Lula no ha hecho política para enriquecerse

Un amigo me ha hecho tres preguntas, desde México, sobre la situación en Brasil.

Las he respondido así:

1) ¿En qué circunstancias se ha dado el encarcelamiento de Lula da Silva?

Me parece evidente que el encarcelamiento de Lula se ha dado en un contexto de un cierto agotamiento del proceso político transformador que ganó vida al final de las dictaduras surgidas en los años 60 y 70 del siglo pasado. Un proceso que abrió válvulas de escape por donde se manifestó las aspiraciones políticas de sectores excluidos y avasallados durante esas dictaduras. Y que fueron, en muchos casos exterminados del escenario político.

A la vez, este proceso coincidió con el derrumbe de los países socialistas del este europeo, con la disolución de la Unión Soviética y el triunfo de las posiciones neoliberales que comandaron el proceso de globalización. Proceso que entró en crisis el 2007, crisis de la que no ha salido y de la que no saldrá indemne.

En América Latina esas fuerzas se han ido adueñando de los gobiernos, en la misma medida en la que el proyecto neoliberal desnuda sus falencias y que su apoyo tradicional, vinculado a los intereses norteamericanos en la región, también se debilitan.

Eso genera caos e incertidumbre. Pero el proceso ha avanzado y, para eso, han encontrado una nueva modalidad: la destitución institucional promovida por los parlamentos contra presidentes con débil apoyo parlamentario. Lo ensayaron (con éxito) en Honduras y luego en Paraguay. Y entonces se lanzaron contra la caza mayor: el PT en Brasil. Un debilitado gobierno de Dilma Rousseff no resistió el embate de fuerzas conservadoras que ya no tienen ningún proyecto de país, más que el de sus intereses más mezquinos.

Destituida Rousseff, había que terminar con toda posibilidad de retorno al poder de esos mismos sectores. Eso quiere decir Lula fuera de las elecciones. Digo todo esto sin desconocer errores. Pero en cuanto a corrupción –que la hay– la clave es un sistema político que necesita dinero –mucho dinero– para competir. Y todos los fueron a buscar donde había. Un problema muy grave.

Para mí, esas son las circunstancias que, en este momento, me parece necesario destacar.

2) Aunque se le acusa por corrupción y lavado de dinero, algunos expertos opinan que se trató más de una maniobra política para quitarlo de la candidatura presidencial, ¿qué opinión tienes al respecto?

Creo que parte de esta pregunta ya está contestada. Pero quiero insistir en el aspecto político de lo que está en juego. Cualquiera que haya acompañado el debate en Brasil se habrá dado cuenta de que se trata de inviabilizar la candidatura de Lula a la presidencia en octubre. Si lo dejan presentarse, gana, como lo indican todas las encuestas.

Como dijeron parlamentarios y académicos británicos, “desde la destitución de Dilma Rousseff, Lula ha sido objeto de una campaña concentrada en su contra, que ha violado sus derechos humanos básicos. Como parte de este proceso, Lula ha sido sometido a una persecución política y condena, ignorando la evidencia de su inocencia y desatando una crisis de confianza en la vigencia de las leyes”.

Sobre las campañas políticas (en Brasil y, me atrevo a decir, en cualquier lugar donde existen elecciones “libres”) se financian con dineros privados. En muchos países esa “caja dos” es ilegal. En Brasil también. Pero todos se financian así. Así es el sistema.

Lo otro es si algún político aprovecha la circunstancia para quedarse con algunos centavos. Ciertamente sí. ¿Quiénes? Muchos, en Brasil son decenas, quizás centenares, los acusados, y probablemente miles, en todos los niveles, desde el federal hasta el regional y el local.

¿Lula es uno de ellos? La discusión del caso sobre el que lo condenaron y metieron preso –el apartamento de Guarujá– no parece ser uno de ellos. Por lo menos en juicio no se pudo probar nada, mas que la “convicción” del juez y de los jueces de apelación.

¿El sitio de Atibaia? No se. El caso no ha sido discutido aun en los tribunales. Y hay otros de los que lo acusan también. Pero Lula no es un ladrón, ni se ha enriquecido robando. No ha hecho política para enriquecerse, como mucho de sus acusadores.

3) ¿Cómo queda el Partido del Trabajo ante este nuevo golpe que se ha dado contra una de sus principales figuras políticas y quizás contra el ex mandatario más popular que ha tenido Brasil?

Esa es una pregunta de difícil respuesta. Hay mucha especulación sobre el tema en Brasil. Un analista destacado, José Luis Fiori, escribió: “Ahora la libertad de Lula pasa a ser el gran candidato”.

Para Fiori, con la decisión de prender Lula “la farsa montada por la derecha llegó a su fin”. A partir de ahora, “se van a dividir a hacerse pedazos”. La lucha recién comienza, se abre un tiempo nuevo, la iniciativa “ahora es nuestra”, escribió.

Me parece que tiene razón. Lula ya planteó una agenda. Su discurso en el sindicato de metalúrgicos de São Bernardo do Campo, en vísperas de su detención, es memorable. No van a vender Petrobrás (la inmensa petrolera brasileña); vamos hacer una nueva constituyente; vamos a revocar la ley de petróleo que están haciendo; no vamos dejar que destruyan el Banco do Brasil ni el Banco Nacional de Desenvolvimento (BNDS), una institución que manejaba más recursos que el Banco Interamericano de Desarrollo; vamos a fortalecer la agricultura familiar, que produce 70% del alimento que se consume en el país, afirmó.

Es una propuesta importante. ¿Está el PT en capacidad de llevarla a cabo? Evidentemente hoy no. ¿Cuándo? Difícil responder.

El PT dejó de dar prioridad a las elecciones legislativas, a los gobiernos estatales y a las alcandías. De modo que Lula solo podía elegirse con el apoyo del mayor partido del país, el PMDB, hoy un rejuntado de todo tipo de oportunistas. “Si las fuerzas progresistas repiten la estrategia del PT, les va a ir muy mal”, afirmó el filósofo Marcos Nobre, en una larga entrevista.

 

Creo que tiene razón.

 

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Por: Gilberto Lopes

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