Costa Rica: En defensa de la Revolución Bolivariana

Al Canciller Manuel González Sanz y Gobierno de la República de Costa Rica

 

A modo de introducción

En el transcurso de la historia de América Latina, quizás no exista tarea más complicada, difícil, preñada de contradicciones y dificultades de todo tipo, que el esfuerzo por llevar adelante una Revolución Social verdadera. Una vez finalizado el prolongado período de las luchas por la Independencia de España y otras potencias coloniales, el capitalismo como sistema social, se instaura a lo largo y ancho del continente. Otro elemento que debemos incorporar en esta reflexión, a pesar de que vivimos en un período avanzado y casi decadente del sistema capitalista mundial, es que las revoluciones sociales son enteramente distintas unas de otras. Nos hemos acostumbrado a demarcar los períodos de la historia sujetos en gran medida a las estructuras planteadas por los grandes pensadores sociales con Carlos Marx a la cabeza, pero ellos tuvieron la prudencia, el talento y la penetración para comprender que las grandes categorías que nos permiten interpretar épocas históricas y los factores determinantes de un sistema social en nuestro caso, el capitalismo, son formidables esfuerzos intelectuales de extraordinaria utilidad para caracterizar la naturaleza y los factores determinantes de cada uno de ellos. El propio Lenin, tuvo el extraordinario genio y la perspicacia para predecir aquel giro decisivo del sistema capitalista que pasó de ser en un modo de producción impregnado de características propias durante una larga y prolongada etapa, hasta que producto de su propio desarrollo fue adquiriendo la connotación de un poderío cada vez mayor, que trascendía su propia estructura productiva y por ende sus propias limitaciones geográficas. Habló entonces de “el imperialismo, etapa superior del capitalismo” con lo que puso al día las nuevas características de ese sistema social y lo hizo no con un simple deseo de teorizar sobre el desarrollo capitalista, sino que se propuso aplicar sus conclusiones al proceso social, político y revolucionario que con que enfrentaba y que al mismo tiempo conducía en su país, Rusia.

Debemos agregar que ninguno de esos grandes teóricos que les aportaron a las ciencias sociales una visión enteramente nueva, tuvo nunca la intención de escribir y ponerle punto final a los temas que, con magistral hondura, examinaban para efectos de sintetizar su dinámica y sus efectos en el mundo contemporáneo.

La realidad es que la sociedad humana no ha dejado, ni un solo instante en conducirse a sí misma por derroteros ignotos, en medio de avances y retrocesos, de hechos y acontecimientos que le dan características particulares y a veces radicalmente distintas a las que la precedieron.

Señalamos todo esto porque debemos estar preparados, todos los luchadores sociales, para someter a un permanente examen y revisión nuestras conclusiones aun cuando sabemos que ese término, “el revisionismo”, está de sobra satanizado entre algunas organizaciones y grupos sociales. Pero es quizás eso mismo, el revisionismo, una de las características más notables de la ciencia del siglo XX que no ha cesado, ni un instante, en examinar y poner a prueba con nuevos y novedosos instrumentos, las conclusiones más importantes de las teorías o conclusiones científicas que la precedieron.

¿Qué sería de la ciencia de nuestros días si no estuviera sujeta a la provisionalidad que les aporta a muchas de las grandes conclusiones y a sus propias leyes, los nuevos instrumentos del análisis de la materia, tanto instrumentales como intelectuales, a que la enfrentan los saltos temerarios y sorprendentes de las continuadas revoluciones científicas y tecnológicas de nuestro tiempo? Pero entretanto, las ciencias sociales carecen muchas veces de ese examen particularizado y penetrante a que están obligadas, y demostrar con ello que son capaces de aportar sus conclusiones a veces en espacios tan reducidos como el de los pequeños países de Centroamérica.

Pensamos que, por eso mismo, para efectos de impulsar y comprender los derroteros de las revoluciones sociales que se producen en América Latina, en “Nuestra América como la llamaba Martí”, debemos entender que ninguna se hace monitoreada o conducida desde afuera, sino que sus procesos determinantes sólo pueden ser concebidos y ejecutados por los luchadores locales, que libres de todo embarazo o condicionamiento externo, están obligados a señalar los caminos pertinentes. Aun así, los errores y las rectificaciones resultan indispensables. Pero lo peor, lo más dramático, es cuando petulantes sabihondos que aparecen de vez en cuando, algunos exaltados por los grandes medios de comunicación y convertidos por arte de magia casi en conductores universales, se convierten en críticos implacables de los pueblos y les dicen lo que es bueno o lo que es malo para ellos.

Digamos que el derecho a la crítica es un derecho concebible e inevitable en el pensamiento universal. Pero la honradez y la prudencia, el respeto por las decisiones que toman los pueblos o naciones en esos candentes períodos de revoluciones sociales, nos exigen a todos una enorme prudencia y una clara adhesión a la búsqueda permanente de transformaciones sociales indispensables para el bienestar de los pueblos.

Debemos tener presente, además, que esa lucha social, política, ideológica y si se quiere, espiritual, entre quienes luchan por lograr cambios sociales determinantes en beneficio de las grandes mayorías y las fuerzas que están empeñadas en no ceder ni el más pequeño de sus privilegios, es una lucha inevitable.

Hasta el día de hoy, en esa lucha llevan la delantera las clases que se empeñan en prolongar ese sistema social, el capitalismo, que mantiene a la humanidad y a los pueblos divididos y postrados, entre aquellos que lo poseen casi todo y los que no poseen casi nada. Sirva esta conclusión para decir que, durante muchos años, los revolucionarios hemos incurrido en el error de pensar que las transformaciones sociales en beneficio de los pueblos, se realizan de un día para otro o en breves y agitados períodos de tiempo.

No hay dogmas. En nuestros días es posible, como en los casos de Venezuela, Bolivia y Ecuador, ascender al gobierno sobre la base de una propuesta aprobada y aceptada por las grandes mayorías ciudadanas; ascender al poder del Estado en virtud de la participación en procesos electorales y la aprobación de programas transformadores. Esto exige disponer de medios eficientes de formación ciudadana, así como la emergencia de liderazgos de gran dimensión humana y política, que permitan cambios sustanciales en la conciencia colectiva. Esto exige también la construcción de organizaciones políticas y revolucionarias y formas de conducción que permitan lo que antes era impensable: anticipar el desarrollo de la conciencia ciudadana de modo que las grandes mayorías puedan optar por cambios y procesos transformadores sin necesidad de recurrir a lo que durante mucho tiempo constituyó un dogma irrebatible; “que el ascenso al poder del Estado por parte de una fuerza social y un programa revolucionario, sólo era posible por medio de la violencia”.

Éste fue el planteamiento de los revolucionarios chilenos que lograron el ascenso de Salvador Allende a la Presidencia de la República en virtud de un proceso electoral democrático y esencialmente pacifico. La brutalidad y los crímenes de Pinochet, incluido el asalto al Palacio de la Moneda y el asesinato del Presidente Allende, terminaron de persuadir a amplísimos sectores sociales del continente, que el triunfo de la Unidad Popular constituía una experiencia irrepetible. Sin embargo, los costarricenses podemos reivindicar, por nuestro lado, un acontecimiento también inédito en Nuestra América cuando durante los años 40 del siglo pasado, con la conducción del Presidente Calderón Guardia, la Iglesia Católica encabezada por Monseñor Sanabria y el Partido Comunista por Manuel Mora, impulsaron extraordinarias reformas sociales: Código de Trabajo, Capítulo Constitucional de las Garantías Sociales y Caja Costarricense del Seguro Social, entre otras.

Aceptando sin reservas que “las Revoluciones son las Parteras de la Historia”, esos partos no están sujetos a las prácticas hospitalarias que conocemos, es decir: breves, asépticos, controlados, iguales o parecidos y menos aún, sujetos a un aprendizaje práctico, sino que exigen a quienes participamos en ellos, estimular y participar en una constante y enriquecedora discusión, además de organización y participación ciudadana, no dar nada por sentado o absoluto y una vez tomadas las decisiones cardinales, ejecutarlas con fortaleza y determinación desde el lugar donde nos encontremos.

Pero una buena parte de estas líneas están dedicadas a examinar el caso de Venezuela y demostrar la profunda hostilidad que son capaces de crear las fuerzas organizadas de la extrema derecha, junto al impulso de procesos inéditos de cerco mediático, violencia callejera de una brutalidad y criminalidad inéditas y activa preparación de distintas variantes de golpe de Estado.

Es por eso que hemos querido aprovechar algunas de las intervenciones y documentos emitidos por el actual Canciller de la República de Costa Rica, en las que expresa opiniones sumamente adversas, sobre los acontecimientos sociales y políticos acaecidos en la República Bolivariana de Venezuela, durante el proceso de desarrollo de la Revolución Social iniciada por el comandante Hugo Chávez Frías y que ha continuado, hasta el día de hoy, en ese hermano país.

El señor canciller González Sanz ha aceptado de buen grado, convertirse en un vocero de las fuerzas de extrema derecha que por ninguna razón pueden aceptar el ascenso y consolidación de la Revolución Bolivariana iniciada por el comandante Hugo Chávez Frías. González Sanz se prevalece del lugar donde está ubicado, para contravenir de modo flagrante uno de los principios sin los cuales no existiría la diplomacia internacional, léase la Organización de las Naciones Unidas, ni los principios que la rigen, como son la autodeterminación de los pueblos, a los que debemos sumar esos valores aprendidos a duras penas: el respeto a las decisiones soberanas de los estados y la no injerencia en los asuntos internos de otros países.

Tendría que estudiar un poco el señor Canciller sobre las históricas y especialmente penosas experiencias sufridas en Nuestra América, por las decenas de acciones violatorias de esos principios y llevadas a cabo de manera práctica, bárbara y aún más, criminal, por la política injerencista de varios gobiernos de los Estados Unidos. Tendría que examinar González Sanz, los dramas sociales de América Latina: pobreza, desnutrición, analfabetismo, inapropiada distribución del ingreso, fraudes electorales, muertes y torturas de estudiantes, dirigentes sociales, obreros y campesinos y representantes de los partidos de izquierda. En fin, González Sanz pasa sobre ascuas los peores ejemplos de las desigualdades sociales y los incontables crímenes cometidos contra centenares de dirigentes políticos y sociales, presidentes democráticos incluidos, flagrantes violaciones de la libertad de opinión, de prensa y organización. Obviamente que nadie es culpable de su ignorancia, salvo que con la mayor desfachatez y tal como ocurre ahora, la pone en evidencia y se suma al vocerío contra Venezuela.

Según parece, el Ministro González, proclama a gritos su ignorancia porque es evidente que no ha leído una coma de las acciones intervencionistas de los Estados Unidos, al menos desde que se inicia el período del llamado Destino Manifiesto.

Nosotros le recordamos que, en 1904, Theodore Roosevelt, entonces Presidente, declaró que los Estados Unidos tenían el derecho de intervenir en los asuntos internos de América Latina.

Según sus propias palabras, esto significaba que: “Si algún país de América del Sur se comporta mal, debe ser castigado”

Y fue así como en 1904, ese mismo mandatario Theodore Roosevelt declaró con todas sus letras que “los Estados Unidos tenían el derecho de intervenir en los asuntos internos de América Latina.”

No citamos más a Theodore Roosevelt , porque no existe un solo latinoamericano, por mínima que sea su cultura política o por escasa que haya sido su incursión en los estudios de Derecho o en las Ciencias Sociales, que ignore como Roosevelt y la mayor parte de los Presidentes que le sucedieron, en mayor o menor medida, han continuado ejerciendo ese supuesto derecho, percibido como parte de las relaciones con una región, Nuestra América, que es a menudo conocida como “El Patio Trasero de Estados Unidos”.

Un hecho reciente es el que se refiere a la reunión de presidentes de Centroamérica convocada en Guatemala por el Presidente George W Bush, para que le dieran su apoyo a la intervención que los Estados Unidos fraguaba contra Irak. Se produjeron algunas flaquezas. Algunos de los presidentes se mantuvieron firmes en su rechazo a aquella pretensión intervencionista que buscaba el aval de nuestros países para la terrible y mortífera intervención que se produciría poco tiempo después. El Presidente de Guatemala, Vinicio Cerezo, nos expresó en el programa “Diagnóstico” que dirigíamos en canal 13, que él mantuvo, junto al presidente de Costa Rica don Oscar Arias, una rotunda negativa al plan injerencista de los EEUU. Lo cierto es que por su firme negativa a la espantosa guerra que iniciaría la intervención generalizada de los Estados Unidos en el Medio Oriente, nuestro entonces Presidente, Óscar Arias, obtuvo merecidamente el premio Nobel de La Paz.

Como tantos hechos en la vida de los dirigentes sociales y políticos, solo sus propios actos dirían, hasta dónde llega su voluntad de continuar mereciendo ese premio ante los ojos de la humanidad que observan de cerca, su actitud de enfrentamiento o complacencia con la desembozada y brutal intrusión del gobierno norteamericano en el caso de Venezuela que hoy comentamos.

Puede haber una explicación, aunque no sería, total y naturalmente satisfactoria. El Partido Liberación Nacional (PLN) de Costa Rica vio siempre al Partido Acción Democrática de Venezuela como un partido hermano, movidos ambos por el pensamiento socialdemócrata. Pero Oscar Arias ha sido, si no el gestor, el principal responsable del brutal giro a la derecha del PLN, a quien tantas cosas positivas deben Costa Rica. Una observación se hace indispensable. Esa posición patriótica y progresistas del PLN, se realizó bajo la conducción del viejo caudillo José Figueres Ferrer. El retroceso hacia posiciones retrógradas ha sido, casi fundamentalmente, responsabilidad de los gobiernos de Oscar Arias. Ha sido él, más que ningún otro dirigente, el que ha lanzado a este viejo partido a posiciones antinacionales, antipatrióticas o francamente entreguistas. Es el caso del Tratado de Libre Comercio, “TLC”, junto a la política de privatización y “apertura” de empresas públicas que fueron, en su momento, la gloria de su propio Partido. Ese impulso vende patria y por ende antipatriótico, continúa.

Además, en el caso de Venezuela, asunto que debe dirimir el propio pueblo de ese hermano país, Acción Democrática ha continuado el giro hacia posiciones cada vez más conservadoras.

Volvamos a nuestro Ministro de Relaciones Exteriores. Casi con seguridad, el señor González Sanz, Ministro encargado, jamás leyó ni media página de ese gran maestro costarricense, sólido antiimperialista y uno de los padres de la historiografía política de nuestro continente, Don Vicente Sáenz Rojas, ni sabe nada del amargo período de las dictaduras o de la espantosa intromisión estadounidense, guerras y miles de muertos incluidos, en la política centroamericana, ni de los escritos de autores o diplomáticos de la envergadura de nuestro entrañable amigo y maestro guatemalteco, portador del honroso título de “Canciller de la Dignidad”, Don Guillermo Toriello Garrido.

En estas páginas deseamos mostrar cómo este funcionario, el señor González Sanz, a quien el gobierno le ha encargado la tarea de conducir las relaciones exteriores del país, es parte del viejo e invariable proyecto de atar a los pueblos de América Latina a ese mencionado esquema del “patio trasero”. Es probable que el propio gobierno del Lic. Solís Rivera, vea con displicencia las actitudes de su canciller. Pero no debe olvidar que, para efectos de la historiografía de América Latina, nada marca y señala más a un Presidente, que su política exterior.

Agregamos que la historia de los países, en su constante movimiento, da giros permanentes e imprevistos y regresa, una y otra vez, a la aspiración por construir sociedades justas, soberanas e independientes. De modo que no es una fácil tarea ser Canciller en momentos como este, cuando aún el hermano pueblo de México, victorioso de mil batallas por su teoría constitucional y democrática de la Doctrina Estrada, decidió mandarla al cajón de la basura. Aun así, ya verán los mexicanos como se resarcen de la penosa situación en que los coloca su gobierno. Eso será posible al menos cuando superen la terrible pena que les ha infringido en estos meses, la madre naturaleza.

Cambios permanentes y progresistas en América Latina y el mundo

En estos últimos años, se produjeron auténticas transformaciones sociales en una buena parte de los países de América Latina y principalmente en América del Sur. Gobiernos populares y de auténtico ímpetu latinoamericanista y progresista, hicieron su aparición en Brasil, en Argentina, en Bolivia, en Ecuador, en el Uruguay, en El Salvador, en Nicaragua y en Venezuela y tal parece que también en algunas naciones insulares del Caribe. En todos esos pueblos hermanos se crearon y desarrollaron gobiernos progresistas que en unos pocos años modificaron en profundidad la correlación de fuerzas políticas y sociales de Nuestra América.

También tomó impulso y se consolidó la organización de países productores de petróleo, OPEP. Esto significó que, por primera vez en la historia, los únicos y legítimos dueños de ese recurso, comenzarían a convertirse en los propietarios de una riqueza sin la cual sería impensable el desarrollo industrial y social del propio capitalismo desarrollado y menos aún, el progreso social y económico de los países donde se extraía el recurso. La OPEP como organismo, comenzó a tomar decisiones cardinales sobre los procesos de explotación, producción y comercialización del crudo. Es necesario decir aquí, que fue precisamente un insigne venezolano, Juan Pablo Pérez Alfonso, el que concibe la construcción del cartel petrolero y con extraordinaria iniciativa, lo pone en marcha.

Quizás es necesario decir algunas palabras sobre Pérez Alfonso. Su participación política tiene mucho que ver con Costa Rica por una razón sencilla. En sus orígenes políticos estuvo adscrito al partido político de ideología social demócrata Acción Democrática, AD. Allí en Venezuela, este partido también en sus orígenes mantuvo  en algunos campos, posiciones avanzadas y democráticas, tal como ocurrió con el Partido Liberación Nacional, PLN, en Costa Rica. Ambos partidos mantuvieron durante muchos años estrechas vinculaciones y no podemos olvidar que el fundador de esa organización en Venezuela, Rómulo Gallegos, había venido años antes a nuestro país y había sido militante del Partido Comunista tal como me lo contara, con lujo de detalles, el gran dirigente nacional Manuel Mora Valverde.

Allá en Venezuela, Pérez Alfonso, durante el primer gobierno de este partido (1945- 1948) fue Ministro de Fomento de la Junta Revolucionaria de Gobierno presidida     por Rómulo Betancourt. Desde ese ministerio conoció en profundidad los detalles de las actividades petroleras que su ministerio controlaba. En1958 regresó de su exilio en México a prestar un servicio público como Ministro de Minas e Hidrocarburos de Venezuela, durante el gobierno que presidió el Presidente que mencionamos (1959-1964). Desde su ministerio impone la tasa del «Fifty Fifty» y en distintas reuniones internacionales, sobre todo con países petroleros del Medio Oriente propone la creación de una organización de países productores de petróleo que poco tiempo después se convertiría en la OPEP.

Desde un inicio la OPEP logra hacerse sentir en el mercado controlado y prácticamente monopolizado por el cartel de grandes corporaciones y que el escritor norteamericano Samson, bautizaría con el título de las “Siete Hermanas” en un libro que lleva ese nombre.

A principios de 1960, Pérez Alfonso asistió en El Cairo, al frente de la delegación venezolana, al “I Congreso Petrolero Árabe” donde se reúne con el futuro ministro de petróleos de Arabia Saudita Abdullah al Tariki, a quien le confió su propuesta de formar un cartel petrolero con un sistema de cuotas de producción que estabilizara los precios por la vía del volumen de oferta y así evitar el despilfarro económico de un recurso que se agota sin posibilidad de renovarse. La propuesta fue aceptada sin reservas por los países productores del golfo Pérsico y en agosto de aquel mismo año fue fundada la OPEP.

La OPEP continúa hoy como una organización emblemática y decisiva de los países productores de petróleo, para una activa recuperación de las riquezas minerales que poseen esos pueblos.

Los procesos en marcha en América del Sur, encabezados por Venezuela, resultaban inaceptables y lo que era más grave aún, ellos se producían en un momento de severo declive de la economía capitalista mundial, en medio de la más severa crisis de este siglo, en 2008, principalmente en los Estados Unidos y en la Europa occidental. En esos mismos momentos, la situación económica de los Estados Unidos y su deuda externa, preludian nuevas y complejas crisis.

Casi al mismo tiempo, comienza a desarrollarse otro acontecimiento de gravísimas consecuencias para el poderío imperial del mundo capitalista occidental y sobre todo para los Estados Unidos. Hablamos de ese movimiento en virtud del cual comenzó a articularse una nueva forma de unidad, que iba mucho más allá que aquella trascendental unidad que condujo a la formación de los No Alineados. Nos referimos a los BRICS, denominación que está formada por las iniciales de los nombres de los países que la forman: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. Cualquier cosa podía ocurrir, menos que los Estados Unidos permitieran el desarrollo y la consolidación de esta nueva forma de unidad. Estos países, no pueden ser calificados de tercermundistas ni de países en vías de desarrollo, sino que la mayor parte de ellos viven un proceso ascensional en sus economías internas y en el comercio internacional.

Esta situación de los llamados BRICS los convierte en un peligro potencial de incalculables alcances, para las economías capitalistas que podríamos llamar, desarrolladas, como son los Estados Unidos y Europa occidental.

Aunque el único país socialista que forma parte del grupo sea la China, es la versión de una unidad enteramente nueva y cuyo objetivo central es darle independencia económica y política al desarrollo ascendente de sus economías, de su presencia en el comercio mundial y de una activa y novedosa participación en la revolución científica y tecnológica de nuestro tiempo. Pero quizás el aspecto más trascendental está por venir y consiste en la modificación de los famosos acuerdos de Bretton Woods DE 1944. Fue en esos acuerdos, pocas semanas antes de concluida la Segunda Guerra Mundial, cuando bajo la implacable exigencia de los Estados Unidos, con la clara oposición de uno de los más notables economistas de nuestro tiempo, John Mainar Keynes, se crea la paridad dólar-oro según la cual, el valor internacional del oro, de ahí en adelante, estaría tasado en dólares, de modo que una onza Troy de oro equivalía a US $35 emitidos en monedas o billetes por la Reserva Federal de los Estados Unidos.

Este nuevo orden económico internacional y la equivalencia dólar-oro, le permitía a los Estados Unidos imprimir una moneda que sería aceptada en el mundo entero -en virtud de la equivalencia señalada- exactamente igual que si se tratara de oro físico. Algunos países se opusieron, como fue el caso de Francia bajo el mandato inequívoco el general de Gaulle. Los voceros de semejante medida lo expresaban de manera sencilla y a la vez contundente. Los representantes del gobierno de Estados Unidos dijeron textualmente:

“el principal objetivo fue poner en marcha un Nuevo Orden Económico Internacional y dar estabilidad a las transacciones comerciales a través de un sistema monetario internacional, con tipo de cambio sólido y estable fundado en el dominio del dólar”.

En esas condiciones, a los Estados Unidos le resultaba inaceptable que un país como Venezuela fuera puerta occidental de ese lago determinante que es el Caribe, donde destaca Cuba, el Canal de Panamá y que constituye, como mar interior, el paso obligatorio de una parte enorme del trasiego de materias primas y productos industriales de México, todo el suroeste de los Estados Unidos y el paso marítimo obligatorio entre el este y el oeste de los propios Estados Unidos.

Lamentamos que, en nuestro pequeño país, inteligencias destacadas de algunos medios, partidos políticos y otros grupos sociales, hagan coro con la más persistente e insidiosa campaña de la historia moderna del continente y de América Latina contra un hermano país, Venezuela en particular. Algunas de esas personas que se suman al empleo sistemático de la mentira contra Venezuela, son incapaces de verse a sí mismas, de aceptar que han estado sumergidas de lleno en la vida social, económica y política de la mayoría de nuestros pueblos, teniendo que padecer por decenios la vida, al interior de estados nacionales impregnados hasta los tuétanos de desigualdades de todo tipo.

Y debo aclarar que no nos referimos a la crítica, en el mejor sentido de la palabra, que por dura y severa que sea, debe ser asimilada, valorada y comprendida como una herramienta indispensable para los propios cambios sociales, las enmiendas y las rectificaciones que tanto nos urgen.

Fue así, por los “peligros” y el “mal ejemplo” que la Revolución Bolivariana ha implicado, que esa campaña contra Venezuela difícilmente se detendrá en el corto o mediano plazo; fue así como, sin detenerse un solo instante, se puso en marcha la maquinaria política, mediática, económica y militar del gobierno norteamericano. Pero hasta hoy, ningún gobierno, ninguna corriente política o ideológica y ningún país, reservas naturales incluidas, les ha provocado a norteamericanos, mayores preocupaciones que Venezuela. Por eso, repetimos, su primera tarea fue construir un gigantesco y afinado cerco mediático. Este cerco, por realidades de la vida social, tiene sus limitaciones. Ninguno de los interesados en los Estados Unidos ignora cómo en estos mismos días, ésta a punto de desencadenarse una nueva crisis económica. Pueden tener sobre Venezuela las más exorbitantes pretensiones y el saqueo de su economía ha sido, con toda seguridad, planeado detalladamente desde hace bastante tiempo. Parece necesario tener en cuenta que este país hermano de Nuestra América, es poseedor de inmensas riquezas minerales y petroleras. Los propios Estados Unidos deben considerar que un ataque contra Venezuela y una resistencia firme de parte de su pueblo, haría prácticamente imposible la explotación de sus riquezas, las que van a resultar decisivas en estos momentos, en que está a punto de estallar una nueva crisis económica.

Ese plan se había iniciado desde mucho tiempo antes, porque estaba de por medio el control y la influencia sobre uno de los territorios más decisivos de la geografía mundial: la América del Sur. Por eso se dieron a la tarea de provocar dos golpes de Estado en dos países que son en realidad, dos de esos Estados que, por sus inmensos territorios, podríamos llamar país continente: Argentina y Brasil.

La cancillería de Costa Rica se inmiscuye de manera directa en el plan por aislar a Venezuela

Es así como el actual Canciller de Costa Rica, con la inaceptable autorización del gobierno, nos compromete a todos, en la campaña emprendida contra el gobierno legítimo de Venezuela. Debemos agregar que esta campaña no está dirigida únicamente contra Venezuela sino contra las fuerzas avanzadas de todos los países, incluido el nuestro, donde fuerzas y organizaciones patrióticas y progresistas, mantienen activa la determinación de luchar por cambios sociales urgentes e indispensables.

Sería un error pensar que los ataques van dirigidos exclusivamente contra el gobierno que encabeza el Presidente Nicolás Maduro y las fuerzas que lo acompañan. Esa campaña está orientada en buena medida, a convencer, a persuadir a los más amplios grupos y clases sociales de Nuestra América, Costa Rica incluida, de que todo intento por transformar la sociedad y hacerla más justa y equitativa, por distribuir mejor la riqueza que poseen, que toda determinación por acrecentar los principios de soberanía e independencia frente a las fuerzas imperiales que se encuentran, como dijimos, ante el inicio inminente de una severa crisis, es un intento malévolo de fuerzas enemigas de eso que llaman democracia y que aún no encuentran la forma de definir. Porque si democracia es justicia, pan, trabajo, estudio, vivienda, salud y la satisfacción diaria de las necesidades más urgentes, si democracia es respeto, solidaridad y colaboración entre los pueblos, entonces muy pocos pueblos del mundo podrían tener el honor de ser considerados como países democráticos.

Ahora mismo podríamos iniciar en este pequeño ensayo que ahora escribimos, un examen de las pavorosas condiciones de inhumanidad, desamparo social y pobreza en la que vive buena parte de los 7000 millones de seres humanos que pueblan la tierra. Pero si tomáramos la decisión de escribir algo como eso, sobre la descripción de los dramas que padecen los países del llamado Tercer Mundo, buena parte del Asia, África y América Latina, siendo aún la más dramática e intensa del globo, poco nos diría de nuevo. Habría que empezar por una descripción actualizada de esas mismas circunstancias, pero al interior de los países ricos de la tierra, comenzando por los propios Estados Unidos. Y en ese sentido podemos decir que Venezuela es el primer país del tercer mundo que, poseyendo incalculables riquezas, ha iniciado una auténtica revolución social. Recordemos que Venezuela ha dado tales muestras de espíritu solidario, que no ha dudado en proveer a pueblos hermanos de nuestra América, de recursos indispensables para su sobrevivencia.

Escuchamos, en tono de severa recriminación, a un representante de la extrema derecha nacional, condenar a Venezuela por “despilfarrar” sus propias riquezas, entregándolas a cambio del apoyo político de sus pueblos hermanos del continente. Que hermoso sería si los pueblos ricos de la tierra recurrieran a la solidaridad antes que el saqueo, antes que al intercambio desigual y antes que, a las exigencias propias de las potencias imperiales, cuando fuerzan o les exigen a nuestros países, a que se inclinen, en el terreno internacional, por las grandes economías del mundo. Suponemos que, en estas mismas circunstancias que reseñamos, en que tenemos a un Ministro de Relaciones Exteriores convertido en vocero activo de los Estados Unidos, no sea a cambio de bienes materiales o de las promesas usuales.

Si a todo esto le agregamos que no puede ser comprendida la democracia sin el amor y la solidaridad entre las personas y entre los pueblos, menos aún tenemos derecho a hablar y exigirles democracia a otros, cuando esas son las carencias más intensas y angustiantes entre nosotros mismos.

Desde hace muchos años, los grupos conservadores y retardatarios, la prensa, la radio y la televisión al servicio de los grandes intereses, han presentado siempre a las organizaciones sociales o cívicas progresistas y de izquierda, como grupos peligrosos e incapaces de pensar y actuar en beneficio de los pueblos. Por eso los auténticos socialdemócratas, social cristianos, socialistas o comunistas, son señalados como elementos peligrosos y destructores de los valores humanos. Los hombres y mujeres que, en el transcurso de nuestra historia moderna, desde mediados del siglo XX hasta el día de hoy, hombres y mujeres de la estatura de Calderón Guardia, José Figueres, Benjamín Núñez, el Padre Volio, Manuel Mora, Carlos Luis Fallas, Monseñor Sanabria y muchos otros, siempre fueron, presentados como impulsores de partidos y organizaciones creados para “hacer el mal y destruir la democracia”.

Esto lo han repetido y repetido millones de veces a través de sus medios de comunicación. Sin embargo, la vida demuestra que los grandes cambios en beneficio de las multitudes desamparadas, han sido siempre o casi siempre incluidas las Reformas Sociales en Costa Rica, el CNP, el ICE o la UCR, la Banca Estatal y las principales organizaciones sindicales y cooperativas de Costa Rica– propuestas y creadas por el impulso por las organizaciones progresistas, socialdemócratas, socialcristianas o marxistas, todas impregnadas de un claro espíritu revolucionario. Porque muchas de ella nacieron con la clara intención de defender a los trabajadores, proponer cambios sociales y defender las conquistas sociales alcanzadas por el pueblo durante su historia.

Es por eso que a las izquierdas nos presentaban siempre como grupos peligrosos y antidemocráticos. Es la vieja historia del anticomunismo, según la cual todo acto de rebeldía y de protesta, toda acción contraria a los intereses consagrados por las clases dominantes o por las potencias económicas y hegemónicas de distintos lugares del mundo, constituye una acción conspirativa, destructiva, malévola, orientada acabar con las libertades y los derechos ciudadanos.

En el caso de Costa Rica,, es imposible apartar de nuestra historia la labor patriótica, humanista y justiciera, cumplida por los hombres y las mujeres que integraron, desde el siglo XVIII, organizaciones progresistas y revolucionarias como el Partido Reformista, fundado en los años 20 del siglo pasado por un sacerdote católico, el Padre Volio y luego el Partido Comunista, fundado en1931 por Manuel Mora Valverde, conocido después con el nombre de Partido Vanguardia Popular, todos ellos creados y organizados por la desprendida labor de insignes patriotas. Muchos de ellos, por su absoluto desprendimiento, su fe en la justicia y su incansable trabajo al servicio de Costa Rica y su pueblo, han sido declarados con el honroso título constitucional de Beneméritos de la Patria. Fue en gran medida por ellos, que se hizo posible darles vida a las leyes más determinantes de la primera gran Reforma Social de Costa Rica, desde el Código de Trabajo, hasta la Caja Costarricense de Seguro Social. Fue gracias a los alcances de la visión humanista de aquellos patriotas y revolucionarios, repetimos, de hombres y mujeres como Manuel Mora, Carlos Luis Fallas, Arnoldo Ferreto, Carmen Lira, Eduardo Mora, Luisa González y otros notables dirigentes, hombres y mujeres, que fue posible, fraguar en Costa Rica, una unidad de fuerzas sociales inédita en América Latina.

Debemos recordar que durante la Segunda Guerra Mundial, la Unión Soviética y los Estados Unidos eran aliados en la mayor confrontación militar de la historia. Esa alianza hacía imposible que cobrara vida el “anticomunismo” como el arraigado prejuicio y el enorme negocio que cobra vida una vez concluida la guerra. Decimos imposible, porque la vieja Unión Soviética fue un factor y un ejemplo determinante en la derrota del nazi fascismo. De hecho, las más importantes victorias contra la “bestia parda” como se les llamaba a las huestes hitlerianas, no se habrían logrado sin el valor del Ejército Rojo y la ofrenda humana del pueblo soviético, cuyas víctimas alcanzaron la espantosa cifra de casi 30 millones de muertes.

Poco después de finalizada la guerra el “anticomunismo” cobra carta de ciudadanía en el mundo occidental, incluida América Latina, al ser proclamado e iniciado por Winston Churchill al terminar la Segunda Guerra Mundial. En un discurso pronunciado en los Estados Unidos, Churchill habló por primera vez de “la Cortina de Hierro”.

Pero, aun así, el engaño, la mentira y el desprestigio lanzado sobre los luchadores sociales, que expresan posiciones transformadoras y revolucionarias, no se ha detenido jamás. El “anticomunismo” se inserta en las concepciones ideológicas occidentales, como una visión del mundo cuyo propósito es convertir el socialismo en una visión del mundo que supuestamente traiciona y tergiversa todos los valores y conquistas de la llamada “democracia” con el fin de imponer formas y métodos totalitarios y dictatoriales de organización social y política.

En el transcurso de todo este proceso social, político y económico iniciado en la posguerra, las fuerzas revolucionarias del mundo han cometido centenares de errores y sin duda alguna sobre ellas pesan hechos incalificables e inaceptables. Pero qué sería del mundo sin la organización y la presencia de los hombres y las mujeres que asumen esa compleja y complicada labor de provocar cambios y transformaciones sociales, de asumir con determinación y firmeza que su tarea es llevar adelante revoluciones sociales. Lo importante es saber reconocer y someter a una severa crítica, esas fallas y limitaciones. Y esta es quizás una de las mayores carencias de la política: “la ausencia de la crítica y la autocrítica, sin debilidad ni complacencia”. En decenas de oportunidades nos hemos dejado doblegar por viejos vicios políticos, propios de todas las corrientes sociales: el sectarismo, el dogmatismo, la ambición, la arrogancia, la corrupción e incluso, el desprecio por los intereses y los valores de nuestro pueblo.

Esto ha ocurrido en muchas partes. Cuando hace pocos años sobrevino la caída del campo socialista de Europa del este y el derrumbe del llamado Muro de Berlín, salieron a la luz hechos y acontecimientos que no debieron haber ocurrido en las filas de los luchadores que juraron, por siempre, mantener incólumes sus valores y principios revolucionarios. Y quizás nadie, en los tiempos modernos y en las filas del movimiento revolucionario, encaró de manera más limpia, profunda y comprometida ese sentido de la crítica y la autocrítica, que la Dirección de la Revolución Cubana. Era a tal extremo severa, que en ocasión de un primer viaje a Cuba hace ya muchos años, se preguntó a un compañero que nos atendía, cómo operaba o se manifestaba la oposición en Cuba. Su respuesta fue graciosa y determinante al mismo tiempo: “¡Si, me dijo, aquí la oposición tiene un jefe que no cesa de hablar y criticar! ¿Y quién es ese Jefe?, pregunte sorprendido. Su respuesta fue contundente ¡Ese jefe de la oposición aquí no da tregua, critica y reclama todos los días! y agregó ¡Se llama Fidel Castro!

En este sentido, queremos recordar, como en la Constitución de 1948 promulgada poco después de la Guerra Civil de aquel año, fue introducido un artículo, el 98, según el cual estaba prohibido aquí, en la democrática Costa Rica, la participación política de partidos que manifestaran su determinación de introducir cambios sociales decisivos en la vida nacional de nuestro Estado. En la propia Constitución se las señalaba como fuerzas que “por sus medios de acción… Se proponían destruir la “democracia costarricense”. En ese mismo artículo constitucional, se presumía que los partidos que aspiraban a mayor justicia y libertad para los trabajadores, por expresar una ideología socialista, o simplemente progresista, eran señalados de antemano como peligrosos oponentes y destructores de los principios de la democracia costarricense. Ese artículo se aplicó, por parte del honorable Tribunal Supremo de Elecciones, un sin número de veces.

Sobre este tema de la verdadera democracia, que es parte de la vanagloria de la política nacional, hemos escrito antes. Invocando ese artículo, abolido posteriormente a duras penas, innumerables organizaciones patrióticas y progresistas, por el sólo hecho de estar encabezadas por viejos dirigentes sociales de la izquierda, quedaban total y absolutamente excluidos de los procesos sociales y electorales costarricenses. Claro que el asunto no era “el comunismo”, sino el peligro de que esos partidos progresistas, les estorbaran a los oligarcas, a las compañías bananeras y a otras empresas poderosas y les impidieran hacer y deshacer lo que les viniera en gana, con los derechos de nuestros trabajadores.

Un eminente costarricense, preclaro intelectual, escritor y político de una firme orientación socialdemócrata, miembro prominente del Partido Liberación Nacional, el Lic. Enrique Obregón Valverde, decidió separarse de aquel partido y fundar otro, verdaderamente patriótico y progresista, auténticamente socialdemócrata y así aparece, en 1960, el Partido Acción Democrática Popular. La persecución contra Enrique Obregón y su partido, fue implacable. Recordamos a un individuo que ostentaba el apodo de “Peseta”, que probablemente financiado por fuerzas cercanas a la Embajada de los Estados Unidos, aparecía en la radio y en el primer canal de televisión, fundado en aquellos años, donde acusaba a Enrique Obregón de ser un peligroso agente de Moscú. Y claro, terminaba su intervención televisiva exclamando: “no vote por Obregón”. Ese individuo probablemente gastó en su campaña contra el Lic. Enrique Obregón y el Partido Acción Democrática, más dinero que el desembolsado por los grandes partidos durante aquella campaña. Ese dinero, por supuesto no era suyo, sino aportado por las mismas fuerzas que hoy financian las guarimbas en Venezuela y la campaña mediática contra la Venezuela revolucionaria a nivel mundial.

No tenemos idea de cuánto gastarán, pero sería interesante que alguien hiciera una auditoría del valor que tiene o que tendría la presencia en prensa, radio y televisión, esa interminable, destructiva, malévola y mentirosa campaña contra la Revolución Bolivariana. Diré algo, nada tendría que hiciera un esfuerzo por examinar el fondo de los problemas, las dificultades y los errores en que han incurrido los revolucionarios de ese hermano país. Pero no tienen el menor interés en hacer ningún esfuerzo como no sea el de mantener una presencia mediática, aplastante y brutal, orientada a mentir sin tregua, a confundir y alentar a sectores importantes de la propia Venezuela, a mantener y realizar, actos permanentes de sedición, odio y brutalidad. Esa campaña, pensamos que por primera vez en el mundo, ha llegado al extremo de enaltecer la destrucción de escuelas, almacenes, hospitales y a despertar entre los elementos de las guarimbas (así llaman en Venezuela a los grupos que participan en las revueltas callejeras) un odio de tal naturaleza, que los llevó en varias ocasiones a colocar francotiradores y asesinar a ciudadanos, o lanzarles desde los pisos superiores objetos contundentes que acabaron con la vida de varios, o incluso llegaron a exaltar los ánimos de manera tan perversa, que les permitió quemar vivos a un buen número de ciudadanos que tenían “el aspecto” de chavistas.

Con gran esfuerzo, logramos elegir en aquel entonces como diputado, al notable periodista y honra de las letras nacionales: Julio Suñol Leal. Por cierto, Julio, hoy fallecido, fue años después embajador de Costa Rica en Venezuela.

Aún en medio de las penurias y las privaciones sociales en las que sobrevive más de la quinta parte de la población de Costa Rica, los politiqueros de turno y las fuerzas económicas al servicio de una gigantesca maquinaria corporativa, encargada de la demolición o la disolución del Estado Nacional y sus conquistas sociales históricas, no cesan de utilizar y presumir de los supuestos valores democráticos y las libertades públicas que según ellos engalanan a Costa Rica.

Los gestores e impulsores de esa fraseología, no ignoran para nada, hasta el día de hoy, la acelerada división social de la población costarricense ni las escandalosas fracturas sociales, desocupación, pobreza, desnutrición infantil, carencia de bienes y servicios elementales ni tampoco el deterioro y la desintegración de algunas de las grandes obras sociales forjadas con inmenso esfuerzo por el pueblo y los gobernantes progresistas de nuestra historia.

Pero sobre estos dramas de nuestro pequeño país, sobre los cuales, el actual Canciller no opina y que tampoco se atrevería a discutir en un foro abierto, ordenado y de alto nivel moral, como sería una universidad, sobre estos asuntos que tratamos, ni él ni los grandes medios de comunicación nos dicen media palabra. Tampoco son óbice para que el Canciller actual emprenda, con carencia absoluta de autoridad moral, su encendida campaña para hablar sobre las dificultades y problemas del hermano pueblo de Venezuela y menos aún, juzgar con honradez los extraordinarios esfuerzos de la Revolución Bolivariana por colocar a su Patria como un país socialmente privilegiado de América Latina.

Si estuviéramos detenidos en cualquier punto de la tierra y allí se tuviera la oportunidad de leer los escritos de este representante diplomático de Costa Rica, sin saber quién es ni adonde escribe, sería imposible adivinar que vive aquí, en Centroamérica. Porque si de algo no podemos desentendernos los centroamericanos, es de los intensos dramas humanos, políticos, morales, sociales o laborales que ha padecido y aún padece, incluido nuestro pequeño país, este pequeño espacio mundial, al que Neruda llamó con toda razón, “cintura de los dolores”.

Es de sobra conocido que Nuestra América es el continente más desigual del mundo. No es quizás el más pobre ni aquel donde el hambre, el analfabetismo o la carencia de bienes elementales para la vida se manifiestan de manera más impactante. Es el más desigual si establecemos las diferencias sociales entre los más ricos y los más pobres; hablamos de las diferencias de los ingresos, de la propiedad de la tierra y del reparto de la riqueza que los pueblos producen año tras año. Por obvias razones dejamos para otra oportunidad la tarea de escribir algunas páginas sobre los padecimientos de todo orden, que los pueblos de América Latina hemos sufrido a lo largo de la historia y entre ellos, en primer lugar, las intervenciones políticas y militares de la más grande potencia militar de la historia.

De modo que cuando el señor González escribe lo que escribe y lo proclama desde las más altas tribunas, cuya oportunidad le brinda ser Ministro de Relaciones Exteriores de Costa Rica, no es porque nació en Costa Rica ni porque se ha sensibilizado con los dramas humanos de Nuestra América, sino porque decidió, razones aparte, usar el alto cargo que desempeña para servir los intereses de las grandes potencias que no tienen una brizna de respeto por los esfuerzos y los sacrificios de algunos pueblos, en este caso Venezuela, por superar los dramas y las tragedias sociales que les han impuesto las grandes corporaciones mundiales.

Nuestro pequeño país, Costa Rica se encuentra entre aquellos donde esas diferencias son más agudas e inaceptables. De algunos años para acá, la pobreza crece con mayor velocidad al tiempo que la riqueza se acumula cada vez en menos manos. Pero no podemos señalar a cualquiera de nuestros pueblos, sin la necesaria alusión a sus luchas y combates históricos por el bienestar, la justicia y la igualdad. Ninguno de ellos puede ser mencionado sin hacer referencia a las dramáticas condiciones de vida de sus pueblos, a la explotación de sus habitantes por parte de oligarquías rapaces o a la intervención directa, desembarcos militares incluidos, de las potencias imperiales de nuestro tiempo con los Estados Unidos a la cabeza.

No existe actividad humana que sea más violentamente reprimida y rechazada por las clases pudientes, que la lucha por un reparto más justo y equilibrado de la tierra cultivable, de la riqueza producida como resultado del esfuerzo de la sociedad entera y, sobre todo, por el esfuerzo de los trabajadores manuales e intelectuales. Hemos llegado a tal extremo, que las clases sociales productivas, incluso el pequeño y mediano sector empresarial nacional, se encuentran en un claro peligro de disolución o extinción. Porque el mundo corporativo de nuestro tiempo, tampoco tolera la existencia de clases sociales empresariales y patrióticas, que asuman su papel con la clara conciencia de que están obligadas también a defender los valores e intereses de los pueblos en que están asentadas.

Se publicita intensamente y se nos acusa todos los días, de que las organizaciones progresistas plantean sin reparo la urgente necesidad de hacer desaparecer a los sectores más activos y dinámicos del empresariado nacional local. Podríamos dedicar largos espacios a demostrar cómo y porqué razón algunos de nosotros, como auténticos demócratas y a la vez revolucionarios, pugnamos por asignarles un destacado papel en la producción nacional, en la representación política y en la conducción del país, al empresariado nacional y sus representantes más conspicuos. Pensamos que ese sector de la sociedad al que hemos llamado “empresariado nacional patriótico”, constituye un segmento de la clase capitalista local que tiene un rol decisivo en el desarrollo económico y social de nuestras naciones y, por ende, en las tareas del desarrollo económico y la conducción política de Costa Rica. Puede sonar contradictorio, pero importantes acuerdos políticos y económicos con este sector del capitalismo nacional, le facilitarían al pueblo costarricense algunas de las tareas más complejas en sus planes y acciones concretas sobre el desarrollo nacional.

Sin embargo, observen ustedes amigos y amigas que nos honran con su lectura, como ha sido más bien el capital transnacional y las grandes burguesías del mundo capitalista central y desarrollado, quienes se han encargado de hacer desaparecer a los capitalistas nacionales y despojarlos de su rol productivo y su papel político de dirección. Estos capitalistas locales han sido ubicados en el papel de simples intermediarios o de representantes locales de las corporaciones extranjeras. De este modo, nuestros empresarios locales, nuestra clase capitalista nacional, está hoy dedicada al mero papel de “representante de casas extranjeras”, es decir, que toda su capacidad productiva como industriales, exportadores y comerciantes locales, desarrollada con enormes dificultades en los últimos 50 años, prácticamente ha desaparecido y han pasado a ser promotores y vendedores locales de bienes y servicios producidos en el mundo rico, léase Norteamérica y Europa. Hoy vendemos los bienes y servicios que nacieron con la famosa tesis de la “sustitución de importaciones”, y en cuyas fábricas de propiedad local, se generaban los productos que no hace muchos años, pugnábamos por colocar en el mercado local y en el llamado “Mercado Común Centroamericano”.

No contamos aún con una información consistente y abundante, pero tenemos la impresión de que este proceso que acabamos de describir, en relación con la marginación y casi desaparición del empresariado local, ha sido muchísimo más intensa y agobiante en el caso de Venezuela. La razón es simple. Durante el período rentista, la abundancia de divisas extranjeras les permitía a los comerciantes locales de ese hermano país, proceder a una abultadísima importación de bienes y servicios producidos en el mundo desarrollado y, en primer lugar, en los propios Estados Unidos.

Era proverbial el viaje permanente de los sectores más pudientes de Venezuela y algunos no tan pudientes, que viajaban permanentemente en verdaderas oleadas a los grandes centros mercantiles de los Estados Unidos y principalmente a la Florida. De allí regresaban con sus maletas literalmente atiborradas de los productos que adquirían en los centros comerciales de Miami y otras ciudades estadounidenses. Una expresión proverbial entre los propios venezolanos, definía esa situación: “ta barato dame dos”. Repetimos, no tenemos los datos precisos, pero esto debe haber provocado una sensible contracción de las ventas locales de esos productos, eliminados por esa vía, de la producción industrial local y la distribución mercantil en los centros urbanos de Venezuela.

No hemos tenido, obviamente la oportunidad de presenciar o mirar de cerca algunos de los procesos revolucionarios del continente, que tuvieron lugar incluso antes que las revoluciones socialistas del este de Europa; tal es el caso de la Revolución Mexicana. Pero tuvimos la maravillosa oportunidad, la suerte podrían llamarla algunos, de presenciar en nuestra niñez y juventud, el proceso revolucionario nacional que crea esa Patria que se ha llamado “la Costa Rica Social de Derecho” llevada a cabo gracias a la unidad y la acción de tres de nuestros más grandes reformadores históricos: el Dr. Rafael Ángel Calderón Guardia, Presidente de la República, Monseñor Víctor Sanabria Martínez cabeza de la Iglesia Católica Nacional y el Lic. Manuel Mora Valverde, Secretario General y Fundador del Partido Comunista de Costa Rica.

El aspecto central de su grandiosa obra, fueron El Capítulo Constitucional de las Garantías Sociales, la promulgación del Código de Trabajo, la Fundación de la Caja Costarricense del Seguro Social y la propuesta de fundación de la Universidad de Costa Rica.

Inmediatamente después del gobierno del Dr. Calderón Guardia, continúa como Presidente de la República don Teodoro Picado quien se ve obligado a afrontar la acción militar encabezada por José Figueres y que es conocido en Costa Rica como la revolución del 48. Figueres triunfa militarmente y de inmediato se instala la llamada Junta Fundadora de la Segunda República que, encabezada por Figueres, lleva adelante una obra social notable de consolidación de las garantías sociales y a la vez de modernización del Estado costarricense.

Es necesario señalar, que Figueres fue duramente presionado para terminar con las reformas sociales del gobierno de Calderón Guardia. Pero el viejo José Figueres, lejos de echarlas abajo, más bien las consolida. El mismo Figueres nos contaba en una reunión en su casa del Cerro de Ochomogo, que connotados representantes de la vieja oligarquía, lo visitaban para pedirle la abrogación de las reformas que, según ellos, “hacían imposible el desarrollo del país”. Alegaban también que los derechos laborales y sociales establecidos en el Código del Trabajo, no hacían más que alentar la lucha de clases y frenar la producción.

El dictador de Nicaragua, Anastasio Somoza, los ayudaba y prestaba gozoso el territorio de ese hermano país, para alentar permanentes ataques y acciones militares contra Costa Rica, que no logran sus objetivos. Sin embargo, conflictos y gestos inamistosos de distinta índole, continúan hasta el día de hoy y no tenemos ninguna duda que están orientados a separar, desunir y enemistar a dos pueblos hermanos, de cuya unidad y colaboración fraternal, ambos pueblos derivaríamos enormes beneficios.

El viejo Figueres, al frente de la junta de gobierno, nacionaliza la banca y crea el Sistema Bancario Nacional, funda el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), fortalecer y consolidar como dijimos, las reformas de Calderón Sanabria y Mora, alienta la lucha continental contra las dictaduras militares enseñoreadas a lo largo y ancho de América Latina, consolida reformas de Calderón como el Consejo Nacional de Producción, lleva a la práctica la propuesta de fundación de la Universidad de Costa Rica y es colocado al frente de ella a un eminente patriota e intelectual costarricense, Rodrigo Facio Brenes y proclama la “Abolición del Ejército como Institución Permanente”. Toda esa obra es consolidada y asegurada con la convocatoria a la Asamblea Constituyente de 1948.

Observen pues los amigos costarricenses, como el viejo Figueres convoca a la Asamblea Constituyente de 1948 y coloca allí, para eterna seguridad del pueblo costarricense, la Seguridad Social, las Instituciones Autónomas y La Abolición del Ejército

¿No es entonces legítimo que el pueblo de Venezuela y el Presidente Nicolás Maduro hayan convocado ahora a una nueva Asamblea Nacional Constituyente para consolidar y no dejar en el aire la obra magna de Hugo Chávez y dejarla a expensas de una derecha entreguista y enemiga del pueblo? ¿Qué latinoamericano consciente de estos hechos podría recriminarle al Presidente Maduro su decisión de hacer suyo un ejemplo como el nuestro y darle el soporte político e intelectual a esa magna obra iniciada por el chavismo?

Muchos costarricenses se han dejado influir por la activa y perversa propaganda mundial contra el legítimo e irrenunciable derecho de los venezolanos a consolidar y ampliar las extraordinarias reformas impulsadas en beneficio del pueblo. Esa sagrada obligación de Defender la Patria, se acrecienta aún más cuando se tiene conciencia clara de que Venezuela posee algunas de las riquezas más importantes del mundo y entre ellas, las inmensas reservas petroleras, el oro, el coltan, el agua y otros minerales de incalculable valor.

Mayor es la obligación del gobierno del Presidente Nicolás Maduro, cuando se tiene clarísima conciencia de cómo los intereses imperiales han estado a punto de saltar sobre Venezuela, no para liberarlo de una supuesta “dictadura”, sino para apropiarse, o mejor dicho robarse, riquezas que le pertenecen al pueblo venezolano, este pueblo hermano que hereda de los grandes libertadores con Bolívar a la cabeza, el espíritu de solidaridad y sacrificio que implica contribuir a la libertad y el bienestar de otros pueblos hermanos

¿Tiene entonces algún valor la opinión según la cual el pueblo venezolano no ha tenido derecho a convocar a una Asamblea Nacional Constituyente para consolidar y blindar las reformas de la Constitución Bolivariana impulsadas por el gobierno revolucionario de Hugo Chávez?

Aún si ponemos aparte ese principio universal de “La Autodeterminación de los Pueblos” ¿Tiene o no tiene derecho el pueblo de Venezuela y cualquier otro pueblo, a proteger, por medio de un acto democrático y pacífico, es decir, del voto libre, universal y secreto de su pueblo, la inmensa riqueza que está en la mira de los auténticos ladrones y saqueadores de estados y naciones?

Con la toma del poder por parte de José Figueres en 1948, se inicia la segunda parte de ese proceso de reformas sociales profundas y estructurales realizadas entre los años 40 y 50 del siglo pasado. José Figueres triunfa en la guerra civil de 1948 Es él, Don José Figueres Ferrer, mejor conocido como Don Pepe, quien encabeza lo que hemos llamado “la Primera Modernización del Estado Nacional”. Pone en marcha la nacionalización y creación del Sistema Bancario Nacional, la fundación del ICE, la Constitución del 48 y La Abolición del Ejército como Institución Permanente. Asimismo, mantiene y profundiza las grandes obras sociales de Calderón, Sanabria y Mora.

Luego viene, de 1953 a 1958, el primer mandato constitucional de don José Figueres. Aunque parezca extraño, casi inmediatamente después vienen los mandatos presidenciales del Lic. Mario Echandi Jiménez, de don Francisco Orlich y del profesor José Joaquín Trejos. Dos de ellos, Echandi y Trejos en representación de la oposición conservadora y don Francisco Orlich, del mismo partido que Figueres, el Partido Liberación Nacional, PLN. Aunque parezca extraño y siendo gobiernos de raíz conservadora, no atentaron contra la Reforma Social de los 40 y en algunos casos, la consolidaron.

Inmediatamente después, de 1974 a 1978, gobernó el país el intelectual y abogado, Daniel Oduber Quirós, quien, aprovechando condiciones favorables en los créditos internacionales derivados de los petrodólares, funda una serie de empresas públicas de propiedad estatal a través de un consorcio propiedad del Estado, denominado CODESA (Corporación de Desarrollo S.A.). Mencionar a CODESA, nos coloca ante la obligación de escribir, posteriormente, algunas páginas sobre esta obra magna del Estado costarricense y que fue difícilmente desintegrada y vendida a vil precio y con oscuros negocios detrás de esas ventas, durante el primer gobierno de Oscar Arias Sánchez de 1986 a 1990. Todos estos cambios revolucionarios, provocaron la violenta reacción de los gobiernos norteamericanos, que alentaron y financiaron distintas acciones para echarlas por tierra. Lo más significativo del empeño para destruir el significado y los alcances de las grandes reformas sociales llevadas a cabo por algunos gobernantes y el pueblo costarricense en esos años, de 1940, fueron los actos realizados por el segundo mandato de Oscar Arias.

Fue en ese momento y sobre todo con la edificación de las Naciones Unidas, cuando los estados del mundo se empeñaron en el compromiso por la edificación de un mundo de paz, sin imperios dominantes y prepotentes, por un lado, y por el otro, sin países o gobiernos serviles y subordinados al mandato de las grandes potencias de la tierra.

Este sigue siendo un desafío cotidiano para todos los pueblos de la tierra, pero, sobre todo, para los países pequeños como el nuestro, que actuamos y luchamos en el contexto del patio trasero de la más grande potencia económica y militar de la historia humana. Nuestros héroes de la Primera Independencia, junto a notables estadistas o historiadores de Nuestra América, desde Simón Bolívar hasta José Martí, insistieron hasta el cansancio en los principios de la independencia y la autodeterminación, como fundamentos indispensables para edificar naciones más justas, libres y soberanas.

No negamos el derecho de cualquier hombre en el mundo de simpatizar o adversar los procesos revolucionarios realizados por distintos pueblos en los dos últimos siglos: el que acaba de concluir y este que ahora comienza. Para nosotros está muy claro lo difícil o lo casi imposible que resulta derrotar e incluso reformar en beneficio de los pueblos, el sistema prevaleciente y dominante a lo largo y ancho del mundo, el sistema capitalista de producción. Ningún sistema social a lo largo de la historia ha tenido en sus manos medios e instrumentos, militares, económicos, políticos e ideológicos más potentes y sofisticados, para el ejercicio de su dominio y mando sobre las multitudes humanas y las creaciones de su trabajo y su inteligencia. Tampoco ningún sistema de la historia ha logrado un mayor control, disposición y uso de las riquezas naturales de la tierra.

Las luchas al interior de los pueblos, no se pueden evitar. Pero dichosamente en algunos países de la tierra, esa lucha no se convierte necesariamente en una lucha violenta y sangrienta, aunque a veces resulta inevitable. Fueron los casos de la Primera Independencia realizada solamente gracias a la monumental determinación de los héroes, conductores y libertadores cuyo valor y ejemplo vivirá por siempre.

Eso convierte en algo aún más respetable y admirable el esfuerzo y sacrificio de Cuba, y el portentoso ejemplo de dirección y conducción de Fidel Castro, para construir en el corazón de Nuestra América, un Estado Nacional independiente y un sistema socialista de producción, absolutamente adaptado a sus propias condiciones sociales históricas. Cuba fue y ha sido hasta hoy, víctima de los métodos más encarnizados, implacables y malévolos, para obligar a su pueblo a dar marcha atrás. Pero aún en medio de innombrables dificultades y el infatigable empeño de sus enemigos, la pequeña y a la vez inmensa nación del Caribe, se mantiene enhiesta.

Por eso mismo y con suma preocupación, hemos examinado la serie de declaraciones y pronunciamientos que Usted, Señor Canciller, reiteradamente ha emitido en relación con la República Bolivariana de Venezuela, su gobierno y su pueblo. Además, lo suyo no solamente es una discrepancia sino una tarea activamente desplegada en función de los intereses y planteamientos de aquellos que, por razones explicables, desean impedir que las riquezas de Venezuela, algunas de las cuales están ubicadas en los primeros lugares del mundo, ni le pertenezcan, ni le sirvan a su único y legítimo propietario: el pueblo venezolano.

Es obvio que usted no estará entre aquellos que podrían participar de un reparto monetario de esa cuantiosa riqueza. Por eso este servidor no se cansa de preguntarse ¿Qué conduce a un jefe de la diplomacia de un pequeño país como el nuestro, a servirle tan fielmente a los inmensos intereses económicos de los países imperiales, que se aprestan a saltar sobre el petróleo, el oro, el coltán, el agua y hasta las piedras preciosas que se apretujan en las entrañas del subsuelo bolivariano?

Se trata del COLTÁN, conocido como oro azul, siendo una mezcla de los minerales Columbita y Tantalita, su color es gris metálico oscuro y tiene gran importancia en la fabricación de componentes electrónicos avanzados. El Coltán está considerado como un recurso no renovable altamente estratégico que al igual que los hidrocarburos no abundan en el planeta terrestre.

Como la mayoría de nuestro recurso minero del Estado Bolívar y el Amazonas, el Coltán es extraído ilegalmente, generando un comercio mil millonarios en dólares en el Mercado Negro, donde se vende este estratégico recurso venezolano, que ha desplazado a la República Democrática del Congo donde se hallaban sus mayores reservas minerales.

Pensamos que nadie en el mundo, incluido usted, ignora, que todo lo que usted expresa de ese pueblo hermano de Nuestra América, Venezuela, compromete la conciencia de la inmensa mayoría de los ciudadanos costarricenses. Cuando usted abre la boca, señor Canciller, involucra a Gobierno y a todos los ciudadanos; nos involucra decíamos en una causa que no es precisamente la solidaridad entre nuestros pueblos y que no constituyen ni una causa noble ni digna.

Aun cuando la Constitución y las leyes los autorizan, al Presidente y a su Ministerio, a definir los grandes rasgos de nuestra política internacional, no les está permitido, de ninguna manera, violentar esos principios generales y universales a que hemos hecho referencia: la búsqueda de la paz, el respeto entre las naciones, sin importar su tamaño o su poderío y por ende, el derecho de cada pueblo y de cada Estado, a escoger las decisiones políticas y las instituciones que mejor se avienen a su bienestar y a su historia.

Ambos, el Gobierno y la Cancillería, están obligados a demostrar con hechos fehacientes que están dispuestos a actuar en concordancia con nuestras tradiciones y valores más determinantes, como son la paz, el diálogo y la concordia y, ante todo, el respeto por ese principio que Usted se empeña en eludir y sin el cual no hay convivencia ni paz posible: la libre Autodeterminación de los Pueblos.

Usted no tiene absolutamente ningún derecho a decidir cuándo y en qué momento, una Nación Soberana, en este caso el pueblo hermano de la República Bolivariana de Venezuela, es o no libre de decidir sobre la construcción de su Estado nacional y las políticas que deben regirlo y además sobre los mecanismos para el ejercicio de la solidaridad o el empleo de los recursos que posee, junto a los actos o procedimientos que se derivan de sus leyes o normas constitucionales. Sobre esto volveremos más adelante.

Expresamos con pleno sentido de responsabilidad, que este pequeño documento tiene como su objetivo fundamental, encarar la naturaleza falaz y malintencionada de la mayor parte de sus comunicados y declaraciones en relación con ese hermano país. Con ese propósito vamos a permitirnos examinar, no sólo lo que usted ha escrito, sino los evidentes propósitos intervencionistas de las actividades que por impulso o por iniciativa del gobierno de los Estados Unidos, se han llevado a cabo en el continente y en muchos casos, bajo la cubierta de ese organismo de ingrata memoria conocido como: Organización de Estados Americanos, OEA.

En primer lugar, debemos decir que Venezuela, incluso con independencia de su tipo de gobierno, sí tiene un enemigo jurado en nuestro propio continente. Se trata del gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica. Las razones están hoy más claras que nunca. Desde que fuera perforado el primer pozo petrolero de la historia en los propios Estados Unidos, pasando por las innumerables aventuras e incursiones a lo largo y ancho del mundo, a fin de apropiarse de esa riqueza del subsuelo, el petróleo, este ha sido, en la historia moderna, el recurso sin el cual serían impensables las portentosas hazañas tecnológicas y económicas del capitalismo. Jamás soñaron las tribus precolombinas de Nuestra América, que aquella emanación lustrosa, el mane, con el que alimentaban sus fogatas, se convertiría en la mayor riqueza mineral de la historia humana.

Sobre esa inmensa riqueza se han escrito decena de libros. Hoy por hoy se sabe que la República Bolivariana de Venezuela conserva en sus entrañas y particularmente en la llamada «franja del Orinoco», las mayores reservas de petróleo del mundo. Según fuentes especializadas, esas reservas ascienden a más de 300,000 millones de barriles. Para aquel conglomerado que el escritor norteamericano Samson llamó «las Siete Hermanas», cabeza del temible cártel petrolero, cualquier cosa puede ocurrir, campañas mediáticas mundiales y guerras incluidas, menos que el pueblo venezolano se convierta en el dueño incuestionable de tanta riqueza.

Recordamos de paso, sobre lo que tenemos datos precisos, que esa misma clase social venezolana y archí millonaria, aliada incuestionable de los ejércitos invasores con los que hoy amenaza el presidente Donald Trump, conserva en los mayores bancos norteamericanos y europeos, sumas descomunales de dineros en depósito superiores a los 250,000 millones de dólares. Tenemos informes de que sumas aún mayores salieron en tropel de Venezuela desde el primer triunfo del presidente Hugo Chávez.

A todo esto, hay que agregarle que informaciones científicas ya no tan recientes, colocan a Venezuela como el segundo depósito de oro del mundo y como poseedor de otras incalculables riquezas minerales como el COLTÁN y EL AGUA, sobre las que tendremos oportunidad de escribir próximamente.

Por esta razón leímos con particular atención la declaración que Usted, en nombre del Gobierno y el pueblo de Costa Rica, le enviara a la señora costarricense la Ministra Consejera y encargada de negocios en Caracas, Ana Patricia Villalobos. No es un simple comunicado administrativo. Fue una declaración cuyo propósito era incidir en una campaña orquestada por el Gobierno de los EEUU.

En ese llamado a consultas habría bastado de sobra que le mandara, como su superior, una simple nota interna pidiéndole a la diplomática costarricense que viniera cuanto antes. Habría sido una carta interna entre usted y ella diciéndole, «tenga la bondad de apersonarse cuanto antes porque necesitamos su opinión». Pero no fue así. Usted aprovechó un simple llamado para contribuir a la más gigantesca campaña mediática de los tiempos modernos, contra un país hermano de América Latina. Así se inició su intervención directa en este asunto.

Dichosamente el propio Presidente Solís y otros gobiernos de América Latina, decidieron pronunciarse categóricamente contra esa intervención y usted mismo, a última hora, no tuvo más remedio que sumarse a la condena de una guerra de agresión que sería de espantosas consecuencias para un pueblo hermano y para otros pueblos de Nuestra América.

Aun así, es necesario agregar que muchas de esas declaraciones, si bien tardías, nos han permitido apreciar hasta dónde serían capaces de llegar algunos gobiernos y dirigentes de la extrema derecha continental, que llevan en sus entrañas el odio cerril contra los derechos de los pueblos y cuyo triste destino es continuar el papel de sirvientes de los grandes poderes económicos e imperiales del mundo. Es en esto ejemplarizante lo dicho por el propio Canciller.

«lejos de atender a los legítimos llamados de millones de venezolanos y de la comunidad internacional, por asegurar la plena restauración del orden democrático en Venezuela, el anuncio del 1 de mayo de 2017 (de convocar la constituyente) ‘cercena’ la ya frágil institucionalidad democrática y del Estado de Derecho».

¿Y que constituye entonces el llamado a una elección universal y directa, controlada a través de los más avanzados instrumentos que facilita la tecnología electoral contemporánea, tal como expresó el propio presidente Carter de los Estados Unidos, que definió el sistema electoral venezolano uno de los procedimientos más seguros y democráticos del mundo?

¿Y quién nombró al Canciller Manuel González juez universal de las decisiones electorales de otros pueblos, mientras que, en sus propias narices, aquí en Costa Rica y otros pueblos hermanos donde, sin mencionarlos, maquinarias corruptas se burlan un día sí y otro también de las libertades electorales más elementales, sometiendo a esos pueblos a los peores y más desvergonzados fraudes, violencia y muertes aparte, que se pueden encontrar en el mundo?

¿Por qué el señor Canciller no se preocupa en primer lugar por nuestros propios procesos electorales, sujetos al enorme y desvergonzado fraude que realizan maquinarias electorales hinchadas de dinero y medios de comunicación a su servicio y que como dijera el eminente ciudadano el Lic. Enrique Obregón Valverde, en Costa Rica no hay fraude al emitir el voto porque el fraude lo realizan las grandes maquinarias antes de que la gente asista a los centros de votación?

Esas maquinarias, antes del día de las elecciones, deciden quién será el Presidente y quienes los diputados, esas fuerzas los eligen uno por uno. Esas fuerzas los colocan allí donde pueden ser electos y no permiten, por nada del mundo, que vuelvan a ser elegidos los hombres o las mujeres que estén dispuestos a continuar con la extraordinaria y revolucionaria reforma que produjeron sabios y valientes conductores como el doctor Rafael Ángel Calderón Guardia, como Monseñor Sanabria, como el Lic. Manuel Mora, Carlos Luis Fallas y Carmen Lira; o ciudadanos de la envergadura de José Figueres Ferrer, Benjamín Nuñez o Rodrigo Facio.

Desde el advenimiento de Hugo Chávez se han celebrado en Venezuela más de 20 procesos electorales, de los cuales, solo dos o tres ha ganado la oposición. Y esos triunfos opositores han sido de inmediato reconocidos por la dirección política y electoral de la Revolución Bolivariana. Pero ahora, algunas fuerzas opositoras de la derecha venezolana, le están dando una cachetada a nuestro Canciller y a todos los que montaron esa campaña internacional para denigrar la elección de la Asamblea Constituyente. Estos opositores continuaran reiteradamente participando en cuanto proceso electoral se organice, atenidos a las oportunidades democráticas que garantiza el sistema la Revolución Bolivariana.

Le preguntamos al Canciller González ¿será que están locos estos opositores, algunos de ellos eminentes políticos de la llamada cuarta República y que son, piensen como piensen, gente que sabe mejor que el Canciller que si pueden confiar en los procesos electorales de su país y que las elecciones en Venezuela están de antemano garantizadas?

Costa Rica también lamentó, dijo el Canciller, las «decenas de personas heridas, torturadas, detenidas o bien que han perdido su vida» e instó al Ejecutivo venezolano «a cumplir con todas sus obligaciones internacionales en materia de Derechos Humanos, a excluir la participación de militares y fuerzas armadas de los operativos sobre el manejo de manifestaciones públicas y el uso de armas de fuego».

La preocupación es justa, pero para comenzar, le preguntamos a don Manuel González: «denos Usted señor Canciller la información de que disponga sobre las personas «torturadas» y le damos nuestra palabra de honor que haremos llegar al gobierno venezolano, con la exigencia de que esa denuncia suya sea cabalmente respondida. De igual modo procederemos y lo acompañaremos ante cualquier requerimiento de justicia.

Por ahora le preguntamos ¿Quién provocó e inició esos actos desmedidos de violencia callejera, que los venezolanos llaman «guarimbas»? ¿No vio Usted los impresionantes arsenales de armas caseras y armas de fuego, incluidos fusiles de largo alcance, en manos de los elementos que encabezaban las barricadas callejeras? ¿No sabía usted que esos grupos eran organizados y pagados por las fuerzas que habían apostado por desencadenamiento literal de una guerra civil en Venezuela que justificara la intervención militar externa?

¿No sabía Usted que esas revueltas callejeras fueron planificadas como parte de un proceso que debía provocar violentas y masivas respuestas del ejército venezolano, para exhibirlas ante el mundo y así convertirse en la irrefutable prueba de que el crimen gobernaba a Venezuela?

¿No sabía Usted que la inmensa mayoría de los que encabezaban la revuelta eran pagados y literalmente alimentados por elementos y fuerzas que jamás pusieron un pie allí donde corrían literalmente peligro de muerte? Usted no puede ignorar que esos actos espantosos, cometidos con el claro objetivo de provocar muertes que pudieran ser exhibidas como víctimas, en cualquier país civilizado del mundo hubieran sido objeto de métodos represivos y violentos.

Esos grupos organizados y bien pagados, eran en su inmensa mayoría elementos desclasados, parte del llamado lumpen que pulula sin oficio ni beneficio en las grandes ciudades del continente incluyendo la nuestra. Quienes les pagaban y alentaban en sus sentimientos de odio, estaban, desde un inicio, convencidos de que esas barricadas servirían para crear la falsa imagen de que Venezuela estaba gobernada por la brutalidad y el caos y que todo eso era culpa de los Chavistas. Por eso las guarimbas eran acompañadas de trampas mortales, donde se colocaban entre los postes alambres trenzados que descabezaron a muchos guardias y ciudadanos motorizados, donde incluso, por primera vez en el mundo, quemaron vivas a personas bajo el grito condenatorio de ¡Chavistas, Chavistas! sólo porque manifestaban algún gesto condenatorio, tenían la tez morena o tenían ropas de barriada.

¿Quiénes fueron los que llevaron a esos tumultos, armas caseras que al dispararse herían o mataban a sus portadores? ¿Quiénes accionaron centenares de bombas molotov con los que incendiaban automóviles o personas que trataban de burlar las barricadas, los que atacaron e incendiaron oficinas públicas, incluidas escuelas y hospitales con el único propósito de crear un ambiente de caos? En esas «guarimbas» se realizaron verdaderos actos de barbarie aparte del atroz resultado de decenas de muertos que, por supuesto, le eran de inmediato imputados al gobierno.

¿Hubo muertos provocados por fuerzas gubernamentales? Por supuesto que sí y los responsables han sido imputados y procesados de inmediato. Para los que con toda razón duden de todo esto que decimos, La Asamblea Constituyente, esa misma a la que Usted vehementemente se oponía, Sr. Canciller, ha instalado una Comisión de la Verdad encargada de esclarecer todos los hechos muchos de quienes nos leen y ojalá Usted mismo Sr Canciller, tenga la sensibilidad suficiente para apreciarlo, y se asombrarán del rigor y objetividad con que trabaja esa Comisión. Pero será quizás la primera vez en la historia de América Latina en que se haga un recuento objetivo de las víctimas de la violencia callejera junto a los promotores del odio.

Ya quisieran ver algo parecido en nuestros pueblos hermanos de América Latina, en Chile o sobre los miles de muertos provocados directamente por la intervención del Ejercito de los EEUU en Panamá o sobre los crímenes multitudinarios en Centroamérica, donde una vez concluido, aprobado y firmado el Plan de Paz, en buena hora impulsado por Oscar Arias, miles de asesinados brutalmente por las dictaduras de nuestros países, aún hoy esperan una explicación sobre las causas directas del dolor provocado por los crímenes.

Valga recordar que las decenas de miles de asesinatos en Guatemala o en Honduras o en el Salvador o en Nicaragua, jamás fueron investigados ni tuvieron derecho a un resarcimiento o a una compensación material o moral.

Desgraciadamente muchos de nosotros, que desearíamos tener la oportunidad y las oportunidades suficientes para debatir con profundidad esos problemas cruciales para Costa Rica y otros pueblos del continente, encontramos cerrados la mayor parte de los medios, con muy honrosas excepciones. Se trata de algo tan simple como discutir, con honradez y seriedad, lo que pensamos de lo que ocurre en Costa Rica, en Nuestra América y en otras partes del mundo.

Vimos hace pocos días, una discusión en un programa matutino de canal 13, un debate entre el Embajador de Venezuela, don Jesús Arias y un ex diplomático costarricense el Lic. Barahona. Fue quizás la primera vez en la televisión nacional que se le permite a dos intelectuales debatir sobre Venezuela; fue la primera vez que escuchamos a un hombre con la seriedad y las condiciones del joven embajador venezolano, explicar la verdad sobre lo que ocurre en su Patria: la República Bolivariana de Venezuela.

No omitimos en esta oportunidad, señalar la manera como un auténtico aprendiz de dictador, al estilo costarricense, agazapado, como es usual entre nosotros, ordenó cerrar el medio de comunicación que por 15 años se mantuvo en canal 13: el programa «DIAGNÓSTICO». No pensamos que eso tenga las repercusiones mediáticas que algunos grandes medios internacionales como CNN han creado artificialmente para atacar a la Revolución Bolivariana. Es solamente una oportunidad para mostrar la profunda hipocresía con que se manejan las cosas en Costa Rica. Entretanto, don Manuel, en su condición de Canciller de la República Usted se suma al escándalo mediático mundial contra Venezuela, el más grande de la historia moderna. Pero claro, lo que está de por medio no es el espacio televisivo del que Álvaro Montero fue privado en canal 13, sino volver, ni más ni menos, a entregarles a las Siete Hermanas el petróleo de Venezuela.

Vale la pena señalar que mientras en la inmensa mayoría de los pueblos de Nuestra América los movimientos sociales, asociaciones comunales, grupos campesinos, sindicatos o cooperativas, no disponen de medios propios para hacerse oír y defender su causa, las fuerzas económicas del capital trasnacional y los grupos oligárquicos que Usted quizás sin proponerse defiende, son los amos y señores casi absolutos, de los medios de comunicación.

Entretanto, vaya paradoja, continúan abiertos en Venezuela, porque allí, decenas de medios de comunicación, desde canales de televisión hasta radioemisoras, periódicos nacionales y locales, están en manos de la oposición. Estos medios dicen todos los días lo que les viene en gana sin que nadie los censure ¿Sabía Usted eso? No lo dudo. Pero eso agrava su responsabilidad de sumarse, en nombre del pueblo y el Gobierno de Costa Rica, a esa innoble causa contra Venezuela.

¿Cree usted que los partidos políticos de la oposición venezolana, se atreverían a incursionar en los procesos electorales tal como lo han anunciado, si no tuvieran de antemano la garantía de disponer de medios de comunicación de amplio alcance y, sobre todo, con la seguridad de que no serán sometidos a ninguna forma de censura?

Pero resulta que Usted don Manuel, se ha convertido en un vocero gratuito de la oposición en Venezuela y déjeme agregar, no sin un cierto grado de abatimiento, que Usted como Canciller de la República de Costa Rica, aparece frecuentemente como el vocero de esas fuerzas que hemos mencionado y de cuyos descomunales intereses políticos, o financieros o industriales, los impulsan a echar por tierra un esfuerzo transformador de extraordinarios alcances para el pueblo venezolano y porque no, para un buen número de pueblos y naciones de nuestro continente. Porque usted no ha cesado de atacar a Venezuela y de ser parte activa de una conjura de la que su Ministerio es sólo un modesto eslabón y en la que ni siquiera aparece, por dicha, una clara representación del Poder Ejecutivo de Costa Rica. Porque en otros países del continente como ocurre en el Colombia, Perú, Chile, Argentina, México o Brasil, los presidentes no han tenido el menor escrúpulo en ser parte de un coro que avergüenza los principios de independencia y soberanía alcanzados con auténticos «caudales de dolor» por sus propios pueblos.

Dijo por ejemplo el Canciller: que tal anuncio «aumenta aún más los niveles de tensión social que ha provocado la suma de decenas de personas heridas, torturadas, detenidas o bien, que han perdido su vida».

Una persona puede morir o ser asesinada en una revuelta. Pero la tortura tiene la connotación de una crueldad extrema. La cancillería costarricense dijo en un comunicado que la ministra consejera y encargada de negocios en Caracas, Ana Patricia Villalobos, sería llamada a consultas «para que contribuya a la reflexión emprendida por el Gobierno de Costa Rica sobre lo que acontece en Venezuela».

Con el mayor respeto le solicitamos los documentos o las conclusiones sacadas de esas conversaciones con la representante diplomática de Costa Rica en Venezuela. Porque conociendo su estilo y a sabiendas de que Usted prácticamente ha dicho todo lo que piensa sobre el proceso revolucionario en Venezuela, intuyo que usted no solamente no se ha reunido con la diplomática costarricense, sino que difícilmente sacaría otras conclusiones además de las que ha expresado. Porque si en efecto el gobierno del licenciado Solís Rivera fuera, como él mismo lo anunciara al asumir el cargo, una «casa de cristal», me permito solicitarle todos los pronunciamientos o conclusiones que dentro o fuera de Costa Rica, obren en su poder y que sean relativos al caso de Venezuela.

Nos referiremos ahora, al caso concreto de la convocatoria a la elección de los miembros de una Asamblea Nacional Constituyente, que, por cierto, ya ha iniciado sus labores en ese hermano país. Usted fue uno de los más agresivos opositores a esa convocatoria, a las razones para las que fue convocada y a la forma escogida por el gobierno de Venezuela para llamar al pueblo a las urnas.

El Gobierno costarricense también expresó «su más profunda preocupación por la convocatoria del Gobierno venezolano a una Asamblea Nacional Constituyente, cuyos asambleístas, en lugar de ser electos por medio del sufragio directo, secreto y universal,     serán     seleccionados por sectores sociales y comunidades».

Según el comunicado del Gobierno costarricense, «lejos de atender a los legítimos llamados de millones de venezolanos y de la comunidad internacional, por asegurar la plena restauración del orden democrático en Venezuela, el anuncio del 1 de mayo de 2017 (de convocar la constituyente) ‘cercena’ la ya frágil institucionalidad democrática y del Estado de Derecho».

Costa Rica también lamentó las «decenas de personas heridas, torturadas, detenidas o bien que han perdido su vida» e instó al Ejecutivo venezolano «a cumplir con todas sus obligaciones internacionales en materia de Derechos Humanos, a excluir la participación de militares y fuerzas armadas de los operativos sobre el manejo de manifestaciones públicas y el uso de armas de fuego».

Otras demandas de Costa Rica son «el cumplimiento del cronograma electoral con observación internacional reconocida, la liberación de los políticos presos y el levantamiento de la inhabilitación para ejercer cargos públicos de los opositores al Gobierno».

2017-05-04

«Reiteramos nuestro llamado al Gobierno para que levante el desacato a la Asamblea Nacional, garantizando así la debida separación e independencia de los poderes, la vigencia del Estado de Derecho y el disfrute de todos los derechos y libertades fundamentales  de      los       venezolanos».

El  Gobierno  costarricense  dijo  que  continuará  abogando  por  la  concreción  de un acuerdo nacional con una hoja de ruta verificable que atienda «las profundas crisis que enfrenta Venezuela, como el establecimiento de un canal humanitario».

Por eso lo suyo no es una convocatoria. Es, óigalo bien, una declaración política orientada a sumar al gobierno y al pueblo de Costa Rica, a la mayor campaña mediática de la historia moderna, contra un hermano país del continente. Esta campaña tiene como objetivo, sacar del poder no solo al actual Presidente Nicolás Maduro, sino frenar, a cualquier precio, el esfuerzo transformador y patriótico de la Revolución Bolivariana. Porque Nicolás Maduro fue electo democráticamente y en estricto cumplimiento del orden legal y constitucional de su país y de todas las normas y procedimientos que rigen sus procesos eleccionarios.

En todo caso, la declaración que Usted le envía a nuestra Embajadora a.i., es irrespetuosa, irresponsable e injerencista. Está escrita para sumarse a la campaña que intenta incendiar a Venezuela y está orientada a comprometer al gobierno del Presidente Solís, que ha sido invariablemente respetuoso y prudente en los asuntos que atañen las decisiones de otros pueblos.

Recordamos brevemente, que el Expresidente Carter de los Estados Unidos, dijo que esas normas y procedimientos, es decir, los establecidos en la Constitución Bolivariana, estaban entre los mejores y más seguros del mundo. De modo que su declaración, Señor Ministro, enmascarada en un inocente “llamado a consultas de un Embajador”, parece copiada de los libelos más recalcitrantes de la extrema derecha de ese país y cuyo único propósito es sumarse al plan de deponer al Presidente en funciones.

Deseamos recordarle, para compensar en algo su aparente ignorancia, que el actual Presidente Nicolás Maduro, inició su mandato gracias al riguroso cumplimiento de esas normas y procedimientos que elogió el Presidente Carter. Fue en virtud de normas y procedimientos de idéntica naturaleza, como fue elegido en Costa Rica el Presidente Luis Guillermo Solís ¿Podría alguien, invocando las razones que fuera y sin violar la Constitución, exigirle que se fuera antes de completar su mandato?

En Venezuela como en Bolivia sería posible, exigiendo la aplicación del llamado Referéndum Revocatorio, sujeto a normas y procedimientos incluidos en la Constitución Bolivariana. Cuando un grupo de ciudadanos decide que el Presidente ha fallado en sus deberes y debe irse para la casa. Pero no. La extrema derecha optó como es usual en ella, por el camino más corto como es provocar un golpe en medio del caos.

En este asunto, usted no es interlocutor inocente. Pensamos que Usted conoce bien de lo que hablamos, cuando nos referimos al orden legal y constitucional. Porque prácticamente en todos los países del mundo donde un ciudadano (a) asciende al poder en virtud del voto popular, no hay medio posible de hacerlo dimitir, salvo por otras elecciones previstas en su Constitución, y no porque aparezca un grupo de personas, sin calificar su naturaleza o sus intereses, que grite en las calles, bloqueen las vías de comunicación, provoquen decenas de muertos y heridos e incontables destrozos. Según las normas democráticas, nadie puede deponer al Presidente y enviarlo a su casa, sin antes recurrir a los mismos procesos con todas las garantías democráticas y la plena legitimidad constitucional. ¿También ignora Usted eso?

Sólo existe una forma de explicar el contenido de su carta y es que Usted no es tan ignorante como aparenta, sino que esa carta enviada a nuestra embajada en Venezuela, no tiene el propósito de llamar al país a la Señora Embajadora a.i., sino sumarse a las mismas fuerzas que desde el inicio de la Revolución Bolivariana encabezada por el Comandante Hugo Chávez Frías, han decidido frenar ese proceso

¿quiere pruebas? También intenta Usted comprometer al gobierno, meterlo de cabeza en el intento golpista, mediático, ultraconservador y violento, más intenso de nuestros días ¿y Usted, que espera ganar?

Evidentemente que no podemos, en el breve espacio de esta nota ponerlo a Usted al tanto de los alcances humanos y sociales de la Revolución Bolivariana.

Tampoco podemos invitarlo a discutir en un lugar público o en un medio de comunicación, porque estamos seguros que sus agallas sólo llegan hasta firmar un libelo como el de marras y hacerse pagar ese servicio con alguna notoriedad mediática. Sin embargo, podríamos discutir sobre el esfuerzo extraordinario del movimiento que inició Hugo Chávez, en salud, vivienda y educación, y, sobre todo, en el empeño por devolverle al pueblo venezolano, el mismo de Bolívar, Miranda y Sucre, las incalculables riquezas minerales o sociales, que una oligarquía voraz se apropiaba todos los años, como una cuota superlativa, extraída de la renta petrolera. Hablaríamos de esas sumas que se depositaban año tras año en los bancos de los Estados Unidos. Informes financieros revelados después del ascenso de Hugo Chávez, indican que los ricos de Venezuela tenían en aquellos bancos, una suma cercana a los 400,000 millones de dólares.

Valga decir que algunos de ellos, derivaban sus inmensas fortunas de los medios de producción que poseían: haciendas, industrias o grandes comercios. Pero lo cierto es que en Venezuela existía una vieja tradición en virtud de la cual, el propio Estado alimentaba los ingresos de un sector de personas adineradas por medio de contratos que le permitían trasladar a sectores privados, una parte de la inmensa renta petrolera que recogía del extracción, venta y procesamiento de esa materia prima.

Aunque muchos elementos de este examen se nos quedan para después, debemos examinar pormenorizadamente el funcionamiento en Costa Rica, de este método de enriquecimiento. Los contratos con el Estado y sus instituciones, muchos de los cuales no son examinados de manera concienzuda han sido, durante muchos años, una formidable herramienta para el enriquecimiento rápido de los propietarios de algunas empresas que utilizan este tipo de contratos a fin de obtener cuantiosos beneficios. Debemos agregar, que lo grave no es obtener beneficios de los contratos con el Estado puesto que ningún empresario participaría en esas actividades o licitaciones, sin el incentivo de una ganancia. Lo grave constituye las redes de influencia y la estrecha colaboración y relaciones interesadas que se crean entre ciertos sectores empresariales y el ejercicio del poder político, entre los contratistas que, para mantener esos vínculos activos, se convierten en contribuyentes permanentes y generosos de algunas maquinarias electorales.

Todo esto que señalamos, acrecienta la necesidad y quizás la urgencia, de mantener bajo control los auspicios de aquellos funcionarios encargados de vigilar y eventualmente impulsar procesalmente el examen de esa forma de negocios que generalmente se conoce bajo el nombre de “tráfico de influencias”. Esas influencias no se refieren necesariamente a contratistas locales sino, sobre todo, a algunas corporaciones extranjeras que, a estas alturas del desarrollo mercantil del capitalismo, no necesitan ser, como antes, dueñas directas de grandes medios de producción, como era el caso de las compañías bananeras, aunque tenemos presente las gravísimas consecuencias económicas, laborales y ambientales de las llamadas compañías piñeras. Pensamos que, en estos días, el propósito fundamental del capital trasnacional es el control integral del mercado interno y de las líneas fundamentales del comercio internacional. Ese ejercicio que les asegura un riguroso control del mercado externo e interno de Costa Rica, les evita a estas compañías y corporaciones transnacionales, estar pendientes incluso de los movimientos laborales de los obreros y trabajadores locales ya que esa tarea se la trasladan, directamente, a sus socios y colaboradores locales.

De todos modos, resulta para el capital trasnacional una tarea de primer orden en la aquiescencia y servilismo de los altos funcionarios nacionales, que contribuyen a combatir esas peligrosas orientaciones del latino americanismo y la solidaridad entre los pueblos de Nuestra América. Por eso es tan importante para esas fuerzas que una persona como Usted, Canciller del Estado costarricense, les ayude a combatir los valerosos movimientos cívicos de muchos pueblos que luchan por su definitiva independencia. Y más aún, de pueblos como el venezolano que lleva adelante una profunda revolución social, utilizando para ello los instrumentos de la paz social y el respeto por auténticos principios democráticos.

Grave y peligroso ejemplo el de la República Bolivariana de Venezuela, que está dispuesta a continuar la inacabable tarea de sus libertadores y a darnos a todos la muestra viva, de que las naciones de Nuestra América pueden evitar guerras, ganar la paz y con ella, la propiedad y el control irrestricto de sus riquezas.

De todo esto si estamos seguros, seguros de su completo desconocimiento y el de otros personajes locales con mayor notoriedad que la suya, sobre el momento crucial que vive Nuestra América. No hace falta mencionarlos. Pero están regidos por los mismos intereses y la misma visión retardataria que usted expresa. Tiene una larga carrera profesional y política por delante. Reflexione ahora y desista de colocarse en una posición anti latinoamericana y, sobre todo, al servicio de las fuerzas ajenas que han regido y doblegado por años a nuestros pueblos.

Lo instamos señor Canciller, a no servir esos intereses y a concentrarse en los auténticos valores democráticos costarricenses. Estamos ahora mismo, a las puertas de una nueva campaña electoral y por lo que no dicen, no plantean o simplemente ignoran la mayor parte de los que participan en ella en condición de líderes o conductores, se anuncia ya como una campaña vacía de ideas y planteamientos.

Estamos a sus órdenes. Respetuosamente.

 

San José, noviembre de 24 de 2017

 

Por el Comité de Solidaridad con Venezuela y la Revolución Bolivariana:

Dr. Álvaro Montero Mejía

Gladys Ordoñez

Oscar Boschini

Eduardo Medina

 

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