorama no es nada bueno para el poder político de la oligarquía y las opciones para seguir engañando a los costarricenses se acaban, eso abre el camino a un mayor fundamentalismo y al fascismo.

De hecho, cada día se visibilizan con mayor descaro. Se identifican como extremistas de derecha y buscan ser reconocidos como tal.

Esto nos lleva a los últimos acontecimientos.

Han llegado a nuestro país exactamente los mismos fundamentalistas religiosos que “asesoraron” a Donald Trump en Estados Unidos y a Bolsonaro en Brasil, se han reunido con diputados, con otros políticos y empresarios, iniciando el camino de construcción de lo que será el nuevo proceso electoral en Costa Rica, dominado por la xenofobia, la guerra y el anticomunismo extremo.

Paralelamente, se ha venido fabricando una coalición de liberales, fundamentalistas de la iglesia evangélica y los restos del PLN y el PUSC, para construir un peligroso germen de extrema derecha en Costa Rica.

Los proyectos de ley para criminalizar la protesta social, el creciente presupuesto para “seguridad pública”, que supera los presupuestos de ejércitos de países centroamericanos, dejan en claro el camino que pretenden seguir para profundizar aún más el capitalismo salvaje, con más privatizaciones de servicios fundamentales para el pueblo, más pobreza y pobreza extrema producto de un desempleo galopante.

La copia del “manual” capitalista impulsado por Donald Trump tiene en nuestro país a sus ejecutores y para ello están dispuestos a reprimir, perseguir, encarcelar y asesinar.

Ante este panorama, ¿cuál es la opción?, queda muy claro que la organización, la construcción de la necesaria unidad de las fuerzas progresistas y de izquierda. Nos está agarrando tarde, la ultraderecha está en camino.

Es necesario construir ese gran proyecto patriótico en el que quepamos todos aquellos que estemos dispuestos a defender nuestra patria y demos un cambio radical para impedir el avance del fascismo en Costa Rica.

Los comunistas, bajo la bandera del Partido Vanguardia Popular, PVP, estamos dispuestos a colaborar en la construcción de esa necesaria unidad popular, antimperialista y antifascista. Los comunistas estamos dispuestos a respetar posiciones para construirlo, pero que también nos respeten y seamos tomados en cuenta como todos los demás.

Sindicatos clasistas, organizaciones de mujeres, los estudiantes, los campesinos, los grupos LGTBI, las organizaciones comunales, pequeños y medianos empresarios, sector cultural, artístico e intelectual, comunidades originarias, los comunistas, socialistas, los ecologistas y todo aquel que ame a su patria serán bienvenidos en la construcción de esa unidad popular.

El tiempo apremia, el tiempo es ya.

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