En respuesta a Don Abel Vargas

En ese complejo mundo de opiniones, informaciones, verdades y mentiras que es FB, el señor Abel Vargas me pide que diga qué pienso sobre el Frente Amplio. Es necesario hacer una primera diferencia entre las bases, los votantes de 2014,  la dirección de ese partido y su fracción parlamentaria.
En esa elección el Frente Amplio, en términos generales, recibió los votos de los ciudadanos más conscientes y responsables. Tengo la mejor opinión de lo poco que conozco de sus bases, desgraciadamente débiles orgánicamente.
En las elecciones pasadas tuvo posibilidades de propaganda que nunca antes tuvo ninguna organización de la izquierda. Logró contratar a una poderosa agencia de publicidad y Canal 7  incluyó al candidato Villalta entre los 5 que participaron en todos los debates públicos organizados por esa empresa. Se trató de condiciones especialmente favorables desde el punto de vista electoral.
La elección de 9 diputados constituyó en salto cualitativo en la presencia legislativa de un partido considerado de izquierda en nuestro país.
Se abrieron posibilidades políticas que no fueron adecuadamente utilizadas.
El jefe de fracción del FA, al inicio mismo de su gestión, declaró públicamente que el Gobierno de Solís significaba un giro a la izquierda. Durante un largo período esa concepción dominó la acción  de la fracción parlamentaria, aunque hubo excepciones a las que nos referiremos después.
Quedó claro que el objetivo estratégico de ese partido fue buscar una alianza con un gobierno que, como queda demostrado, casi cuatro años después no se mostró capaz de algún cambio positivo en favor del pueblo trabajador o para la defensa de la soberanía nacional.
No podíamos aceptar esa concepción estratégica, que se ha mantenido con variantes hasta el día de hoy.
El Frente Amplio participó en la iniciativa de Otón Solís de hacer un plan nacional que debía resultar de una negociación de todos los partidos con representación parlamentaria. Se publicó en enorme documento de acuerdos y discrepancias, pero con compromisos que comprometen la ética política.
No nos pareció correcta esa participación y esas conclusiones. Ahí quedó diluida la naturaleza progresista de ese partido.
Consideramos negativamente que el apoyo al Código Procesal Laboral y el apoyo inicial al proyecto de conversión del uso del agua en  mercancía y no un derecho humano fundamental.
La fracción del Frente Amplio nunca logró la cohesión política y moral imprescindible para cuestionar a fondo el modelo neoliberal, así como todas las formas de explotación y  menos aún el entreguismo a la clase dominante. Nunca prestó atención especial a la tarea más importante para las organizaciones de izquierda: la organización para la lucha y la unidad de todo el pueblo.
Esta línea central provocó la disgregación de la fracción parlamentaria.
En nuestra opinión la diputada Ligia Fallas cumplió a plenitud con su compromiso con el pueblo y la dirección del FA la atacó hasta  límites inadmisibles de insulto y de la afrenta personal. Nosotros respetamos de manera especial a la diputada Fallas por sus luchas y sus ejecutorias.
Nos pareció incorrecto que el señor Villalta guardara silencio, casi absoluto, sobre los problemas del pueblo durante los cuatro años de la gestión de Solís Rivera.
Ahora lo que es nuestra responsabilidad.
El FA jamás buscó algún modo de unidad y cooperación con el PVP.
Durante la lucha contra el TLC por iniciativa de la Dirección del PVP me reuní con José Merino para proponerle alguna colaboración o unidad en esa lucha. En una de esas reuniones estuvo presente el señor Villalta. En ambos casos nuestras propuestas fueron rechazadas.
Distintos personeros del FA, principalmente su Secretario General, señor Ulloa, regularmente atacaba al PVP y a quien esto escribe con la misma saña con se atacaba a la diputada Ligia Fallas.
Una aclaración necesaria. El PVP está de acuerdo en conversar con personeros del FA para lograr la unidad u otras formas de colaboración. Nuestras únicas condiciones son: un programa o un conjunto de consignas comunes, siempre con el propósito de levantar la lucha popular ahora tan debilitada y manteniendo relaciones basadas en el respeto mutuo, sin hegemonismo. Fuera de ese marco es imposible la colaboración entre organizaciones políticas, cualquiera su orientación filosófica o sus métodos de lucha.
Seguiremos luchando por la unidad popular y en ese propósito haremos lo posible por vencer todos los obstáculos. Las puertas del PVP están abiertas para todos los luchadores, sin que importen los detalles o las divergencias coyunturales. La cuestión es unir a los que los explotadores quieren enfrentados y divididos. Los explotadores dicen: “divide y vencerás” y nosotros contestamos: “unidos venceremos”.
No basta ser la izquierda del régimen que repudiamos, lo decisivo es luchar por una nueva sociedad de igualdad y justicia.
Humberto Vargas Carbonell
Secretario General PVP
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