Mercenarios en oferta

El ataque artero al territorio patrio, no fue su graduación como mercenarios, ya en noviembre de 1960 habían participado como tales en sofocar un levantamiento militar en Puerto Barrios, Guatemala.

Un grupo de oficiales del ejército guatemalteco se levantó en armas y tomó Puerto Barrios y Zacapa. La aviación mercenaria de la Brigada 2506, acantonada en su base, se ofreció y bombardeó posiciones rebeldes en la zona de conflicto. También participaron más de 200 mercenarios cubanos que se entrenaban en ese país.

Este fue el debut de estos soldados de fortuna, quienes cinco meses después fueron vencidos en Cuba por el pueblo uniformado. Tras un proceso negociador que indemnizó, en parte, los daños y perjuicios ocasionados por la invasión, en diciembre de 1962 un poco más de 1 000 mercenarios regresaron a los Estados Unidos.

Dos meses antes, en pleno desarrollo de la Crisis de Octubre, el Presidente John F. Kennedy, aprueba y convoca el alistamiento en el ejército de cubanos radicados en Estados Unidos con el fin de tener un contingente entrenado, armado, altamente motivado y listo para ser utilizado en planes revanchistas para invadir el archipiélago.

Al no producirse la nueva invasión, los cubanos entrenados en diferentes fuertes militares estadounidenses dentro y fuera de su territorio nacional fueron utilizados como mercenarios en los conflictos bélicos que Estados Unidos desarrollaba en esos años. Dentro del contingente de casi 3 000 hombres, fueron seleccionados para ser entrenados en misiones especiales.

La CIA los preparó en Fort Benning, Georgia y tras un año de intenso entrenamiento egresaron, sin ser ciudadanos estadounidenses, con el grado militar de segundos tenientes y estaban aptos para cumplir diversas misiones.

Derivaron en soldados de fortuna para demostrar cómo la contrarrevolución cubana se convirtió en fuente de mercenarismo dentro de los diversos programas de contrainsurgencia aprobados y puestos en práctica en la década de los años 60 por Estados Unidos.

En un memorando de la administración del demócrata John F. Kennedy de 1962, titulado Política Futura Hacia Cuba, se actualizó el Programa de Acción Encubierta contra Cuba, aprobado el 17 de marzo de 1960 por el presidente Dwight D.

Eisenhower, el cual fue el gestor de la fracasada invasión. Este descalabro había tenido un alto costo político para la administración Kennedy. El espíritu revanchista de los derrotados, más las presiones de los emigrados cubanos en Estados Unidos, exigía dar continuidad a la voluntad política, asumida y declarada de intentar, una vez más, derrocar a la Revolución Cubana.

La llamada Operación Mangosta, decisivo intento de derrocar a la Revolución, estaba en franco declive y a punto del fracaso total. El promovido levantamiento insurreccional estimado para el 30 de agosto de 1962, cuando los efectos de esta Operación produjeran los efectos desestabilizadores esperados, se vino abajo, entonces la idea de una nueva invasión militar cobró vigor. Este contingente derrotado tendría una segunda oportunidad, ahora en el ejército estadounidense.

El mencionado memorando ratificaba y dejaba inalterable el propósito norteamericano:

«Nuestro objetivo final con respecto a Cuba permanece siendo el derrocamiento del régimen de Castro y su reemplazo por uno que comparta los objetivos del Mundo Libre. Nuestros objetivos inmediatos son los de debilitar al régimen; frustrar sus intenciones subversivas; reducir más su influencia en el hemisferio…

«Una política de contención, de erosión, de descrédito y de aislamiento del régimen de Castro por medio del ejercicio de todas las presiones diplomáticas, económicas, sicológicas y otras que sean factibles harán que se obtengan esos objetivos inmediatos y podrían crear condiciones propicias en Cuba para ulteriores avances hacia nuestros objetivos finales».

El más ambicioso de los proyectos fue desarrollado en Fort Jackson, Carolina del Sur, cuando en enero de 1963 se inauguró el Programa de Voluntarios Cubanos, que había sido heredado de Fort Knox, Kentucky, donde se inició por orientaciones del alto mando militar estadounidense.

El 2 de enero de 1963 llegó a Fort Jackson el grueso de los cuadros de entrenamiento. Se designó al 1er. Regimiento de Entrenamiento para ejecutar el programa y tres días después fueron recibidos 1 700 cubanos para ser adiestrados.

En los días finales de febrero esta instalación militar se preparó para el ingreso de más de 1 000 reclutas procedentes de la Brigada mercenaria devuelta de Cuba en diciembre. El plan fue modificado para admitir la existencia de experiencia militar previa y el límite de edad fue aumentado de 35 a 50 años. Sin embargo, solo una pequeña fracción de los devueltos, se incorporó y el 19 de marzo de 1963 fue suspendida la nueva admisión de sus miembros.

La llegada de nuevos reclutas, no vinculados a la Brigada, continuó de manera estable hasta principios de abril cuando ya 14 compañías estaban formadas. Después, el crecimiento decayó drásticamente y para el 31 de julio la llegada de cubanos había mermado. Unos 100 de los enrolados optaron por alistarse en la marina y fueron enviados a San Diego, California.

Desde marzo un grupo de 150 mercenarios había comenzado a prepararse en varias especialidades en Fort Benning, Georgia seleccionados por la CIA para sus necesidades y planes del Programa de Contrainsurgencia dirigido por el entonces secretario de Justicia, Robert  Kennedy. Estos tenían como objetivo ubicar a los cubanos para enfrentar a la supuesta amenaza de la Revolución Cubana hacia los gobiernos «democráticos» de América Latina.

En septiembre de 1963, se canceló el adiestramiento que totalizó en 2 700 cubanos en diferentes niveles de capacitación de combate. A finales de ese año el programa era historia, pero la agresión contra Cuba se incrementó.

La retórica iba por un lado y la realidad por otra. Mientras la Unidad Operativa de la CIA en Miami (J. M. WAVE), se fortalecía y las agresiones se incrementaban por mar y aire contra el territorio cubano, el sábado 30 de marzo de 1963 los jefes de los departamentos de Justicia y Estado, dieron a la publicidad la nota de prensa No. 169, donde comunicaban la puesta en marcha de un paquete de medidas sugeridas por el Secretario de Estado, Dean Rusk y aprobadas por el presidente Kennedy en relación con el futuro de las actividades de la contrarrevolución cubana en ese país.

El traidor José Miró Cardona, presidente del llamado Consejo Revolucionario Cubano, esfuerzo unitario de la contrarrevolución, fue informado por Joseph Califano, entonces asistente especial del Secretario de Defensa, que se terminaba el programa de entrenamiento militar de las Unidades cubanas en las distintas bases de entrenamiento estadounidenses.

El martes 30 de abril y 19 de junio de 1963, el Grupo de Trabajo sobre Cuba elaboró una propuesta donde se daba luz verde a la afectación de la economía azucarera cubana, además el presidente Kennedy aprobó intensificar el programa de sabotajes dirigido a cuatro sectores priorizados como: sistema eléctrico, refinerías de petróleo y sus tanques de almacenamiento, el transporte por carretera y ferroviario, así como a las fábricas fundamentales. Esto demuestra cómo en apenas cuatro meses de 1963, el doble rasero estadounidense puso en práctica nuevas agresiones. Invadir tal vez no, pero agredir, sí.

También estos mercenarios participaron como asesores para la represión en países latinoamericanos; en Venezuela formaron parte de estructuras de la policía y servicios especializados donde actuaron y ocuparon cargos elevados en la estructura de dirección.

Entre estos está el criminal Luis Posada Carriles, quien disfruta de total amparo e impunidad en los Estados Unidos y el criminal Félix Rodríguez Mendigutía, quien favoreció el asesinato de Ernesto Guevara de la Serna, hecho en que participó, también, el terrorista de origen cubano Gustavo Villoldo Sampera, otro de los egresados de Fort Benning.

La saga criminal de estos delincuentes entrenados en Estados Unidos es larga y esa historia de agresiones contra el país donde nacieron y en otros permanece indeleble en la memoria nacional donde no hay espacio para el olvido.

[1] Es parte de una investigación en desarrollo por el autor.

 

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Fuente: Granma,
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