El fútbol como propaganda política en Turquía

El presidente turco Recep Tayyip Erdogan ha entendido el poder del fútbol sobre su población y quiere aprovecharlo. No es algo nuevo, la historia nos muestra innumerables ejemplos en las que un dirigente político quiere sacar rédito político gracias al deporte. En este caso particular, desde el gobierno se ha invertido más de un billón de euros en reformar y construir recintos deportivos de máximo nivel. El ‘Sultán’, que presume de un pasado de ex-futbolista semiprofesional, ha querido dejar su firma con la construcción de grandes obras que sirvan para contentar a los aficionados al balompié en su país.

Basta echar un ojo a los 21 estadios construidos entre 2009 y 2017 para cerciorarse de la ‘burbuja’ impulsada por el mandatario. Pero esto no es todo: hay otras 17 construcciones planificadas para los próximos cuatro años y ya han empezado las obras de seis de ellas.

Entre todos estos recintos hay un denominador común: modernidad e implantación de la última tecnología. La capacidad en cambio es variable, desde 50 mil a solo 15 mil espectadores. La idea prioritaria es mostrar al mundo que Turquía es un país con potencial para organizar un evento importante, sin importar lo que cueste.

El sueño de Erdogan pasa primero por celebrar la final de Champions League del año 2020 y después ganar la candidatura de la Eurocopa de 2024 (dónde tendrán que enfrentarse a Alemania), un sueño que tiene en la mente desde hace algunos años ya que ya intentaron organizar la edición de 2016.

La última vez perdimos con Francia por un voto… y estaba Platini. Con Ceferin esperamos una asignación limpia”, Servet Yardimici, vicepresidente federación turca

Lo que no comentan los gobernantes turcos es el no cumplimiento de los Derechos Humanos y su situación política. El no reconocimiento del territorio kurdo y la guerra de las tropas oficiales contra el Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK) han constituido el escenario de una violación sistemática de los derechos humanos de la población civil. Ejecuciones, torturas y desapariciones han estado presentes de forma esquemática en todo el país. Siendo ocultadas y persiguiendo al cualquiera que quisiera aportar luz en este tema.

Existen numerosos informes de Amnistía Internacional y del Comité de Derechos Humanos del sistema de Naciones Unidas en los cuales se evidencian estas graves violaciones por parte de los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley. Violaciones que no han sido eficientemente judicializadas, por lo que la impunidad y la negación de la memoria sobre estos abusos habla de los resultados de las políticas turcas.

Erdogan quiere tapar todo esto con el fútbol. Y para ello no basta organizar finales y torneos internacionales, el presidente turco quiere que la Superliga local se convierta en unos de los cuatro mayores campeonatos de Europa. Actualmente es la sexta liga que más dinero mueve en el continente, permitiendo que clubes como Galatasaray, Besiktas y Fenerbahce acumulen una deuda total de alrededor de 850 millones de euros. Y eso a pesar de que cuentan con una legislación fiscal bastante favorable. El caso más preocupante es el del Galatasaray, descalificado por la UEFA en 2016 por no cumplir con el ‘Fair Play Financiero’, busca ‘arreglar las cuentas’ vendiendo terrenos deportivos con la ayuda de las instituciones.

Sin embargo, la política de continua compra-venta de jugadores no está favoreciendo a la competitividad del combinado nacional. En total, un 65,5% de los jugadores de la Superliga son extranjeros, dejando sólo en un 6,8% el porcentaje de futbolistas crecidos en categorías inferiores. Con estas cifras, Turquía se ha quedado fuera del Mundial, fuera de la repesca y derrotada en amistosos contra las selecciones de Albania y Rumanía.

En definitiva, Erdogan quiere aprovecharse de una sociedad dónde el fútbol es un patrimonio visible. Lo confirman los resultados de una encuesta federal que indican que los turcos ven una media de 2,6 partidos a la semana (niños y mujeres incluidos). El mandatario lo sabe muy bien y se esfuerza para que este deporte sea una bandera de su política, invirtiendo el dinero que haga falta.

 

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Fuente: Wanderers futbol

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