Por los obreros, los campesinos y todos los trabajadores

Estuvieron ausentes en la campaña electoral burguesas quienes debieron ser los principales. Me refiero a los obreros y a los campesinos.
Se criticó sin ninguna lógica a los empleados públicos y se clamó por los pobres.

Los salarios de una parte de esos empleados ha sido convertido en un supuesto factor principal de la crisis que, por supuesto, ha sido generada por los que ejercen el poder formal, especialmente el Poder Ejecutivo y los diputados y por la oligarquía en el ejercicio de un poder fáctico, que no se ve pero que es el que en última instancia la que toma las decisiones. El poder fáctico es el gobierno real, inspirado por los intereses de la clase dominante.

Por los pobres desde hace muchos años los políticos burgueses derraman lágrimas, tan abundantes y falsas como las de los cocodrilos.
Alrededor del problema de la pobreza todo es insustancial, incluyendo los métodos de su medición. La pobreza es la quintaesencia de la explotación capitalista. La lucha contra la pobreza conmueve a los amantes de la justicia y engaña a las víctimas. Es un buen negocio para los candidatos acostumbrados a decir sin tener que responder por sus palabras. Están enterados de que en materia electoral la mentira y el engaño no son delito. El arte de engañar está absolutamente autorizado para las campañas mal llamadas “democráticas”.

A los obreros de las plantaciones, a los de zonas francas y de todo el territorio se les niega el derecho constitucional a organizarse para defender sus derechos. El obrero sin organización es víctima de la brutalidad explotadora del capitalista, sin derecho a la defensa. Al que protesta y reclama, cuando le va bien, le entregan las prestaciones…Ahí se acaba su derecho constitucional. Se burlan todos sus derechos, en primer lugar su derecho a un salario justo. A la mayoría los obligan a vender su capacidad laboral por una remuneración inferior a la fijada por la ley. En las grandes empresas los obreros no son personas ni tampoco ciudadanos, viven de espaldas al derecho, porque los suyos no son reconocidos ni menos cumplidos. Los obreros, en las plantaciones vinculadas al imperio yanqui y, en muchas otras, con las mismas raíces, viven un régimen de esclavitud asalariada. Cuando han sido asesinados trabajadores por el reclamo de sus derechos o campesinos que quieren una parcela para vivir y dar vida, ni siquiera se han abierto juicios contra los culpables. Para la moral de los explotadores y de sus edecanes políticos, esos muertos serán sustituidos por otros esclavos y el dolor y las necesidades de los suyos serán un punto más en la estadística fría e insensible de la pobreza.

La economía campesina se está destruyendo ante nuestros ojos. También la de los pequeños pescadores. Los que mandan en el país fingen haber olvidado que esa economía necesita una contribución del Estado y que sin ella, según lo impone el neoliberalismo, están destinados a la desaparición.

Los neo traidores que no otra calificación merecen los neoliberales, encabezados por Oscar Arias, en la práctica hicieron desaparecer el Consejo Nacional de Producción. Esta institución estimulaba la producción y garantizaba la realización de sus productos a los campesinos productores de alimentos básicos y a los pequeños trabajadores del mar. A los campesinos se les garantizaba un precio (sustentación) mínimo para su cosecha y sabían de antemano que podrían venderla.

Los pequeños pescadores viven una crisis semejante a la sufren los campesinos.
Ahora importamos todos los alimentos básicos que antes producían nuestros labriegos. Hasta una buena parte del café que consumimos viene del extranjero.

Los campesinos están condenados por el Tratado de Libre Comercio, por la OMC, el FMI y toda la telaraña tejida por los apátridas que negocian el futuro del pueblo con gobiernos y explotadores extranjeros. A estos nefastos convenios hay que agregar que el comercio de artículos de alto consumo está monopolizado por un nefasto monopolio yanqui, Walmart. Ellos importan lo que debían comprar a nuestros productores.

Lo justo sería que las importaciones de esos productos fuera permitida solamente en caso de inopia.

Un país que importa sus alimentos tiene comprometida su libertad.

En el campo, tanto por la crisis de la economía campesina, como por el poder latifundario de monopolios extranjeros, crece la pobreza. Los cantones más pobres del país son aquellos en que los monopolios extranjeros han acaparado la tierra.

La pobreza se genera principalmente en las zonas rurales, pero por razones obvias esos nuevos pobres emigran a la ciudad. Muchos de ellos viven en condiciones infrahumanas y esta infamia genera problemas sociales que dañan terriblemente a la sociedad costarricense.
Los que producen la riqueza del país son sujetos invisibles, al menos para ceguera neoliberal de los candidatos a la presidencia y para toda la clase dominante.

Según su lógica solo es bueno para el país lo que sirve a los inversionistas nacionales y extranjeros y que, además, esté bendecido por UCCAEP.

Los candidatos a la presidencia, desdichadamente, son neoliberales y pro oligárquicos. Pero no son iguales. Nada puede ser peor, en este momento, que el establecimiento de un poder religioso, fanático y por fanático irracional.

La crisis es indetenible. La quiebra fiscal y la debacle económica que vendrá estimularán la lucha social, en busca de un modelo de sociedad nuevo, tanto en lo económico como en lo cultural.

El pueblo pobre y explotado solo tiene un camino, la organización, la unidad y la lucha. Todo ha de ser nuevo y original, una sociedad que acoja en condiciones de igualdad a todos los que necesitan vivir en un mundo mejor.

 

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Por: Humberto Vargas Carbonell

Secretario General PVP

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