Esta es la hora de la solidaridad con el hermano pueblo venezolano

La política imperialista de Trump y sus sirvientes no prevalecerá. Maduro es el presidente de Venezuela porque lo eligió el pueblo.

Por: Humberto Vargas Carbonell

Se le acabó el tiempo al Gobierno.  Aunque quisiera que no fuera cierto, la verdad es que ya no le queda tiempo al gobierno para escabullirse del modelo esquizofrénico de política internacional que ha impuesto el jefe del imperialismo norteamericano, el Presidente Donald Trump.

Contra lo que indica la sabiduría popular, no siempre es posible rectificar; para renunciar al odio como conductor de la política es preciso sustituirlo por el respeto y la comprensión. Obviamente es más fácil apelar a la ignorancia y juzgar sin comprender, sin esperar pruebas fehacientes. Para hacer justicia es preciso renunciar a los prejuicios y no responder jamás a interese espurios e infamantes.

Es evidente que el llamado “grupo de lima” no conoce los fenómenos políticos que se dan en la República Bolivariana y por eso mismo jamás se ocupó de probar sus afirmaciones; sus acusaciones son repetición de mentiras y falsedades, divulgadas por el llamado “monopolio mediático que se maneja desde los cuarteles de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en Washington. Resulta absolutamente inmoral repetir, con la persistencia irracional de los loros, las afirmaciones de partes inicuas e interesadas en la posibilidad de robar recursos naturales y de yugular cualquier sociedad decidida a implantar un modelo de auténtica seguridad social. El interés imperial es el robo de los recursos naturales de Venezuela e impedir el desarrollo del socialismo del siglo XXI, este afán se ha convertido en una especie de religiosidad malvada, cuyos obispos son bien conocidos: Trump, Bolton, Pompeo y Abrams.

Someterse a la disciplina de estos bandidos es, obviamente, un acto de bandidaje cuando no una estupidez.

Los bandidos están decididos a matar y matar mientras no consigan sus objetivos. Son objetivos criminosos que se esconden detrás de una ilimitada hipocresía. Esta ha sido una constante en la acción política de los imperialistas yanquis. Bajo una cobija de falsedades han ocultado sus peores crímenes. Esto es bien conocido por todos y el que diga que no lo sabe está mintiendo. Con embustes trágicos organizaron el robo de las tierras de los mexicanos; igualmente con una falsedad iniciaron la guerra contra España para convertir a Puerto Rico, a Filipinas en colonias, en ese camino quisieron apoderarse también de Cuba, hasta que llegó Fidel y mandó a parar, como lo dice la canción de Carlos Puebla. Con mentiras también iniciaron la guerra agresiva contra el heroico pueblo vietnamita, igual hicieron en Irak, en Libia y en Yugoeslavia. Y en muchos otros lugares que no podemos mencionar pues esta nota resultaría demasiado larga.

Nos cuesta creer que el gobierno de Carlos Alvarado haya aceptado, sin ningún cuestionamiento y sin recato, seguir ciegamente la política dirigida por el inquilino de la llamada “Casa Blanca”, Donald Trump. No es posible que gobiernos latinoamericanos, entre ellos el de Costa Rica, no se hayan percatado de que este orate es evidentemente un supremacista, que odia a los hijos de estas tierras, es decir, a nosotros y a nuestros hermanos. Ha llamado a nuestros “pueblos de mierda” y ha convertido a cada “latino” en un presunto delincuente. Cómo entender que mientras millones de estadounidenses lo desprecian y cuando además perdió la mayoría en el  “Congreso”, haya políticos latinoamericanos que lo sigan como se sigue a un líder. Trump, para nosotros, representa la infame resurrección de William Walker, mientras quisiéramos que cada costarricense aspire a ser un Juan Rafael Mora redivivo. Trump es un vulgar y descastado fascista. No tiene nada en común con los auténticos demócratas ni con los defensores de los derechos humanos.

El periódico español “El País” publicó una interesante entrevista con el autor del libro “Love your enemies” y Presidente del “American Enterprise Institute”, en la que da un criterio interesante sobre Donald Trump: Y dice: “Trump es un seguidor, no es un líder. Él va detrás del impulso de la cultura. Cuando la gente tiene envidia, cuando tiene miedo, quiere populismo. Un líder de verdad tiene valentía moral y Trump no tiene valentía moral. Dice lo que piensa la gente, con más vehemencia, con menos vergüenza, pero no puede durar, fracasará”.

Nos dice que Trump es un demagogo. Es decir, un vulgar politicastro y además, hay que agregar, un fascista.

Interesante criterio sobre Trump, quien simplemente repite lo que la ultraderecha estadounidense quiere oír; es gravísimo que haya políticos, entre los que se encuentra don Carlos Alvarado, que obedezcan a un falso liderazgo que tiene al mundo sometido al riesgo de  una nueva  guerra mundial que podría significar la destrucción total de la vida humana.

Si este mundo se acaba no habrá a quien responsabilizar, los muertos no condenan a los muertos. Pero las guerras parciales, los desenfrenados apetitos imperiales, si tendrán responsables que serán necesariamente condenados por cada gota de sangre derramada. Al final les será cobrada hasta por sus propios padres e hijos. Y este cobro ético y político no afectará solo a los imperialistas, también a sus cómplices.

Si Trump, Duque, Guaidó y otros bandidos logran el propósito de invadir el suelo venezolano seguramente que la guerra se extenderá mucho más allá de las fronteras venezolanas.  Cuesta creer que haya en el mundo alguien tan malvado que apele a la guerra para llenarse los bolsillos de dinero sucio o de millones de toneladas de petróleo. ¿No es acaso mejor vivir en paz y armonía?

Los gobiernos de los Estados Unidos han sido los principales gestores de guerras, infames como todas las guerras injustas, en diversas regiones del mundo; el inspirador, generador y financista de los más brutales golpes de Estado. Nunca han respetado el derecho a la autodeterminación de los pueblos ni han parado mientes cuando se trata de pisotear la democracia; cuando sirve a sus intereses han pisoteado cualquier manifestación de voluntad popular expresada por medios electorales.

Trump contra la opinión de los legisladores de USA y de la opinión de algunos latinoamericanos insiste en la posibilidad de invadir Venezuela con su ejército. El autonombrado Guaidó pide la intervención militar. El Duque colombiano y el fascista Bolsonaro insisten en la opción militar. Estamos seguros de que los venezolanos lucharán y que contarán con la solidaridad latinoamericana. ¿Tiene sentido esta amenaza y esta guerra? Para el imperialismo yanqui es la posibilidad de culminar el robo de las riquezas naturales de Venezuela, para los demás, para los nuestros, los latinoamericanos, el dolor y el sacrificio.

La guerra militar o política del imperialismo y de sus sirvientes es una locura, todo el sacrificio montado sobre un sainete político sin sentido. Defender a Guaidó es el pisotear la democracia y la integridad moral del pueblo venezolano. Es un payazo político que sirve de eje a lo que podría convertirse en una tragedia. A Guaidó lo descalificará el pueblo venezolano. Ojalá sea en paz y con respeto al derecho a la autodeterminación que se ganaron los venezolanos en las heroicas luchas de Simón Bolívar y que reafirmó el Comandante Hugo Chávez Frías.

Algunos países de Europa, los que fueron los más brutales colonialistas y que son hoy ansiosos imperialistas, han seguido el rumbo del Gobierno de Trump. Seguramente sueñan con apoderarse de una parte de las inmensas riquezas naturales y humanas de la patria del comandante Hugo Chávez.

¿Qué se juega nuestro pueblo tico en este ámbito poblado de crímenes, amenazas y miserias morales?

No logra percatarse, el Gobierno, que ha puesto a nuestro pueblo a hacer el papel del cómplice en uno de los momentos más graves de nuestra historia latinoamericana.

Apareceremos como serviles ayudantes de criminales acciones de un poder enorme contra un pueblo que, por un sin número de razones, es y ha de ser siempre nuestro hermano.

El golpe de Estado que se pretende en Venezuela es un ejemplo de monstruosidad política. Con qué derecho un grupo de países pretenden aceptar que una potencia imperialista se constituya en Venezuela en un poder absoluto, por encima de la constitución, de todo su sistema legal y de sus instituciones, y pretenda imponer a un Presidente que no fue elegido por nadie, salvo el reconocimiento ilegítimo de los Estados Unidos, de Canadá y de algunos países de la Unión Europea y otros de América Latina.

El pueblo venezolano ha construido un país maravilloso, cuna de libertadores. Siempre luchó por su derecho a ser libre y por la justicia. Simón Bolívar y sus seguidores lucharon y nos liberaron del yugo colonial, vivieron también horas amargas y difíciles, pero nunca abandonaron sus principios y por eso fue posible, años más tarde la presencia del Comandante Hugo Chávez Frías quien al frente de los suyos hizo el milagro de inspirar, organizar y dirigir a su pueblo para la conquista de un mundo mejor. Ese es el programa del socialismo del siglo XXI.

Chávez luchó por su pueblo y por todos los latinoamericanos. Su huella está viva, en el Presidente Maduro y en todo el pueblo revolucionario y bolivariano.

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