Combo fiscal y la fiesta de las hienas

Por: Humberto Vargas Carbonell

El vocero de los monopolios imperiales y de la más rancia oligarquía es La Nación. Este medio no pudo ocultar su alegría ante la posibilidad de que sea aprobado el combo fiscal. Leyendo su editorial no pude evitar que se me apareciera la imagen de una fiesta de hienas. No podía ser de otra manera, se sentían vencedores. Con los colmillos desgastados,  las comisuras chorreando sangre y la falsa sonrisa del carnicero,  celebran  una pírrica victoria que se anuncia pero que aún no les ha llegado.

El que odia y el que mata cuando cumple su brutal objetivo se siente victorioso, aunque de momento ignore que tendrá que pagar su felonía.

Así es que la fiesta de las hienas seguramente terminará en un alegrón de burro. El pueblo lo demostrará.

Entre los elogiados por La Nación sobresalen los magistrados de la Sala Constitucional. Le dan más que abrazos por haberse “apartado del lamentable gremialismo mostrado por la Corte Suprema de Justicia”, pero puede ser que esta conducta confirme que en el pecado está expiación, padecerán sus culpas soportando el desprecio y el ludibrio de la mayoría de este pueblo luchador.

Destacados ciudadanos del pasado hicieron del Poder Judicial el fundamento de una conducta que nos enorgullece;  hoy, otros han roto el estandarte del honor y lo han convertido en pendón de  vergüenza e  injusticia.

No se habían percatado esos jueces que la partidocracia que les marcó el rumbo es un ente acabado, limado por sus propios procederes y que, aún al borde de su desaparición, se mantienen fieles a los malditos cánones de la corrupción.

El breviario de los poderosos les señala a los diputados cual ha ser el programa de su trabajo y cual la dirección de su trabajo: menoscabar la democracia formal y limitada que padecemos y seguir una criminal ofensiva contra la clase trabajadora. Ahora la tarea impuesta es reformar el reglamento legislativo, la regulación de las huelgas (proyecto fascista de Liberación Nacional), las exenciones, el empleo público, las pensiones y su plan educativo.

Resulta que el Presidente también recibe el espaldarazo de la voz oligárquica del poder fáctico, en el  que domina el sometimiento al poder imperial del espernible Trump.

Su principal virtud, al parecer de La Nación, ha de ser la fanática ceguera con que sigue los pasos del imperialismo yanqui; el entreguismo, lo sabemos, es  traición y destrucción de la patria.

Los grandes problemas nacionales  importan poco a los voceros de la oligarquía y, al parecer aún menos al Presidente Alvarado.

La economía real está destruida y el campesinado tradicional agonizante. Los monopolios extranjeros monopolizan el comercio y las mejores tierras son para el disfrute de monopolios depredadores.

Los campesinos y los peones arruinados se alojan en los tugurios, cerca de un millón de compatriotas se la juegan en actividades informales, una buena parte de los asalariados reciben sueldos inferiores a los fijado por ley.

La salud pública está muy lejos de satisfacer las necesidades populares.

Sobre estos problemas hablaremos con amplitud muy pronto.

Ahora me importa especialmente señalar que la lucha continua porque tiene que continuar. Unos trabajadores capaces de mantener su lucha más de setenta días nos han dado a todos una lección que no podemos olvidar. Todos quedamos comprometidos con ellos. Su ejemplo de valentía y unidad es el camino de nuestro futuro.

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