Nuestra lucha contra el imperialismo y por la autodeterminación de los pueblos es un principio inalterable de los vanguardistas

El imperialismo yanqui ha conspirado contra el sandinismo desde su fundación. Los yanquis son enemigos jurados de todos los pueblos que aspiran a vivir libres y en justicia.

 

Por: Humberto Vargas Carbonell

Como es sabido, el Partido Vanguardia Popular, y quien escribe, por las mismas razones, optamos por apoyar al Frente Sandinista de Liberación Nacional y a su gobierno, presidido por el Comandante Daniel Ortega, ante la conspiración de la derecha y del imperialismo norteamericano. Y lo  hicimos en compañía de otras organizaciones y personas que  sumaron su capacidad y su talento a la solidaridad con el pueblo hermano.

Esta actitud concitó los ataques de quienes, por diversas razones, no compartían nuestros criterios. Nos atacaron los mercenarios al servicio de la Embajada de los Estados Unidos, otros en razón de su condición de clase y de sus intereses económicos y políticos y los más porque no han logrado crear los imprescindibles filtros críticos frente a las campañas del monopolio mediático, dirigido por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de los Estados Unidos.

Lo que había que decir está dicho, y mantenemos nuestra posición. Nunca, ni el temor ni los halagos y menos las ambiciones electoreras, han logrado  hacer que  tomemos  el camino de la traición a nuestras convicciones políticas, éticas y filosóficas.

La vida nos ha enseñado que las campañas del monopolio mediático permiten conocer, casi  exactamente, la medida del involucramiento del imperialismo norteamericano en cualquier asunto de carácter político.

El monopolio mediático es un instrumento de dominación; garantiza el poder de lo falso y el ocultamiento de la verdad. Va acompañado siempre de campañas de miedo y de amenazas. Así logran manipular la conciencia política y logran así inducir conductas ajenas a los intereses nacionales o de un grupo humano determinado.

El enfrentamiento entre la verdad y la mentira es un capítulo decisivo en la lucha de clases, entre los explotadores y los explotados, entre el sátrapa extranjero y los intereses nacionales.

En los acontecimientos de Nicaragua nosotros optamos por la verdad, es decir, la solidaridad con el pueblo y mientras otros tomaron el camino de la complicidad con los imperialistas y con la derecha explotadora.

Resulta importante que se conozca  algunos momentos importantes del carácter de las relaciones de los Estados Unidos y Nicaragua, después del triunfo de la Revolución Popular Sandinista, el 19 de julio de 1979.

A partir de ese momento se inició el despliegue de una brutal intervención de los imperialistas contra el gobierno revolucionario y, obviamente,  contra su pueblo.

El gobierno del norte y otros, cómplices descarados, iniciaron un agresión de tal envergadura, que según los organismos legales internacionales, los daños causados, calculados en términos monetarios, eran al menos de 17 mil millones de dólares ($17.000.000.000).

El 26 de julio 1917, “La Nación” publica una nota en que se refiere a un comunicado de la presidencia de Nicaragua que fue leído por la vicepresidenta compañera Rosario Murillo en que se dice que “Nicaragua exigirá a Estados Unidos el pago de la indemnización ordenada por la Corte Internacional de Justicia (CIJ) tras una condena en 1986 por financiar la guerra contra el gobierno revolucionario sandinista”. Y agrega la nota: “La decisión fue anunciada tras conocer que el Comité de Relaciones Exteriores del Congreso Estadounidense aprobó este jueves una “Ley de Condicionalidad de las Inversiones Nicaragüenses, conocida como Nica Act y que supondría sanciones económicas “si el Presidente Daniel Ortega no efectúa cambios políticos”.

En el documento citado, leído por la Vicepresidenta, según la publicación de “La Nación”, se dice: “Rechazamos y condenamos la Nica-Act como la continuidad de políticas históricas de injerencia imperial de los Estados Unidos en Nicaragua, señala el comunicado y advierte que Managua continuará “con su política de diálogo y fortaleciendo un modelo y proyecto inclusivo donde todos son protagonistas de la democracia”.

En la edición del 26 de julio de 2017 del mismo periódico se recogen declaraciones de la Embajadora de Estados Unidos en Nicaragua. Dice la nota: “La embajadora de Estados Unidos en Nicaragua, Laura Dogu, confirmó el miércoles que en su país existe gran preocupación por la cercanía del Gobierno del Presidente Daniel Ortega con Rusia y la manera en que este ha defendido en la OEA a la administración de su par venezolano, Nicolás Maduro”.  En esa misma nota se dice que la embajadora “precisó que a la nación que representa le interesa la información relacionada con un PRESUNTO espionaje que podría estar realizándose desde territorio nicaragüense por medio de un satélite ruso”.

Aquí se hace evidente el uso de la mentira, que es el método ya tradicional del imperialismo yanqui para justificar sus agresiones.

Es bien conocido que cuando se comienzan a divulgar medias verdades o grandes mentiras contra gobiernos independientes y progresistas es porque se está preparando una agresión. Muchas otras se hicieron contra  gobiernos y movimientos antimperialistas, es una constante histórica de su conducta injerencista en el mundo entero.

Basta leer el libro “LA DIPLOMACIA” (FONDO DE CULTURA ECONOMICA. México. 1917) de Henry Kissinger, ideólogo de primer orden del imperio, para confirmar esta sencilla verdad que podríamos resumirla así: primero las falsedades, después las bombas. No le fue posible ocultar los hechos del imperio.

A menudo no son las bombas yanquis, son sus dólares y sus agentes encubiertos los que cumplen la tarea criminal. Para efectos reales es el mismo crimen contra el pueblo. Este es el modelo, a nuestro parecer,  que se ha puesto en juego en Nicaragua en las últimas semanas.

En el hermano país levantaron una consigna relacionada con los servicios del Seguro Social, la protesta fue atendida por el Gobierno inmediatamente: derogó el decreto que contenía los cambios. Pero esa protesta fue apenas un detonador de un proceso injerencista cuyo propósito era dar un  golpe de Estado contra el Gobierno Sandinista. Esta estrategia injerencista ni es nueva ni es original, es un modelo de conducta del imperialismo norteamericano de hoy y de siempre.

En Nicaragua fracasaron y, pareciera que igualmente han fracaso en Venezuela. Fracasó un modo de hacer las cosas, pero no renunciarán a sus nefastos  propósitos. La lucha continúa y continuará durante muchos años.

El Presidente Trump llegó a proponer la invasión militar a Venezuela

A riesgo de alargar esta nota quisiera dar a conocer los principales elementos resolutivos del fallo de la Corte Internacional de Justicia de 27 de junio de 1986.

El punto 1.- es puramente procesal y por eso para los efectos de esta nota no es importante. También omitiremos otros puntos para poder publicar esta nota en Facebook.

He aquí los principales puntos con decisiones condenatorias contra los Estados Unidos

2.- Rechaza la justificación de legítima defensa colectiva invocada por los Estados Unidos de América en relación con las actividades militares y paramilitares en Nicaragua, objeto de este caso.

3.- Decide que los Estados Unidos de América, al entrenar, armar, equipar,  financiar y abastecer a las fuerzas contras o al estimular, apoyar y ayudar por otros medios las actividades militares y paramilitares en Nicaragua y contra Nicaragua han actuado, en perjuicio de la República de Nicaragua, infringiendo la obligación que les incumbe con arreglo al derecho internacional consuetudinario de no intervenir en los asuntos de otro Estado.

4.- Decide que los Estados Unidos de América, conciertos ataques realizados contra territorio nicaragüense en 1983 y 1984, a saber, los ataque contra Puerto Sandino los días 13 de setiembre y 14 de octubre de 1983; un ataque contra Corinto el 10 de octubre de 1983; un ataque contra la base naval de Potosí los días 4 y 5 de enero de 1984; un ataque contra San Juan del Sur el 7 de marzo de 1984; ataques contra patrulleras en Puerto Sandino los días 28 y 30 de marzo de 1984, y un ataque contra San Juan del Norte el 9 de abril de 1984 y que, además, con los de intervención mencionados en el inciso 3 del presente, que implican el uso de la fuerza, han actuado, en perjuicio de la República de Nicaragua, infringiendo la obligación que les incumbe con arreglo al derecho internacional consuetudinario de no usar la fuerza contra otro Estado;

5.- Decide que los Estados Unidos de América, al dirigir o autorizar vuelos sobre territorio nicaragüense, y con los actos imputable a los Estados Unidos mencionados en el inciso 4) delo presente, han actuado, en perjuicio de la República de Nicaragua, infringiendo la obligación que les incumbe con arreglo al derecho internacional consuetudinario de no violar la soberanía de otros Estado;

6.- Decide que colocar minas en las aguas internacionales o territoriales de la República de Nicaragua durante los primeros meses de 1984, los Estados Unidos de América, en perjuicio de la República de Nicaragua, infringieron las obligaciones que les incumben con arreglo al derecho internacional consuetudinario de no usar la fuerza contra otro Estado, no intervenir en sus asuntos, no violar su soberanía y no interrumpir el comercio marítimo pacífico.

8.- Decide que USA, al no dar a conocer la existencia y la ubicación de las minas por ellos colocadas, mencionadas en el inciso 6 del presente fallo, han infringido las obligaciones  que les incumben con arreglo al derecho internacional consuetudinario a ese respecto;

13.- Decide que USA tienen la obligación de indemnizar a la República de Nicaragua por todos los perjuicios causados a Nicaragua por las infracciones de obligaciones con arreglo al derecho internacional consuetudinario anteriormente enumeradas;

14.- Decide que los Estados Unidos de América tienen la obligación a la República de Nicaragua de todos los perjuicios causados en Nicaragua por las infracciones del Tratado de Amistad, Comercio y navegación entre la partes firmado el 21 de enero de 1956;

15.- Decide que la forma y monto de esa indemnización, a falta de acuerdo entre las partes, será determinado por la Corte, y reserva a esos efectos el procedimiento ulterior en el caso.

En las relaciones con Nicaragua y, obviamente, con muchos otros pueblos los gobiernos sucesivos de los Estados Unidos pueden ser calificados de delincuentes internacionales.

En el choque de ese delincuente con el Gobierno y el pueblo de Nicaragua, estamos con el pueblo, con su Gobierno y con el Frente Sandinista de Liberación Nacional.

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