La discriminación es siempre nefasta, la igualdad es la aspiración principal de la humanidad

La Corte Interamericana de Derecho Humanos, ante consulta del Poder Ejecutivo, ha dejado establecido que es conforme a los derechos fundamentales tanto el matrimonio entre personas del mismo sexo y como que los documentos oficiales deban reflejar la identidad de género de cada persona.

Se trata de la posibilidad de generar un reconocimiento jurídico a lo que existe realmente, una realidad que históricamente se ha consolidado superando, como es bien sabido, sanciones sociales y condenas penales, algunas especialmente brutales.

Las relaciones realmente existentes deben ser reguladas, sobre todo cuando se trata de la salvaguarda de derechos humanos fundamentales. La sexualidad que ha de ser siempre íntima, es la manifestación de un sentimiento que une a personas por el más profundo de los vínculos humanos que es el amor. Lo principal, lo que es sujeto del respeto de los derechos humanos es el sentimiento y no lo derivado.

Lo mismo ocurre en la relación heterosexual, lo primero es el sentimiento y luego la manifestación física, que es la sexualidad.
Convertir esta cuestión en una discusión religiosa o ética es una auténtica subversión de los conceptos.

Cada vez que se ha intentado ordenar la vida social bajo preceptos religiosos, cuya vulneración sea penalmente reprimida se ha llegado a las formas más absurdas y brutales de represión.

Toda religión es, por su propia esencia, dogmática. Representan siempre, por esa misma razón, la imposición de verdades únicas que deben ser aceptadas sin demostración, es decir sin argumentos. Así es que la inteligencia sale sobrando. Cuando la inteligencia sobra reina el fanatismo. Francis Bacon, el bien conocido sabio inglés, lo resumió así: “Quien no quiere pensar es un fanático, quien no puede pensar es un idiota; quien no osa pensar es un cobarde”.
Bertrand Russell, también inglés, lo dijo de otra manera: “Muchos hombres cometen el error de sustituir el conocimiento por la afirmación de que es verdad lo que ellos desean”.

En la Edad Media el fanatismo religioso sirvió para “justificar” las más espantosas represiones, los más brillantes descubrimientos científicos hicieron que sus creadores fueron conducidos a las hogueras. Esto fue la inquisición. Nada más que para refrescar la memoria les pido que piensen en el destino de Giordano Bruno, Cesare Vanini, Miguel Servet y Galileo. En otra ocasión contaré sobre sus extraordinarias y sacrificadas vidas. Con ellos muchos otros fueron quemados en las hogueras inquisitoriales.

De los grandes males de origen desconocido se culpaba a personas o a grandes grupos humanos y se les sancionaba. Justificación ninguna, el fanatismo no la exigía.
Una muestra, nada más. “La aparición de la peste negra”, a mediados del siglo XIV, agravó el antijudaísmo, tanto en España como el resto de Europa, donde adquirió caracteres de auténtica tragedia…A medida que la cruel epidemia se iba extendiendo, la gente se puso a buscar “chivos expiatorios”…Hubo quienes acusaron a los leprosos, también se acusó a ciertos extranjeros, pero casi todo el mundo acabó por atribuir a los judíos.

“En la primavera de 1348 hubo una matanza de hebreos en el sur de Francia. Poco después, un juicio celebrado en Suiza agravó drásticamente el odio y la agitación. En Chillon (Francia), mediante atroces torturas, se obtuvieron unas cuantas confesiones: envenenaban las aguas y contaminaban la atmósfera…Sin embargo, los judíos enfermaban y morían de la peste como los más piadosos cristianos. En Estrasburgo, se llegó a quemar dos mil en un solo día; en algunos lugares de Alemania se les daba muerte y sus cadáveres metidos en barricas, eran arrojados a los ríos, extendiendo de paso la plaga. Y en Basilea los encerraban en barracones de madera a los que prendían fuego…Muy pocas comunidades judías quedaron indemnes”. (Historia de la Inquisición Española. Martin Walker. Págs. 32/33)
Del libro citado podría copiar mucho, pero este medio no lo permite, pero sí recomiendo la lectura de sus 512 páginas.

Como entonces los judíos, ahora los homosexuales y otros son los culpables de todos los males morales y éticos. Son casos distintos pero igualmente discriminatorios.

Los gestores del escándalo se presentan como defensores de la familia, pero no hablan de casos concretos. Efectivamente los lazos familiares se han debilitado notoriamente. Alguna vez por razones absolutamente justificadas, entre las cuales, la primera son los avances de la toma de conciencia de su propia dignidad por las mujeres. Durante muchos años la familia fue en apariencia más estable porque se basaba en el sometimiento y discriminación de las mujeres y especialmente de las madres amas de casa. La estabilidad familiar basada en tales circunstancias fue y continua siendo una desgracia social.

Además contra la estabilidad familiar atentan la pobreza, la desocupación, la marginación social, los restos (muy grandes) de la discriminación machista.
Los redivivos torquemadas callan estas circunstancias y callan la realidad concreta y apelan a conceptos abstractos, absolutamente vacíos.
El crimen sexual más grave es la agresión y el abuso contra menores de edad, una buena parte de esos delitos se cometen protegidos por las paredes de los templos. Sobre esto callan y así protegen a los malditos abusadores. Una parte sustancial de estos delincuentes son familiares de los agredidos, en algunos casos sus propios padres.

Me pregunto ¿Por qué no se dedica el esfuerzo que ahora enderezan contra la población homosexual a la defensa de las niñas y niños ultrajados por sacerdotes, pastores, familiares y otros?
Es una vez más el mundo al revés. Buscar chivos expiatorios y usarlos para cubrir las iniquidades reales que han roto el tejido ético de la sociedad costarricense.
La diversidad sexual es esencialmente obra de la naturaleza, no es una enfermedad ni una proclividad al vicio. Son seres humanos iguales a todos los demás con el rasgo singular de su preferencia sexual. Y siendo iguales cualquier distinción negativa es discriminación.

La discriminación es un crimen y un crimen gravísimo. Millones de personas han perdido la vida o han tenido que sufrir miserias y vejámenes terribles por las diversas modalidades de discriminación. Todos tenemos el deber de luchar contra todas las manifestaciones de discriminación.

La peor de las discriminaciones es la sufren los pobres en el mundo del capital, sean blancos, amarillos o negros, sean hombres o mujeres, sean sabios o ignorantes, sean religiosos o ateos. No existe discriminación aceptable. No hay “países de mierda”, pero sí gobernantes que valen menos que eso.

El tema se convirtió en tema político y su promotor principal es el sucesor de Justo Orozco que fue diputado y Presidente de la Comisión de Derechos Humanos de la Asamblea Legislativa. Este señor fue acusado por delitos de carácter sexual, aunque no condenado por un arreglo extrajudicial.

Estoy hablando del diputado Fabricio Alvarado, quien debe estar feliz de que la Resolución de la Corte le haya dado la posibilidad de exhibir sus capacidades demagógicas. Se abrió la puerta para violentar el párrafo final del artículo 28 de la Constitución Política que dice: “No podrá, sin embargo, hacer en forma alguna propaganda política por clérigos o seglares invocando motivos de religión o valiéndose, como medio, de creencias religiosas”.

A todos los costarricenses les pido que no permitamos que se imponga en nuestro país el fanatismo religioso. Luchar contra semejante intento es luchar por un futuro mejor para todo el pueblo.

 

Humberto Vargas Carbonell
Partido Vanguardia Popular

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