Los huelguistas están luchando por todos los que tienen sed de justicia

El gobierno de Alvarado-Piza es el gobierno de los grandes ricos y los monopolios extranjeros. En el fondo moral de los hueguistas están presentes todos los que sufran las consecuencias del capitalismo neoliberal.

Por: Humberto Vargas Carbonell

Es obvio que las huelgas, por su propia naturaleza, nunca serán inocuas. Es la medida extrema a la acuden los trabajadores y otros sectores, cuya presencia social no está institucionalizada, que no son escuchado cuando tratan alcanzar determinados objetivos sociales. La lógica de las huelgas en un país como el nuestro conduce inexorablemente a un choque con los poderes instituidos, que representan los intereses de la clase dominante.
Esta realidad contradictoria se ha puesto de manifiesto en huelga presente, como en todas las anteriores. Los trabajadores buscan alcanzar la justicia que sistemáticamente les es negada y los poderosos defienden sus privilegios que, como es evidente, están institucionalmente protegidos.

Ahí está la causa esencial de la campaña de falsedades y de odio que han desplegado los medios de información, propiedad todos de grandes oligarcas criollos y de algunos delincuentes extranjeros.

El odio, por su contenido emocional, es siempre irracional e inhumano. El que se practica en nuestro medio y en relación con la huelga, no es una excepción. Es tan sucio y repudiable como cualquier otro, practicado en cualquier momento o en cualquier latitud.

Suciedad es mentir. Dice “La Nación”, refiriéndose a la huelga: “Es un movimiento de defensa de los privilegios obtenidos a lo largo de los años por una minoría alojada especialmente, en las instituciones autónomas y empresas del Estado”. En nombre de grandes millonarios, de evasores, de impuestos, de contratistas privilegiados ilícitamente, de los insultantes privilegios de los monopolios extranjeros, y de muchos delincuentes debidamente enmascarados, “La Nación”, vocero de todos ellos, se atreve acusar a los que se ganan la vida trabajando honestamente. Amigo lector: ¿Cómo califica usted este desparpajo?

Otra perla manchada del mismo periódico, dice: “La ofensa es mayor cuando los responsables acompañan la agresión con carne asada e improvisadas coreografías de baile, como sucedió esta semana en el puente sobre el río Chirripó, para dar solo un ejemplo”.

¿Cuáles otros hechos podrían ofender al editorialista de “La Nación”? A los millonarios los ofende que los pobres coman carne y disfruten del arte. Seguramente consideran un grave peligro para la estabilidad burguesa que los pobres se acostumbren a comer carne y a disfrutar de un espectáculo artístico, puesto que estas costumbres podrían empujarlos a pedir un aumento de salario. ¡Qué horrible! Eso es lo que piensan.

Cuentan que Al Capone celebraba sus “buenos negocios” con ricos banquetes, en los que se servían las mejores carnes y los mejores vinos. La “buena costumbre” la mantienen incólume sus émulos modernos, pero consideran pecaminoso que, de vez en cuando, los pobres lleven a su paladar en pedacillo de bistec.

Esta huelga lamentablemente no es una huelga contra todos los privilegios de poderosos; es un movimiento exclusivamente contra el privilegio de no contribuir a su medida con los gastos públicos. Los ricos son dueños del poder político, en los tres poderes de la República, y son los beneficiarios principales del gasto público; el Estado los protege en los tribunales y con el uso de la fuerza pública. Su consigna principal: “que todo siga igual, que nada cambie”.

Los campesinos productores de artículos de consumo, arroz, frijoles y maíz, están al borde de la ruina total; los pescadores artesanales y pequeños, están a punto de pasar la línea de la miseria extrema; los pequeños artesanos y los pulperos están casi desaparecidos; los pobres emigran a los tugurios; crece la actividad antisocial; más de un millón de compatriotas se dedican a actividades informales y más de la mitad de los asalariados reciben salarios inferiores al mínimo legal. La brecha social se ensancha. A corto plazo nos convertiremos en un país de plutócrata y miserables. Esa es la vía política del neoliberalismo.

En las grandes plantaciones se generan enfermedades gravísimas. Recuerdan los efectos del llamado Nemagón. Saben los políticos burgueses cuántos trabajadores de las plantaciones de caña están sufriendo de insuficiencia renal. No lo saben porque no les importa.

Lo peor: crece la desocupación.
Vivimos en un mundo al que el egoísmo lo volvió todo al revés: se considera que la economía está bien cuando los ricos se hacen más ricos y está muy mal cuando los trabajadores reclaman justicia.

El Gobierno, puede decirse, es el gobierno del egoísmo, precisamente porque al final de cuentas es propiedad privada de los millonarios y de los monopolios extranjeros.

Los huelguistas están luchando por los que tienen sed de justicia.

De ese lado debemos estar todos.

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