Caster Semenya: La atleta que desafía a la IAAF para competir sin trabas como mujer

Por: Yunier Javier Sifonte Díaz

En 2009 Caster Semenya asombró a todos con su triunfo en el Campeonato Mundial de Atletismo. Entonces tenía 18 años y coronó una temporada donde rebajó siete segundos a su mejor crono en los 800 metros planos. En Berlín, la marca de la final la llevó hasta el puesto 13 de todos los tiempos y significó el margen más amplio de una campeona respecto a sus rivales. Sin embargo, nada más pasar por la meta las acusaciones comenzaron a rondarla.

“Ella es un hombre”, dijo enseguida la corredora italiana Elisa Cusma, y como pólvora los medios replicaron la afirmación. “¿Caster Semenya es él o ella?”, decía en portada uno de los diarios españoles acreditados en la capital alemana; mientras otro prestigioso rotativo europeo iniciaba el día con “La ambigüedad sexual de Semenya”. Por encima de los tres récords de Usain Bolt, la noticia se convirtió en el suceso del torneo.

Entonces la IAAF exigió pruebas de género para confirmar que se trataba de una mujer. Allí descubrió que la sudafricana no tenía útero ni ovarios, pero sí testículos internos y niveles de testosterona tres veces por encima de lo normal. Caster Semenya padecía hiperandogenismo. Los resultados salieron a la luz 21 días después de la medalla de oro. Y en medio del debate público sobre su identidad sexual, muchos olvidaron que se trataba de una adolescente que nunca puso en duda su condición de mujer.

Eso lo confirma su familia en Limpopo, la provincia más septentrional de Sudáfrica y la tierra que la vio nacer en enero de 1991. Jugaba como todas las niñas —dijo la abuela en una entrevista a la BBC— pero también le gustaba correr y siempre se destacó en eso. No obstante, para muchas personas Semenya tiene la espalda, la voz y el rostro de un hombre, y a simple vista luce diferente.

En medio de la polémica, la IAAF le exigió limitar sus niveles de testosterona en sangre a 10 nanomoles por litro (nmol/L), una decisión que obligó a la atleta a tomar medicamentos para controlar su cuerpo. No obstante, aun así repitió el título universal en 2011 y ganó los olímpicos un año más tarde, pero tanto tiempo de lucha contra sí misma al final resultaron demasiado.

En 2013 ni siquiera asistió al mundial y dos temporadas después concluyó las semifinales en la última posición. Su carrera ya no fue tan exitosa… hasta que otra corredora intersexual levantó la voz.

Se trató de Dutee Chand, una velocista india imposibilitada de asistir a los Juegos de la Mancomunidad al negarse a limitar los valores de testosterona. Luego de su reclamación, el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) consideró que no existían evidencias capaces de demostrar la ventaja de las deportistas con hiperandrogenismo.

El regreso a la élite

El veredicto eliminó cuarto años de regulaciones y Caster Semenya lució de nuevo todo su poder en Río de Janeiro, el mundial de Londres y las paradas de la Liga de Diamante. Paso a paso, la sudafricana ascendió en el ranking histórico, ganó su primera medalla en los 1500m y consiguió varias nominaciones a mejor atleta de la temporada. Pero el 26 de abril de este año otra decisión de la IAAF amenazó de nuevo su carrera.

Según dijo el ente rector del atletismo, las atletas con hiperandrogenismo estarían obligadas a reducir sus niveles de testosterona a 5 nmol/L antes del 1º de noviembre de 2018. De lo contrario, su única opción quedaba en competir como hombres, moverse a pruebas como las carreras de fondo y los lanzamientos o participar en eventos con divisiones para deportistas intersexuales

Para fundamentar su propuesta, la IAAF divulgó un estudio donde afirma que ninguna mujer debería registrar más de 5 nmol/L de testosterona, “pero quienes padecen diferencias de desarrollo sexual pueden tener niveles muy altos, que se extiende hasta el rango masculino normal e incluso más allá”. Era la conclusión que el TAS no encontró en su primera pesquisa.

De acuerdo al informe, “una mayor proporción de testosterona aumenta un 4,4 % la masa muscular, entre un 12 y un 26 % la fuerza y un 7,8 % la hemoglobina. Los expertos estiman que la ventaja de tener niveles circulantes de testosterona en el rango normal de hombres en lugar de en el rango femenino normal es superior al 9%”.

Cuando salió el análisis, la sudafricana revivió la misma sacudida que la acompañó luego de su medalla dorada en 2009. Casi una década después, solo dos años más tarde de la última píldora para controlar su cuerpo, otra vez su nombre regresaba a los titulares. Aunque la regla no la menciona directamente, su rostro se convirtió en uno de los más buscados. Y esta vez, ya lejos de la adolescente de Berlín, decidió ponerse en pie y enfrentar a todos.

“Solo quiero correr de forma natural, de la forma en la que nací. No es justo que se me diga que debo cambiar. No es justo que la gente cuestione quién soy. Soy Mokgadi Caster Semenya, soy una mujer y soy rápida”, aseguró hace solo tres meses, cuando interpuso un recurso de apelación ante el Tribunal de Arbitraje Deportivo para frenar la polémica decisión.

Los abogados de la atleta argumentaron que la medida “es discriminatoria, irracional e injustificable”, y afirman que viola la Carta Olímpica y los derechos humanos. La IAAF, por su parte, sostiene su argumento sobre la necesidad de “crear categorías de competición que garanticen el éxito determinado por el talento, la dedicación y el trabajo duro, en lugar de otros factores que no se consideran justos o significativos, como las enormes ventajas físicas que un adulto tiene sobre un niño, o un atleta masculino sobre una mujer”.

Sin embargo, la noticia de los últimos días está en el anuncio de posponer por cinco meses la implementación de la regla, con el objetivo de esperar por el veredicto del TAS y con ello evitar la demora del proceso iniciado por Semenya afecte a otras deportistas involucradas. Ahora todos aguardan el resultado antes del próximo 26 de marzo.

El nuevo debate

“Prolongar la incertidumbre para los atletas que buscan competir el año próximo y más allá es injusto, por lo que hemos llegado a un acuerdo con los reclamantes. Hemos acordado no hacer cumplir las regulaciones contra cualquiera hasta que se respeten las regulaciones. A cambio, han acordado no prolongar el proceso. Todos los atletas necesitan que esta situación se resuelva lo antes posible”, se apresuró a decir el presidente de la IAAF, Sebastian Coe.

Aunque el directivo asegura tener plena confianza “en las bases legales, científicas y éticas de los Reglamentos y por tanto espero que el Tribunal de Arbitraje Deportivo rechace estos desafíos”, este retraso significa una esperanza para Semenya y para la Asociación Sudafricana de Atletismo.

Según dijo a The Guardian el presidente del organismo africano, Aleck Skhosana, las reglas tendrán un “efecto discriminatorio en atletas femeninas” y su deber radica en “proteger a todas las deportistas, porque las regulaciones marginan a ciertas atletas femeninas en base a las características físicas naturales y/o el sexo”.

Y allí radica la clave de todo el asunto. Para Semenya, sus abogados y para buena parte de sus defensores, es injusto proscribir a una persona con condiciones físicas o genéticas diferentes a las del resto, pero que nació así y jamás tomó sustancias prohibidas o se sometió a algún tratamiento médico para lograrlo.

“Nadie cuestiona las zancadas de Usain Bolt, la envergadura de los brazos de Michael Phelps o el sistema cardiovascular del ciclista español Miguel Indurain. No existe una regla así entre los hombres”, aseguran.

Por su parte, aunque el estudio de la IAAF reconoce que en pruebas como el lanzamiento del martillo —una especialidad dominada por atletas europeas y blancas—, los excesos de testosterona en sangre ofrecen una ventaja aun mayor, la regla no aplica para esas lanzadoras. Entonces muchos se cuestionan si no existe también una discriminación por el color de la piel o la procedencia geográfica.

“Siempre es preocupante, como cuestión de ley, cuando las políticas parecen estar dirigidas a limitar la participación de un pequeño grupo de personas”, aseguró a AFP Suzanne Goldberg, directora del Centro de Derecho de Género y Sexualidad de la Universidad de Columbia. Sus declaraciones, junto a las de la Fundación de Deportes de Mujeres y las de los organizadores del prestigioso Premio Wilma Rudolph Courage, lanzan luz sobre un asunto que aun no tiene un final demasiado claro.

Si el TAS rechaza los argumentos de la corredora sudafricana y en definitiva aplica la decisión, ella deberá limitar su testosterona o plantearse la opción de subir hasta las distancias de 5 mil o 10 mil metros planos, pruebas donde por ahora no es efectiva la regla. Mientras tanto, si gana la batalla legal, es casi seguro que el mundo seguirá viendo las zancadas y las carreras magistrales de una chica que por largo tiempo ha luchado por no perder su esencia como mujer.

 

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Fuente: Cubadebate

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